La palabra entre el Arte (documento completo)

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Espero que os guste.

La palabra entre el Arte

 

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Un camino del Arte

Una de las cosas más difíciles en esto del Arte y en cualquiera de sus disciplinas, es llegar a ser uno mismo. Encontrarse, encontrar la voz, la técnica, aquello que convertirá lo que hagamos en algo, no solo personal a nuestros ojos, sino identificable con nosotros por quienes lo vean, lo lean o lo toquen.
Pues bien, uno de mis hijos, Roger , el que de momento ha decidido vincularse con el tema gráfico, lleva tiempo persiguiendo ese detalle personal que le separe de lo que hacen otros y le sirva para identificarse y reconocerse.
Hoy presento dos esbozos de una mano, algo que veo extremadamente difícil de dibujar, al menos  para un lego e incompetente para la plástica como yo,.

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Gracias a la magia de los dispositivos actuales me permito compartir  un rápido time_lapse que me mandó con todo el proceso reducido a apenas un par de minutos. En él se puede ver la técnica de líneas que utiliza para dar volumen, sombra y forma. 

 

 

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Diego y la depravación

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Hablé con el doctor Cuixart y, no recuerdo cómo, salió la palabra “depravación” como una cualidad atribuible a mí. Recuerdo muy bien que me miró con sorpresa y me preguntó si realmente me consideraba un ser depravado. Claro, le respondí, mis actos lo confirman, he matado a muchas mujeres…
Él me interrumpió levantando la mano y me dijo que si deseaba saber qué era realmente un depravado podía hablarme de uno de ellos. Yo, apenas le presté atención, pensaba que me hablaría de las locuras y atrocidades cometidas por los nazis o las brutalidades cometidas por cualquiera de los ejércitos que masacran a civiles por el mundo. Pero no, me contó un hecho, que muchos pugnan por hacer desaparecer de la Red por tratarse su protagonista del heredero de una conocida marca de Whisky irlandés.
James Jameson se unió, en 1888, a la expedición que Henry Morton Stanley dirigió por África central. La excusa era llevar suministros a un líder en Sudán, la realidad era que iban a anexionarse más tierras para su colonia del Congo.
En la zona en la que se encontraban: Ribakiba, un puesto comercial en lo más profundo del Congo, existía una población caníbal. Según contaría después Assad Farran, el traductor sudanés que llevaban en la expedición, Jameson, que trataba con un comerciante de esclavos conocido como Tippu Tip, le expresó su interés por ver un acto de canibalismo de primera mano. De resultas de aquella petición, el comerciante de esclavos habló con los jefes de una aldea y compró a una niña de diez años por la que nuestro protagonista pagó seis pañuelos.
Teniendo a la víctima solo faltaba hablar con los caníbales, ofrecérsela y decirles que era un regalo de un hombre blanco que deseaba ver cómo se la comían. «La niña estaba atada a un árbol», diría Farran, «Los nativos afilaron sus cuchillos y uno de ellos la apuñaló dos veces en el vientre». Después Jameson, escribiría en su diario, «Tres hombres corrieron hacia adelante y comenzaron a cortar el cuerpo de la niña; finalmente le cortaron la cabeza y no quedó una partícula, cada hombre se llevó su pieza río abajo para lavarla».
Lo más terrible del caso, concluyó el doctor, es que mientras todo aquello sucedía, el depravado Jameson hizo seis bocetos de la terrible escena: cuando la llevaban para atarla, cuando la evisceraron viva, cuando la descuartizaron y tres dibujos más de caníbales llevándose distintas partes para lavarlas en el río.
Cuando terminó de contarme aquello me miró y me preguntó si yo sería capaz de un acto con ese nivel de crueldad. Lo negué. Yo jamás sería capaz de aquello. Ni la visión de la sangre, ni aquel nivel de sufrimiento gratuito. No. doctor, le dije, solo de pensarlo, de intentar imaginarlo, siento nauseas. Pues eso es la depravación, Diego, sentenció.

