Cartas desde Barbastro, lazo negro -11-

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San Leonardo de Yagüe (sin fecha)

Alma, mi esposa algún día,
Tu carta me deja un regusto amargo. Si bien me colma de felicidad saber que mis palabras son medicina para tu espíritu, me entristece sobremanera el comportamiento de nuestros  vecinos, a los que ya jamás perdonaré.
Cuánta hipocresía hay en el mundo, Alma. Si supieras la de cosas que me han contado en confesión, esos que ahora te marcan con la mirada, y lo buenos cristianos se sienten, o les vieras las caras cuando toman la eucaristía ¡Fariseos! Criaturas desleales que tiran la primera piedra sin mirar la maldad que anida en su interior. Y esta Iglesia, la experta hipócrita que acuñó la frase: “Nisi caste, saltem caute” (si no casto, al menos cauto). Pero no, no quiero convertir la paz que me da tu amor en odio por quien ni eso merece. Prefiero centrarme en ti y en nuestro futuro encuentro.
Me consuela saber que no estás sola, que Manuel te trata con dignidad y que Magdalena ha demostrado ser la más cristiana de todas las mujeres ¿Te das cuenta de que a pesar de no tenernos el uno al otro no estamos solos? Verás porqué.
Dices que envidias a mis compañeros. No lo hagas, porque no los hay del modo que los imaginas. Solo aquel del que te hablé, de nombre Agustín. Él, al igual que yo ahora, está resuelto a abandonar los hábitos y es la única persona que parece estar de mi lado, nuestro lado. Tampoco entiende el celibato. De hecho fue él quien me lo confesó y eso me permitió poder contarle  mis dudas y temores. De ahí que te dijera más arriba que no estábamos solos.
Voy ahora a tu pregunta sobre si marcharía contigo hoy mismo. Mi respuesta sería un sí rotundo, como no podía ser de otro modo. Pero en este instante no tengo libertad de decisión; no ahora, no por el momento ¿Recuerdas que te hablé en una carta anterior que creía que el padre Anselmo había traicionado el secreto de confesión al delatarme al obispo? Siempre pensé que ese tipo de cosas, que había escuchado aquí y allá, eran habladurías dictadas por la venganza, otro de los males que asolan esta triste tierra de Caín, pero ahora confirmo que había más certeza de la que mi inocencia era capaz de ver. En nuestro encuentro intentaré explicártelo mejor.
Alma, tenemos tanta suerte. Adán y Eva solo tuvieron el Edén que les puso su Creador. Nosotros, sin embargo, construimos el nuestro en cualquier lugar que podamos abrazarnos en libertad. Ahora sabemos que ya no volverá el Paraíso de Barbastro, pero tanto da, construiremos otro en la hermosa ciudad de Barcelona.
Yo soy de Barcelona, creo que es algo que nunca había dicho a nadie cercano. Mi familia, gran parte de ella, emigró a esa hermosa ciudad a principios de siglo. Eran tiempos duros en el campo y allí se estaba construyendo la ciudad cosmopolita que es ahora. Yo nací en un barrio humilde que viste la falda de una de sus montañas emblemáticas: Montjuic. Allí pasé mi primera infancia. Pero la guerra cambió las tornas y el hambre que nos atenazó en la posguerra se cebó en las grandes ciudades. La solución que encontraron mis padres fue mandarme de nuevo a sus orígenes y de ahí al seminario. Fíjate en que pocas palabras cabe mi vida entera. Pero la cuestión es otra.
En Barcelona todavía me queda una tía abuela. Una mujer muy mayor ya a la que podría ir a visitar con la excusa de que está sola y algo delicada. Aprovecharía para buscarle alguien que pudiera cuidarla en lo que le quede de vida. Eso me permitiría salir de esta cárcel sin problemas. Conque sé que sólo no me dejarán marchar, me haría acompañar por Agustín que también nos pondría en contacto con grupos cristianos que se han apartado de esta meretriz de Babilonia. Sería un modo de que tú, después de mi partida, la última de todas, tuvieras gente a la que acudir para que te echaran un mano.
El único problema es que organizar todo esto sin despertar sospechas va a llevar más tiempo del que desearíamos. Pero qué prefieres, la tristeza de cualquier rincón donde la prisa y la incertidumbre nos golpeará sin descanso, o la paz de un piso pequeño y humilde que puede ser nuestro hogar durante unos días.
Si pudieras esperar un par de meses podríamos vivir ese hermoso sueño. Te echo tanto de menos. Y si antes tenía el consuelo de la oración, ahora reniego de ella y de todo, y solo estás tú para iluminar la oscuridad de mi alma.
Solo tú, mi vida. Tu mirada, tu calor, Tú.
Dame una respuesta.
Dime que esperarás,
Tu ansioso Ángel

Música aconsejada

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Homenaje a los partisanos y al maquis

Fue escucharla y se me saltaban las lágrimas. Imaginé a todos aquellos hombres y mujeres que se dejaron la vida por darnos la ansiada Libertad a la que hoy renunciamos para no perder esa ínfima cuota de bienestar que nos hace creernos clase media.

