Vista mi experiencia editorial y a tenor de lo que escribí en una entrada anterior, cabría pensar que sí. Pero la realidad es otra. Si bien tengo trabajos que no tendrán otra salida que ser autoeditados, pues:
- ¿Qué editorial querría reeditar una primera novela de un autor desconocido? Eso es lo que sucede con la primera parte de la trilogía de Diego: “El ladrón de rostros”. Una vez pasó por una editorial, ya no la desea nadie. Y lo peor de todo es que es un trabajo con muchísima más dignidad literaria (no lo digo yo) que bastantes de las cosas que me encuentro en grandes espacios de venta como esos almacenes ingleses y librerías de renombre. Pero ahí andaba, languideciendo por la culpa de haber sido mal editada.
- ¿Qué editorial publicaría un libro extraño, creado a partir de un podcast y en el que se mezclan charlas de problemáticas sexuales con breves relatos eróticos? Es evidente que no tiene cabida ni en obras eróticas ni en libros de autoayuda ni en manuales sexuales, todo y ser un compendio que incluye cada una de dichas disciplinas.
- ¿Cómo iba a mandar un brevísimo compendio de relatos cortitos, de apenas dos minutos de lectura, que languidecían en casa pero que a mí me gustan mucho? Es más que comprensible que me tocara publicarlo del modo que lo he hecho.
Si tengo estos trabajos, repito, a lo que no vi otra salida, existen otros como los que ando escribiendo en la actualidad:
- De un lado, la segunda parte de “El ladrón de rostros”, cuyo título provisional es “Therese” (en otra entrada os contaré el porqué de ese nombre) Una novela cuyo tema será: La culpa y el perdón. Ahí es nada. Una novela de la que también os iré hablando en otras entradas. Un trabajo en el que recuperaré al antagonista conocido como Diego, el pintor, que incluso encerrado como alguien peligroso mantiene en vilo a Alba. Unas páginas en las que aparecerá Jesús Loperena, un policía jubilado que dedicó su vida a perseguir a alguien que siempre salió impune de todo… hasta aquí os puedo leer.
- De otro lado el compromiso que adquirí con mi madre de que escribiría sobre la vida de la suya, mi abuela. Una novela intimista que, al igual que Therese, también nos hablará de la culpa y el perdón. La historia de una mujer con cuatro hijas y un hijo, viviendo una guerra civil en Barcelona, conociendo el hambre, viviendo el dolor de un marido en la guerra y la inmensa suerte de que sus hijas sobrevivieran a una de las primeras bombas italianas lanzada sobre la barriada de Poble Sec. Una mujer entre dos amores y la culpa por la reacción de una de sus hijas que jamás entendió que los golpes de un borracho no son plato de gusto para quien le amó con locura.
Confieso pues que esas obras sí querría verlas publicadas por una editorial al uso. Por supuesto que desearía vivir de nuevo las correcciones, los maquetados, las peleas por la portada. Claro que desearía que una persona, representante de una editorial con un mínimo de dignidad, viniera a acompañarme en la primera presentación de cada una de ellas si la salud me permite terminarlas… Lo que tengo muy claro es que no me voy a conformar con cualquier cosa. Siquiera voy a ir mendigando detrás de nadie. Eso es así porque mi dignidad como escritor ya sabe qué lugar ocupa y no voy a perder mi tiempo en ir detrás de nadie como un perrito faldero.
No sé qué opinaréis vosotros de mi modo de actuar, me gustaría conocer otros puntos de vista para debatirlos. Pero a mi edad uno anda de vuelta de muchas cosas, ha visto la muerte más de cerca de lo deseable y cuando se lee a sí mismo tiene suficiente objetividad como para discernir qué cosas están bien y cuales merecen un mayor respeto todavía.
Y esto es todo, os emplazo a la siguiente entrada en la que os hablaré un poco del proceso de construcción de “Therese” la segunda parte de “El ladrón de rostros” o, como a mi me gusta llamarle: “La trilogía de Diego”.
Un saludo para todos.
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