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Cuerpos y almas

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De tanto hablar con dios decidí proponerle de quedar los jueves por la mañana y tomar un café en casa. El resto de días los tenemos ocupados y ese día yo lo tenía libre y él pudo retrasar a la tarde su reunión semanal con los mártires. Que, llamadme tiquismiquis, pero si eso del Cielo es “eterno” a qué viene que tengan horarios. Pero no es de eso de lo que quería hablar. Era sobre una duda que me corroe y que necesitaba iluminar de conocimiento. Os cuento.
Tal y como serví el café, el suyo con leche y tres cucharadas de azúcar, le planteé la cuestión tan católica del Cuerpo y el Alma. Él como viene siendo habitual, se quedó como cualquier psiquiatra y me tocó seguir hablando. Es habitual, en el catolicismo —La única religión verdadera, a tenor que lo que me ha tocado vivir, y heredera del cristianismo—, es habitual, digo, hablar de la mortificación del cuerpo para beneficio del Alma. Es normal la creencia de que en el cuerpo reside todo lo malo pero que, al ser el templo del Alma, hay que mantenerlo a raya. El asentía con un gesto de puro orgullo. Es así que sub sectas fundamentalistas como el OPUS utilicen, a día de hoy, barbaridades tales como cilicios y flagelos ¿hasta aquí de acuerdo?
—Claro hijo mío —dijo él ahora incluso perniabierto.
Yo continué, aprovechando que tenía su reunión semanal con los mártires, para recordarle sus barbaridades: fritos, cocidos, flagelados, cortados, descuartizados, golpeados, apedreados, ahogados, crucificados… toda una retahíla de sadismo digna del mejor Tarantino o incluso de Álex de la Iglesia. Me ofreció otra afirmación que acompañó, o a mi al menos me lo pareció, con un movimiento lateral de la lengua asomando apenas por entre el bigote y la barba.
—Vaya pues al meollo de la cuestión —dije.
—Venga entonces ese meollo, muchacho.
—¿Me confirmas que, igual que dicta la santa madre iglesia, lo importante del ser humano no es el cuerpo, sino el alma?
—Por supuesto hijo mío.
—Esa es pues la razón de que se acepten de buen grado las mortificaciones, cuanto más bestias mejor, de los cuerpos en beneficio de las almas.
—Esa es la razón, chaval.
—¿Me puedes decir entonces para qué tenías que llevarte al profeta Elías, a la virgen María y a su hijo, tú mismo en otro de los personajes trinitarios, al cielo en “cuerpo” y Alma; para qué querías los cuerpos, para exponerlos en hornacinas, sobre todo el del profeta; o qué ibas a hacer con ellos, brochetas para una comida con arcángeles?
Llegados a ese punto me pareció que se quedaba sin palabras. Digo me pareció porque se terminó el café de un sorbo y desapareció dejando en la sala un olor a jazmín que casi me hace vomitar. Será que sabe que odio ese olor tanto como a sus sectas religiosas.
Sea como fuere me quedé sin saber qué utilidad pueden tener tres cuerpos humanos allí en cielo. Porque lo que es un Alma, parece ser que pesa poco, pero mantener tres cuerpos de una media de entre cincuenta y setenta quilos en un espacio sin gravedad ha de tener un coste elevado.
Ahora ya nunca lo sabremos.

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Aparece Enrique Pertegás en la novela

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Enrique Peregás (derecha del observador) Valencia 1961