¡Cuánta estupidez, cuánta sangre derramada para nada!

When they poured across the border
I was cautioned to surrender,
This I could not do;
I took my gun and vanished.
I have changed my name so often,
Ive lost my wife and children
But I have many friends,
And some of them are with me.
An old woman gave us shelter,
Kept us hidden in the garret,
Then the soldiers came;
She died without a whisper.
There were three of us this morning
Im the only one this evening
But I must go on;
The frontiers are my prison.
Oh, the wind, the wind is blowing,
Through the graves the wind is blowing,
Freedom soon will come;
Then well come from the shadows.Les allemands etaient chez moi,
Ils me dirent, signe toi,
Mais je nai pas peur;
Jai repris mon armes.
Jai change cent fois de nom,
Jai perdu femme et enfants
Mais jai tant damis;
Jai la france entie`re.
Un vieil homme dans un grenier
Pour la nuit nous a cache,
Les allemands lont pris;
Il est mort sans surprise.Oh, the wind, the wind is blowing,
Through the graves the wind is blowing,
Freedom soon will come;
Then well come from the shadows.
Cuando atravesaron la frontera,
fui advertido de que me rindiera.
No podía hacerlo.
Cogí mi pistola y me escapé.
He cambiado tanto de nombre.
He perdido a mi esposa y a mis hijos.
Pero tengo muchos amigos,
algunos de ellos están conmigo.
Un anciana nos dio refugio.
Nos escondió en el desván.
Entonces vinieron los soldados.
Murió sin dar un suspiro.
Éramos tres esta mañana.
Sólo quedo yo por la tarde.
Pero debo continuar.
Las fronteras son mi prisión.
¡Oh! El viento, el viento sopla.
El viento sopla a través de las tumbas.
La libertad llegará pronto.
Entonces saldremos de las sombras.Los alemanes estaban en mi casa.
Me dijeron que me identificara.
Pero no tengo miedo.
Retomaré las armas.
He cambiado cien veces de nombre.
He perdido a mi esposa y a mis hijos.
Pero tengo algunos amigos.
Tengo a Francia entera.
Un anciano, en un granero,
nos escondió por la noche.
Los alemanes lo capturaron.
Murió sin sorpresa alguna.Oh, el viento, el viento sopla.
El viento sopla a través de las tumbas.
La libertad pronto vendrá.
Entonces saldremos de las sombras.

Esta canción de Leonard Cohen es una adaptación de otra que se escribió en 1943, durante la II Guerra Mundial, en Londres; La original se llama “La complainte du partisan” (El romance del partisano), y sus autores fueron Emmanuel D’Astier de la Vigerie (letra) y Anna Marly (música). El autor de la letra fue un partisano de verdad, y actuaba en la resistencia Francesa con el nombre de Bernard. Con lo que no debemos descartar que la historia que cuenta sea su propia historia, incluidas las anécdotas.
Después de la guerra y durante los años 50, la canción se hizo popular, sobre todo en los paises de habla francesa, entre ellos Canadá, que fue donde Leonard Cohen la escuchó siendo joven, ya que se cantaba mucho en los campamentos juveniles a los que solía asistir
Mas tarde la versionó y la hizo famosa en su disco de 1.969 “Songs from a room”. De hecho llegó a eclipsar a la original, tanto que muchísima gente se la atribuye al propio Leonard.

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Cartas desde Barbastro, lazo blanco -10-

barbastro2

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Ainsa, (sin fecha)

Ángel
mi luz
Tu carta está siendo un verdadero antídoto, a los días que no duermo y a las noches que paso en vela, soñándote, como imposible. Hoy por fin vuelve a amanecer y yo a sonreír.
Tu regreso me hace extremadamente feliz. Vuelvo a sentir la misma urgencia por tus manos acariciándome y evoco cada uno de tus besos, esa perfecta cadencia al devorarnos, ese instante en el que el mundo, de puro amor, se detiene para nosotros, al mirarnos más allá de los ojos, al sentirnos dentro en perfecta comunión, al sabernos. Ser y estar, a pesar de las contradicciones y en secreto.
Ángel, la vida, de repente, no está siendo nada fácil aquí. Al menos para mí. Hay vecinos que han dejado de hablarnos, y apenas me relaciono. Las conversaciones con mi abuelo me sanan, y mitigan el dolor. Sé que Manuel me cuida, disimula despreocupación para no agobiarme, pero también sé que está acongojado, intentando suavizar la situación y buscando siempre las palabras precisas que me hagan reflexionar y tomar decisiones con la templanza que debo.
Yo me encuentro, a pesar de todo, excepcionalmente bien. Solo mi alma, es ella quién flaquea, echándote en falta sin descanso, sin cesar. Aleteando por la geografía hasta llegar y poder espiarte desde el cielo, envidiando a los compañeros que pueden verte y escuchar tu voz, imaginándote con la mirada perdida atravesando esas paredes de piedra, orando a tu Dios para que me proteja y me guíe, de algún modo, otra vez, hacía ti.
Y es así al final de cada día, que descubro que podemos soportar mucho más de lo que realmente creemos poder sobrellevar. No hubo más alba ni más ocaso que disfrutar desde que te fuiste. Debes saberlo.
Magdalena siempre me escucha, y suspira. -Ay, Alma, si pudiera enseñare a olvidar tanto dolor… pero no puedo. Es más, no quiero, precisamente porque te quiero. Algún día encontrarás la explicación a todo, ten paciencia y no dudes jamás de ti misma.” Esas cosas me dice, y luego me abraza, y me acaricia la cara, y me siento tan arropada, casi como una niña, y me gusta esa sensación…
Pero la gente de esta tierra no es como ella. Y de sentir asfixia he pasado, en silencio, al ahogo y a sentir por momentos que debía abandonar, y a maldecir, y a intentar odiarte. Y aunque ya sabes que no lo he conseguido, te pido disculpas por mi insensatez, y te pido perdón, amor, porque sé que diciéndotelo te hice daño. Mucho daño.
Releo tu carta, una y otra vez, repaso con las yemas, una a una, cada una de esas letras, como un juego, como cuando dibujabas códigos secretos en mi vientre, y lo besabas, y le hablabas casi en tono de solemne oración, y yo me estremecía como hago ahora…. quién pudiera tener el poder de tocar ahora con ellas tus dedos al escribirme… ojalá que cuando te mires las manos, sientas siempre que te faltan las mías. Ojalá entiendas que siempre te amaré, hasta el frío de la muerte… y más allá, si es que hay algo más allá de veras, como decís.
Necesitaba saber que tu mano no me soltaría al caminar.
Y es ahora que lo sé.
Dime, Ángel, si pudieras, ¿vendrías esta misma noche…?
Ahora sé que sí, y es lo único que me importa.
Y precisamente por eso, puedo compartir contigo la decisión que he tomado. Me voy a Barcelona, amor mío, tengo que irme de aquí, no hallo otro modo de reencontrarme y de respirar, aunque sea sin tu aliento. Tendremos que buscar la manera de vernos, y de seguir escribiéndonos cartas, no me abandones ahora, te necesito más que nunca, tu sosiego y tu templanza, amor, y tu contradicción y tu locura, también la deseo, hasta volverla mía, y mi alma, tuya.

Por supuesto que te esperaré, Ángel, vida mía
Te quiero
amor fugaz
mi serenidad
tu amor mi luna
mi dulce canción de cuna
Alma
como luna
llena.

Pd.: nada deseo más que encontrarme contigo.
Seguiré con cautela las instrucciones que me envíes

Original en el blog Deseos y averías

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Cartas desde Barbastro, lazo negro -10-

convento

San Leonardo de Yagüe  (sin fecha)