[…]
Llevaban un buen rato repasando las fotografías y comparándolas con el original conocido por todos y usado por Diego como base para uno de sus tétricos retratos. Eran casi idénticos, salvo el rostro de la modelo, algunos detalles de su morfología corporal y la rama que en el original tapaba el pubis de la modelo y en este lo dejaba al descubierto. Mientras observaba la obra, Oscar sentía cada vez más y más admiración. Tanto por aquella como por la que había en la casa del suicida. Cómo era posible que un pintor con aquella frescura en la pincelada fuera alguien desconocido para la mayoría de los mortales, cómo era posible que su obra no estuviera colgada en los museos. Ambas preguntas las respondió Enrique:
—Pues así son las cosas, amigo Óscar. Si preguntas verás que incluso en Valencia, su tierra, apenas nadie conoce a mi abuelo. Y los cuatro gatos que pueden darte alguna referencia de él son por su vinculación con algunos cómics de culto de la década de los 40. Cómics que, para colmo, dibujaba forzado por el ostracismo y las presiones del régimen franquista, el verdadero responsable de haber hecho desaparecer su obra de la vista de la gente.
»Eso, claro, tiene una explicación, mi abuelo era de izquierdas, y para colmo valencianista. Y por si eso fuera poco bagaje, y en su pintura lo puedes ver, rendía culto al desnudo femenino, algo que la obtusa moral nacional católica de este país fue incapaz de aceptar.
—Pero por lo que sé, que no es mucho, lo reconozco, tu abuelo también fue bastante conocido por esa faceta de dibujante de cómic. Y no me refiero a esa época de posguerra en la que parece que trabajaba forzado por la necesidad.
Enrique le preguntó si disponía de tiempo. Ante la afirmación de Óscar, le puso en antecedentes de buena parte de la biografía de su abuelo. Era un buen modo de matar el tiempo mientras rebuscaba entre la documentación intentado encontrar alguna referencia que les llevara hasta ese retrato aparecido en la casa de un suicida.
Hablaba con una pasión no exenta de admiración. Y a medida que Óscar conocía más facetas de la vida del Pertegás, esa admiración se traspasaba del uno al otro en una ósmosis cuya membrana permeable era la sensibilidad por lo artístico y lo puro. Así se enteró de que con 13 años era propuesto como el mejor alumno de la academia de Bellas Artes de San Carlos; que a los 21 obtenía una beca para estudiar con grandes nombres del mundo artístico de la época y que pasaba a formar parte de “València Nova” una asociación valencianista de marcado carácter político que provenía del grupo “Lo Rat Penat” . Después seguirían otros grupos como “Pàtria Nova” y “Joventut Valencianista”. Fue en ese mundo, repleto de actores, soñadores, poetas y escritores donde Enrique encontró su lugar y a una persona fundamental en su carrera: Vicente Miguel Carceller. Otra de las grandes figuras del primer tercio del siglo XX, olvidada a causa de la brutal represión franquista en su intento de reinventar la Historia a su antojo.
Carceller era el exitoso editor de la revista “La Traca”. Un hombre hedonista y transgresor, también valencianista y “blasquista” hasta la médula, que se había hecho millonario creando una editorial de la que salían revistas de bajo precio y distribución multitudinaria destinadas a alfabetizar a las grandes masas que, en esa nueva España, luchaban por salir de la miseria intelectual a la que habían estado sometidas desde tiempo inmemorial.
—Lo que vendrían a ser las novelitas estilo “Pulp Fiction” o las novelas de quiosco que firmaba Marcial Lafuente Estefanía —interrumpió Óscar.
Enrique le corrigió el error. No, respondió, era un semanario satírico ilustrado caracterizado por su temática erótica y anticlerical. Algo más parecido, salvando las distancias, a un “El Jueves”, o “La Codorniz” y alguna otra por el estilo.
Mientras recibía la lección de Historia local contemporánea pudo hojear algún ejemplar de la revista que el nieto de Pertegás le ofreció en medio de la infructuosa búsqueda. Si no recuerdo mal, continuó Enrique, de aquella revista se llegaron a vender unos cinco o seis mil ejemplares semanales. Y en ellas se encontraban viñetas de humor erótico firmadas por un tal “Tramús” , con dibujos de trazo grueso que ofrecían mujeres rotundas de grandes curvas y muslos; y de un tal “Sade” , de trazo más estilizado que ofrecía cuerpos más elegantes.
—Pues tanto el uno como el otro eran mi abuelo —concluyó Enrique.
La charla se fue entremezclando con documentación y fotografías que Enrique le iba presentando. Algún ejemplar de “La Traca” de la época antifranquista de la publicación, previa a la instauración de la dictadura militar del general traidor a la República. En ellas se veía cómo caricaturizaban a Franco vistiéndolo de mujer o encamándolo con un integrante de su guardia mora.
—Así, al terminar la guerra y vencer los golpistas, tanto Vicente Carceller como uno de los dibujantes de la revista fueron condenados a muerte después de un juicio sumarísimo. Y a un tercero, José María Carnicero, le cayeron treinta años de prisión.
—¿Qué pasó con tu abuelo, le condenaron?
—No, él se salvó.
—Tuvo mucha suerte entonces.
—Sí, la verdad, tuvo mucha suerte ¿Quieres que te cuente una leyenda que existió alrededor de aquello?
—Sí, por favor.
—Verás, como te he dicho, mi abuelo firmaba sus aportaciones con los pseudónimos de Tramús y Sade. Pues bien, se decía que a Carceller y a Carlos Gómez los torturaron para que dijeran quien se escondía detrás de esos nombres. Ninguno de ellos habló. Cuentan que a Carceller le hicieron comer un ejemplar entero de su revista, pero ni por esas.
—¿No es cierto entonces que sucedieran así los hechos?
—Qué va. La realidad fue mucho más prosaica. Mi abuelo se salvó por otras razones: una de ellas fue que entre el 1936 y el 38 no participó en la revista, y si lo hizo fue firmando las colaboraciones con pseudónimo. Pero la razón principal para que salvara la vida fue que era amigo de un coronel franquista que intercedió por él junto con otro conocido, falangista de cierta importancia. Todo ello consta en el proceso judicial que debo tener por algún lugar. Espera que busque…
[…]