Mi pobre Alma,
Pensé que ya no me escribirías, así de negro estaba mi Cielo. Pero he recibido tus palabras, y con ellas he renacido.
Gracias, desde lo más profundo de mi ser.
¿Sabes?, me gustaría decirte que Soria es hermoso, que San Leonardo de Yagüe es hermoso, que sus gentes son honestas y buenas. Y contarte que Santo Domingo de Silos está cerca y que a veces me acerco a escuchar a sus monjes cantando sus monodias… pero no sería verdad. Lo cierto es que mi vida es una comida insulsa. Un vacío helado entre misas para unas pocas beatas de luto, alguna extremaunción si alguien se nos va y una terrible opresión de cárcel que lo envuelve todo.
Mi querida Alma, yo también leo y releo tus cartas y en cada lectura hago de nuevo el amor contigo. Solo que ahora abrazado a la misma soledad que te acompaña a ti también ¿Recuerdas a Hernández? “…a mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo y exalto la orilla de tu vientre…” Cuan semejantes veo ahora su prisión y la nuestra.
Leo también que me maldices. Debes saber que no es necesario. Porque ni el mismo Diablo podría venir ahora a socavar más mi ánimo, pues siento que la estúpida confusión entre mi amor por ti y mis ceencias, me equipara a él. Me ha costado tanto, Alma, pero he aprendido al fin. El error no está en la fe, ni en la palabra de Cristo. El error es esta Iglesia inmunda y enferma que lo infecta todo. Ahora lo sé y pronto nos podremos defender de ella. Pero necesito —casi no me atrevo a pedírtelo—, que me des tiempo, el único bien que aun nos queda. En estos días sin horas he sabido cosas que aun debo callar pero que pueden unirnos por fin si ambos tenemos paciencia.
No sé que me digo, perdóname, no debo exigirte algo así. Mejor harías en ir echando paletadas de olvido a nuestro paraíso hasta que Ángel no fuera más que un dulce recuerdo de juventud.
Pero si decidieras esperar…
He aprendido, Alma. Aquí, en este presidio sin celdas donde todos me escrutan e indagan hasta mi más leve movimiento, también se escuchan voces que me han traído una luz que no esperaba, y de la que un puedo hablar como te dije antes.
Me duele tanto la tristeza que emana de tus palabras. Me siento tan culpable. Si supieras, desde que estoy aquí, la de veces que me he dicho que debía haber renegado de mi fe. Soy un cobarde que no quiso darse cuenta de que Cristo no habita en sotanas negras sino en las personas. Imagino que en mi cobardía (o ceguera) nunca quise mirar más allá. Ya me estaban bien la liturgia y la oración. Con ellas me sentía pleno.
¡Pleno! Ahora lo digo y casi me sonrío. Nunca me sentí pleno antes de conocerte. Solo era una cáscara llena de doctrina que tú vaciaste para llenarla de amor. Pobre tonto. Solo desde ti he aprendido que el Amor es una substancia que nos nace de dentro para expandirse hacia fuera, y que pregonar lo que no se conoce es tan estéril como predicar en el desierto.
Qué más contarte, que a pesar de cuestionarme los cimientos de mi fe, encuentro momentos que me confirman que Dios me sigue guiando, aunque ese Dios no sea el que conocí antaño. Mira, sino, lo que me sucedió un par de días antes de recibir tu carta: cogí La Biblia. Necesitaba el consuelo de la palabra de Jesús y anduve buscándola en los evangelios. En un momento determinado, sin poder evitarlo, me fui al Cantar de los Cantares y leí.

[…]
Mi amado metió su mano por la abertura, 
y mi corazón se conmovió dentro de mí. 
Yo me levanté para abrir a mi amado  
y mis manos gotearon mirra, 
y mis dedos mirra, que corría 
sobre la manecilla del cerrojo. 
[…]

La mano por la abertura, Alma… y sus manos y dedos goteando mirra sobre la manecilla del cerrojo… me hablabas tú, mujer, eras tú quien me susurraba los versos al oído como si el mismo Cielo supiera que iba a recibir carta tuya. Son momentos tan maravillosos en medio de esta absoluta tristeza que me aferro a ellos como si no fueran a repetirse.
 
Te escribiría hasta convertirme en tinta y diluirme en las hojas, pero sé que hay ojos mirando y debo ser discreto y terminar. Es que sufro por ti, por Manuel y por Magdalena. Creo que vigilan nuestros pasos, por eso debemos ser cautos (mira la Post Data)
Solo me resta una última súplica ¿Accederías a que nos viéramos una vez más antes de que pueda resolver los conflictos que nos envuelven? Deberemos ser más cautos que nunca, pero es necesario encontrar el modo de hacerlo. Y esta vez no podremos contar con nadie. Solo seremos tú, yo y el lugar que escojamos, lejos de Barbastro y de Ainsa.
Perdona esta carta sin rigor ni apenas sentido ni continuidad. Necesitaba vaciarme antes de poder razonar de nuevo.
Disculpa que apenas haya mitigado el dolor de la tuya.
Tuyo, siempre,
Ángel vengador.
 