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Hacia la acacia vacía

En el banco vacío bajo la acacia, el sucio socio sacio saca el saco seco y se asocia con Isa, ahora ociada, que se hace la soca ciando y llevándose el ciborio ceñido de cianea.

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Sacio: Saciado, harto.
Ociar: Dejar el trabajo, darse al ocio
Hacerse el soca: hacerse el tonto.
Ciar: 1 – Andar hacia atrás, retroceder. 2 – Abandonar un empeño o negocio. 3 – Remar hacia atrás.
Ciborio: Copón (antiguo, romano)
Cianea: lapislázuli

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Qué me ha enseñado la vida

Mucho, claro, pero de todo ello hay algunas lecciones que me gustaría compartir.

Que el amor nunca se acaba por más que lo uses, en cambio el odio necesita de tanta energía para retroalimentarse que termina detruyendo a quien lo padece.

Que existen una pocas personas que pueden hacerte crecer como un gigante y otras, muchas, que viven, trabajan y se esfuerzan para hacerte sentir pequeño y miserable. Saber detectarlas solo depende de cómo te aceptes a ti mismo.

Que hoy, un tiempo en el que se le ha puesto precio a todo, es más necesario que nunca saber cuáles son las cosas que tienen valor. 

Que hay criaturas tan pobres que tan solo viven para acumular bienes y dinero; y en cambio las hay tan ricas que te regalan sonrisas sin pedir nada a cambio.

Que no hay más pasado que la experiencia ni más futuro que el ahora. Y es en ese presente que debemos luchar hasta los dientes.

Que la Libertad es un bien tan grande que solo está al alcance de quienes la usan con absoluta responsabilidad.

Que el bien más grande a que puede aspirar una Sociedad se llama “Educación”

Que una cosa es el respeto, algo que se gana trabajando codo con codo con los demás, y otra muy distinta es la autoridad, algo que se gana subyugando a los más débiles.

Que una cosa cosa es la Ley, que no siempre es justa, y otra muy distinta la Justicia, que siempre perseguirá la mayor acuanimidad entre las personas.

Que las palabras tienen tanta fuerza que pueden conseguir cosas inauditas. Y es por ello que la autoridad gusta de acallar todas las voces.

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 Dios es un obseso sexual

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Hablando con dios hace unos días, me dio por tacharle de obseso sexual. Como no podía ser de otro modo se enfadó muchísimo y se lanzó a darme la vara con toda la retahíla de virtudes y demás tonterías que usa para manejar las mentes de los simples, que no la mía.
La cosa es que hemos llegado a un punto en el que yo no creo en él y él casi me deja por imposible. Pero a pesar de nuestras diferencias nos gusta debatir, por más que siempre le pillo en falta. Pero qué queréis que haga si su trabajo a nivel Humanidad es una chapuza sin paliativos.
Pero a lo que iba. Que después de ver mi cara de póker me preguntó que en qué me basaba para decir una blasfemia como aquella. Yo cogí una biblia, se la enseñé, le pedí la enésima confirmación de que lo escrito allí había sido dictado por su mano, me respondió de forma afirmativa y yo le dije que iba a recordarle la clase de historias que cuenta en ella.
Mira, solo para que te hagas una idea, leeremos algunos versículos del capítulo 19 del Génesis contados por ti mismo, como bien has reconocido. Por si no te acuerdas son los sucesos posteriores a la destrucción de Sodoma y Gomorra, de la que tú, en tu infinita bondad, fuiste responsable. Silencio y mirada altiva por su parte. Leo: «Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas. Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia. Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia. Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre».
Él permanecía atento mientras dejaba ir una media sonrisa bobalicona de quien no se siente responsable de sus actos.
—¿Tú tienes idea de lo que representa esta escena? —le dije.
Él me miró sin entender.
—No solo te cargas a los habitantes de dos ciudades, que eso ya tiene delito viniendo de quien “fabricó” al Ser Humano, es que además, a las pocas criaturas que dejaste con vida las corrompes. Inventas el incesto y te quedas tan ancho ¿Qué pretendías? Empeorar a la raza humana con esa mezcla consanguínea que, por cierto, algún día hablaremos de la familia Adán. Lo tuyo no tiene nombre, dios.
Llegados a ese punto empezó a excusarse, como hace siempre, tirando pelotas fuera con que si fue un error de cálculo, que no le apetecía volver a crear a toda la Humanidad, que si ya se encargó él de que la descendencia de Lot tuviera calidad humana…
Le interrumpí. No estaba dispuesto a escuchar otra de sus peroratas sin lógica. Solo tenía ganas de acabar y de que se largara a vigilar las iglesias de las que se apropia sin pagar ni un euro.
—Solo me queda una cosa por decirte.
—Dime, hijo mío.
—Primero, que no soy tu hijo. Ni loco aceptaría un padre bipolar y enfermo como tú. Y segundo que quería reconocerte un increíble milagro en la historia que te he leído.
Se extrañó. Parecía darle vueltas a la escena de la cueva, las muchachas, el viejo… después de un pesado silencio me preguntó cuál fue ese milagro del que le hablaba.
—¡Coño, es evidente, dios! Que Lot, un viejo al que las muchachas han emborrachado, es capaz de tener una erección suficiente como para preñarlas a ambas y con solo veinticuatro horas de diferencia. Eso, nano, es un milagro de la hostia lo mires como lo mires.
No sé como sería, pero después de eso tuve dos gatillazos seguidos. Y deberíais haber visto con qué dos mujeres. Al final resultará que dios existe.

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La Creación por capítulos

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Debido a que a veces dios viene a casa a tocarme las narices, hoy, a las siete de la mañana, me he levantado y he empezado a rezarle. Por joder, más que nada.
Cuando lo tenía despierto, y sin dejarle tomarse el café, le he soltado a bocajarro que a qué venía esa gilipollez de la creación en una semana. Que quede claro que cada uno reza lo que le place. Y he seguido con mi soliloquio. ¿Qué es, dios, que no tenías ni idea de lo que ibas a crear e ibas haciendo pruebas? «Hágase la Luz» ¿Por qué, resulta que el superdios superomnipotente no ve un pijo con la luz apagada? Después empiezas con lo de los cielos y la Tierra. Se ve que tenías que hacer las prácticas con nosotros y después crear el resto del Universo. Imagino que a partir de aquí te hiciste tal lío que se te mezclo tierra con agua y te tocó separarlas. Y viendo la mierda de trabajo fuiste al Ikea de los dioses y compraste artículos decorativos para adecentarla: mamíferos, plantas, peces, y hasta insectos, ¿pero en qué mierda de sección te vendieron unos bichos tan horribles?
Sí, a estas alturas se había nublado todo y casi me estaba dando cagalera. Que dios, cuando se pone, y por incompetente que parezca, saca el genio del antiguo testamento, manda la Bondad a Tel Aviv y te quema Barcelona con toque de trompetas celestiales y chorros de fuego de espadas flamígeras
—¿Qué, te molesta que te hablen así de claro? —Le he dicho.
Un trueno. Pero yo he seguido. Si iba a mandarme al infierno, que fuera con todo el mérito.
Con lo poco que te costaba partir de un proyecto acabado, con buenos planos y un diseño digno de Dios; que solo te hubiera tocado chasquear un dedo omnisciente y ¡Zas! Todo con acabados de lujo. Pero tú no, tú, con la chulería del que se cree mejor que nadie, haciendo el moñas con el barro y la costilla y la hijoputez del árbol, que ahí te pasaste de frenada, que hay que ser malo, que es como hacer un coche con las ruedas débiles y hacer todas las carreteras repletas de clavos, solo por joder.
En ese momento ha comenzado a llover como si el mismo dios vomitara toda su incompetencia. Llegados a ese punto yo, por si las moscas, me he retirado en silencio y me he echado a dormir de nuevo. Todavía truena por la zona costera.