PD Esa es la razón de que esta carta no te haya llegado de la manera habitual. Tengo la suerte de que un cura joven, muy crítico con la actual Iglesia, ha accedido a ayudarme (no le conté toda la verdad) y la ha mandado como si fuera suya, metida dentro de otro sobre en el que escribió una nota con las instrucciones. La recibió primero Magdalena, que se la ha dado a tu abuelo para que te la entregara. Y tú deberás repetir el mismo periplo si decides responderla. Sobre todo, sigue las instrucciones que te dicte Manuel.

Música recomendada:

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Respuesta a un poema

Respuesta a un poema

Entiendo tanto cuanto escribes…
Pues solo quien conjuga
el verbo amar
en todos sus tiempos,
y solo quien percibe
en la orilla de su cuerpo
el cosquilleo de la Pasión,
podrá entenderte,
Poetisa de aire.

Así somos.

De ahí que abandonemos la Virtud
del ocioso incapaz.
De ahí que arrebatemos el Edén
al mismo Dios
para ser la fruta prohibida
y para comerla y degustarla
en otros.
Hasta renacer entre sonrisas
por tan hermoso pecado.

Así somos.

Y si nos toca llorar,
nos diluiremos en lágrimas.
Pero aderezadas de recuerdos
y endulzadas de lo que fue:
llanto por lo vivido
y no por lo que pudo ser.

–**–

BONUS

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De Bob Dylan a Galdós, pasando por Wagner y los editores Vidal

negritasycursivas

Es muy poco probable que a Leonard Cohen (1934-2016) se le concediera en 2011 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por otra cosa que no fueran sus canciones –aunque debo reconocer que sólo he leído sus novelas Hermosos perdedores y El juego favorito–, del mismo modo que sucedió en 2014 con Raimon (Raimon Pelegro Sanchís, n. 1940), pese a ser autor también de obra en prosa y en verso, cuando recibió el Premi d´Honor de les Lletres Catalanes en 2014. Sin embargo, ninguno de estos casos, ni siquiera proporcionalmente, suscitó la polémica que desencadenó la concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan (Robert Allen Zimmermann, n.1941) «for having created new poetic expressions within the great American song tradition».

espriuraimon Raimon, tocando para el poeta Salvador Espriu.

Es también probable que eso sea debido a la trascendencia internacional del Nobel, que siempre encuentra detractores e…

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Haiku

haiku_cielo-porteno

BONUS

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Jeune femme nue couchée — Gustave Brisgand

La Pintura

Pelirroja lasciva desnuda_Gustave Brisgand

La Palabra

Lo sencillo para un narrador sería hablar de tu mirada usando términos geográficos como pozo o sima, pero me niego, no sé verlos de ese modo. Prefiero imaginar que tras ellos se accede a un espacio abierto y nítido donde construir extraños lugares en los que habitar contigo.
Aunque, si te soy sincero, prefiero centrarme en tu pubis —cúpula maravillosa que cubre el tesoro de tu sexo—, que coincide con el centro absoluto del cuadro. Como si también el pintor supiera que ahí reside el origen y el final de toda ansia, nacimiento y plácida muerte.
De él confluye todo el resto: la infinitud de tus piernas, la redondez de tus pechos, la lujuria de tu boca o esa cabellera que inundará de luz la noche, cuando una luna o una vela se conviertan en su astro.
Imagino la escena: un estudio que da al inmenso patio interior de unos edificios de un París incierto; de entre el olor a fritanga, los sonidos de los cacharros y las voces de las mujeres, asoman las notas de un piano; es Debussy tocando Clair de lune. Veo entonces al pintor enfrentado a tus ojos, a tu cabello y a tu cuerpo rotundo de mujer inaccesible. Lo imagino hablándote desde su concepción de la Belleza cuando, al comienzo, te desglosaba reduciéndote a tus geometrías básicas de circunferencias y triángulos. Lo imagino después, amándote ya aún sin haberte tocado. Lo imagino en la caricia previa de cada pincelada que preparaba la caricia real, esa sí, deseada…
Sea como fuere él ya no está y en cambio tú prevaleces. Y así continuarás por siempre, para ser admirada y amada más allá de mí, de otros y hasta de ti misma.

Bonus

 

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impromptu desde el reflejo del espejo

El sonido

La palabra

Hay momentos que son para la paz. Huir de este futuro incierto y distópico que se nos viene encima y entregarse al presente de cada nota regalada por Arvo Pärt. Es inevitable entonces rememorarte en aquel pasado que compartimos a manos llenas y sin ninguna mesura, ¿recuerdas? Sí, a mi también se me escapa una sonrisa. Y veo de nuevo tu cara mirándome y siento aquel aire cálido de verano que nos envolvía hasta hacernos invisibles a los demás. Así de extraña es la memoria.
Lo que me parece extraño es que te me presentes solo a través de unas pocas obras que, para colmo, no elijo yo, pues son ellas las que te traen a mi lado cuando suenan.
Ésta es una de ellas, aunque tú no la escucharás nunca.
Imagino que tendrá que ver su paz, pues fue paz lo que nos aportamos entonces. Imagino que tendrá que ver el timbre del chelo, que me recuerda a las palabras que nos decíamos iluminados por las velas. O esos arpegios del piano cuyas notas parecen las patitas de mi mano insecto cuando te acariciaban la piel. O esas notas largas que son tu lengua deslizándose como un caracol por mi cuerpo.
Fíjate, cariño, todo podría ser tristeza y sin embargo es luz gracias a la bendita música. La muerte te arrebató de mi lado demasiado pronto, pero tú me regalase la capacidad de sentir eso que llamamos música. Y gracias a ella nunca te irás mi lado.

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La decisión de Alba

  En la novela original Alba Garcés quedó deslavazada y vacía. Lo intenté pero erré en la voz (primera persona) y en vez de un personaje redondo quedó en un personaje plano. Incluso ñoño, me atrevería a decir.
Eso me llevó a concluir que era necesaria la reescritura de su subtrama.
Y no solo eso, gracias a Maria Antonia de Miquel, mi profesora de novela, caí en la cuenta de que una de las subtramas, la relativa a Santos Márquez, podía ser otra novela en sí misma.
Lo que iré publicando formará parte de esa nueva voz de Alba.

[…]
Habían sido once años tirados a la basura. Un primer año de pasión seguido por seis de amor compartido. Después, con un reloj biológico que la avisaba cada mes, tuvieron que pasar tres más mareando la perdiz con frases como con lo bien que estamos así… no tenemos tanta prisa, cariño… ya veremos… no es el momento. Al final, después de una bronca que ella barnizó de ultimátum, él le soltó el mazazo, Lo siento, Alba, pero no estoy preparado para ser padre. No por el momento. Tal vez en unos años, pero ahora no.
Le pedía unos años. Años que Alba ya no podría permitirse ¡No con treinta y ocho! ¡No con aquel cobarde que se atrevía a amenazarla como si fuera el único hombre sobre la Tierra!
Después de aquello todavía hubo de pasar otro año hasta tenerlo todo claro y organizado para decirle, Te dejo Juan, no tiraré un día más con alguien tan egoísta como tú. Ante la cara de estupor de él, ella consumió las fuerzas que le quedaban en salir a la calle con la máxima dignidad y dirigirse con pasos rápidos y resueltos al piso que había alquilado en el barrio de Poble Sec.
Una vez allí se dejó llorar encima toda la rabia, la impotencia, la pena y la tristeza. En una sola tarde y su correspondiente noche, se arrepintió y se reafirmó, se culpó y se perdonó. La mañana siguiente descubrió a una Alba agotada y endurecida, tanto, que podría quebrarse en cualquier momento. Le tocaba rehacerse hasta volverse acero dulce capaz de resistirlo todo de nuevo.
El primer paso era aceptar que el sol seguiría saliendo por el este  y recuperar su autoestima. Cosa que ya había conseguido otra vez. Tenía experiencia en equivocarse con los hombres y ésta no era más que una reiteración del error que representaba la vida en pareja. Cierto que las situaciones habían sido distintas. Pero el resultado era el mismo: Alba sola y hecha polvo.
La gran diferencia entre la primera y la esta se llamaba Tiempo. Porque ahora no tenía tiempo que perder si quería llevar adelante su proyecto como madre. Ni debía huir de nuevo. A lo largo de su vida ya había huido de su padre, de una primera relación sofocante y esta última por la imposibilidad de tener un padre para su hijo. Para qué le habían servido las relaciones con los hombres salvo para desperdiciar la vida, el único bien que atesoraba. Tampoco le quedaba ya corazón qué romper y eso la fortalecía.
[…]

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