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Una cuestión de elección

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La tuve de nuevo con dios, tanto, que me tocó acabar la charla con el cura párroco de la iglesia de mi barrio.
¡Hombre, Manel, que caro verte por aquí! Me soltó el padre Benito nada más verme. Le conté que siento repelús por las sotanas desde la más tierna infancia, que ni me gustan los toqueteos babosos ni las hostias que me pegaban cuando iba a la escuela. Él ha hecho mutis y ha ido al grano. A qué debemos el honor de tu visita. Le he contado la verdad, que había empezado a rezarle a dios, como hago siempre y que esta vez, a media charla, se ha desconectado y me ha dejado con la palabra en la boca. El cura, hombre de fe contrastada, ha argumentado la imposibilidad de que eso pudiera suceder. Dios siempre escucha a quien le habla, ha sentenciado. Pues a mí me ha dejado con la palabra en la boca, padre, he contrarrestado yo con cierto enfado.
Después de un silencio en el que me pensaba que el anciano echaría a volar en un éxtasis místico me ha mirado a los ojos, me ha puesto la mano en la rodilla que yo, con un sutil golpe con los nudillos, le he forzado a retirar, y ha preguntado sobre qué versaba mi conversación con Dios. Eso ha derivado en el diálogo que intentaré reproducir con la máxima fidelidad que puedo otorgar a mi pobre memoria.
—hablábamos de la trinidad, padre.
—Arduo misterio es ese, hijo mío ¿Y cuáles eran tus dudas?
—En realidad no eran dudas sobre la trinidad en sí, ¿sabe?, eso lo tengo claro porque comprendo la complejidad de dios y sus poderes. Mis dudas eran otras.
—¿Cuáles?, si pueden saberse.
—Pues me corroe una duda con el espíritu santo.
—El maravilloso Espíritu Santo —ha repetido él como sin tocar el suelo—. Continúa, hijo mío.
—Sí, sobre el embarazo de María, la madre de Jesús, Lucas nos cuenta en su capítulo 1, versículo 35, que: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra»…
—Correcto, hijo mío, veo que conoces bien la palabra de Dios.
—Sí, sí, al dedillo. Sigo. Después, para que viera que no me lo tomo a broma, le dije que, también en Lucas, capítulo 3, versículo 22, podía leerse: «y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma.»
—Exacto, exacto. Sigue.
—Pues eso, que según sus propias palabras, atendiendo a que la biblia es su propia palabra, ese espíritu santo viene a los terrícolas en forma de paloma y que esa paloma, de algún modo, es la que embaraza a María ¿Sería correcto?
—Hombre, es un modo burdo de decirlo pero no se aleja de la verdad.
—Esas mismas palabras me ha dicho él antes de enfadarse.
—¿Y qué ha sucedido para que se enfadara del modo que dices?
—Que le he hecho un simple comentario.
—¿Puedes repetírmelo a mí que pueda yo asistirte en tus dudas?
—Pues mire, solo le he dicho que para ser milagroso de verdad y que esa historia tuviera una carga más dramática, el espíritu santo no debería aparecerse a los terrícolas en forma de paloma sino en forma de caballo percherón. Y me mandado a tomarpolculo ¿es eso normal?
Vete a tomarpolculo han sido sus últimas palabras. Está claro que dios y yo no estamos hechos para entendernos.

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Susana y los viejos — Artemisa Gentileschi

LA OBRA

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EL ORIGEN

La pintora Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1593. Fue la primogénita y única hija del pintor toscano Orazio Gentileschi. Y podría ser considerada —al menos por muchos lo es— como una de las primeras feministas reconocidas de la Historia.

En aquella época incontables artistas viajaban a Roma a buscar trabajo, pues era un lugar donde había un gran interés por la pintura, las restauraciones y proyectos artísticos de toda índole.Uno de ellos fue un tal Agostino Tassi, paisajista, que pronto simpatizó con Orazio Gentileschi.

Fue en 1611, cuando Artemisia tenía18 años, que Tassi, aprovechándose de la confianza de la familia, la violó.  Años más tarde la propia Artemisa lo contaría de este modo:

«Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no gritara (…). Yo le arañé el rostro y le tiré del pelo”.

Esta angustiosa experiencia cambiaría la vida de la pintora. No solo en lo relativo a la propia agresión sino en el hecho de que la opinión pública casi nunca se ponía de parte de la víctima. Máxime si esta no había terminado martirizada como sacrificio a dios. Pero Artemisia, siempre apoyada por su padre y tras una dura lucha, consiguió que Agostino Tassi fuera declarado culpable.

¿La condena? tan solo el exilio de la ciudad de Roma. Lo cual nos enseña que los jueces de entonces apenas difieren de los de ahora en cuanto al respeto por la dignidad de las mujeres

 

LA PALABRA

He vivido en mis carnes el profundo asco de ser sometida y profanada por un hombre. Viví el dolor del acto y la vergüenza posterior de haber de demostrarlo. Eso me ha cambiado. Siento un profundo asco por los hombres y un odio sin costuras hacia la mayoría de ellos.

Gracias a mi padre que me creyó desde el principio, y gracias a que acordó mi matrimonio con un hombre bueno que me respeta como persona que no he terminado con mi vida porque he comprendido que por mucha maldad que exista en la mayoría, siempre quedan almas buenas. Por ellas merece la pena la vida. Y por la posibilidad de pintar. Pues es a través de la pintura que encontré la posibilidad de expresar todos mis miedos: a ellos y a mí misma, a través de ella.

Eso sí, mi visión del arte ha cambiado. Mis temas no son los propios de una mujer ni lo es el modo de expresarlos. Pero no sé hacerlo de otro modo. En mis cuadros necesito sangre masculina. Porque es a través de esa sangre falsa que evito derramar sangre cierta. La mayoría no merecerían otra cosa. Pero de ello solo nos damos cuenta las mujeres, las dolientes mujeres, las víctimas débiles de una ciudad en la que prevalece lo masculino por encima de todo lo demás.

Míralos. Solo míralos y te darás cuenta. Si una mujer pasea sola y a la luz del día por cualquier mercado o se detiene en cualquier plaza para refrescarse en su fuente, siempre, de manera invariable, aparecerá un hombre, o varios, y babearán sobre ella, si no le hacen algo peor.

¿Por qué ese desprecio por la mujer, qué sentido tiene destruir la belleza de ese modo, qué moral tan laxa habita en ellos, en todos nosotros, que casi siempre perdonamos al culpable y señalamos a la víctima? ¿Dios nos hizo de este modo? Si eso fuera verdad solo significaría que ese dios es hombre y que nunca estará al servicio de las mujeres. Algo terrible.

Pero poco puede hacer una mujer sola, en mi caso pintar obras que expresen su desdén, su absoluto desprecio y su más intenso odio por todos y cada uno de aquellos que nos hacen mal. Que mi obra sirva para un futuro mejor a las que vendrán luego.

 

BONUS

Susana decapitando a Holofernes

Susana decapitando a Holofernes

 

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