Enheduanna, la primera escritora.

El Santuario del Alba

Enheduanna o Enkheduanna fue una «poeta y escritora» acadia, considerada la autora más antigua conocida y una de las primeras mujeres en la historia cuyo nombre se tiene identificación.

Disk_of_Enheduanna Enheduanna es bien conocida por fuentes arqueológicas y textuales. Su existencia como personaje histórico se encuentra bien establecida. Está el disco de alabastro con su nombre y su imagen, obtenido en la excavación de Gipar en Ur, que era la residencia principal de la Sacerdotisa  (Museo University de Filadelfia)

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Chucho y yo (Beethoven, sonata No. 8 en Do menor “Patética”)

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Te llamaré Chucho. Y a pesar de que me mires con esos ojos, la cabeza ladeada y las orejas colgando, no me vas a sacar ni una carantoña. No te quería, ni te necesitaba para nada. Si no estás conforme, ahí está la puerta. La coges y te largas con quien te ha traído. Eso es todo lo que le he dicho al perro que me acaban de traer mis hijos. Te va a hacer mucha compañía, papá, Así te obligarás a salir a la calle, papá, No es bueno que te pases los días solo, papá. Ya veis, toda la retahíla que se le suelta a uno cuando se ha quedado solo y los hijos no quieren que aparezcas por sus casas a tocar los cojones. Porque eso sí, a ninguno se le ha ocurrido decirme: papá, prepárate una bolsa con algo de ropa y vente unos días con nosotros ¿Qué se piensan, que a estas alturas voy a acudir mansamente a que me den cobijo? Como si no fuera capaz de valerme por mí mismo. Como si el hecho de que ella me haya abandonado me convierta en un inválido ¡Una mierda! Ni los necesito ni necesito a este beagle de pura raza, Que es un animal de lo más dócil, papá, No te va a costar nada que se adapte a ti… Mírale, ahí, moviendo el rabo. Como si un animal al que llevamos domesticando hace cuarenta mil años fuera capaz de obligarme a hacer nada que no me apetezca.

Le he puesto algo de agua en un bol y un poco de pienso de un saco que me han traído y lo he encerrado en la galería. No quiero verlo. No necesito verlo. No necesito que me ablande con esos ojazos tristes que estaba poniendo. Necesito mi tiempo, necesito escribir, necesito escuchar música. Necesito a Beethoven. No sé porqué, pero es él quien me ha venido a la cabeza. Tal vez sea porque a ella no le gustaban demasiado sus sonatas para piano. Se me hacen pesadas, me decía. Como si el andante de la Patética no fuera capaz, por sí mismo, de oprimirte el pecho. Como si el allegro del primer movimiento no te hiciera saltar en el asiento. Como si el rondó del tercero no te arrebatara una sonrisa. Pero para gustos, colores, creo que dicen. Antes me tocaba escucharlas cuando ella se iba con los niños y yo me quedaba a solas. Cuánto ha llovido desde entonces. Ahora el equipo de música languidece en el comedor y a mí me basta el portátil, el tubo y los altavoces Bose que me regaló hace tres años. La única cosa visible que mantengo de ella.

De las versiones que conozco de esta sonata las que más me gustan son las interpretadas por Mauricio Pollini y Daniel Baremboim. Sobre todo las de éste último. No sé si serán las mejores, no entiendo demasiado de música, pero me encanta esa serenidad que muestra ante el teclado. Ni un aspaviento, ni una mueca a lo Lang Lang. Ningún guiño al oyente que no sea el sonido que arranca de las teclas como lo haría un alfarero con el barro… y de Beethoven, qué decir del genio alemán. Un adelantado a su tiempo. Un valiente capaz de escribir su música desde la más absoluta libertad. Marcado como estaba por el movimiento Sturm und Drang (tormenta e ímpetu) fue de los primeros en anteponer su arte al gusto de los poderosos. En su música no mandaba el mecenas, mandaba Él. De ahí que sus treinta y dos sonatas para piano hayan sido reconocidas más tarde, cuando el oído humano abandonó algo más su condición servil.

Le he abierto a Chucho. Andaba llorando y rascando la puerta. Qué queréis, todavía me quedan sentimiento. Le voy a dejar aquí conmigo para que se vaya empapando de Ludwig. Vete a saber, igual resulta que me sale un perro melómano. Os dejo. Ya empieza.

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Supermercados Bon Preu i amor por la Cultura

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Esta entrada llega un poco tarde, pero distintos problemas, entre ellos encontrar de nuevo el ticket, me han llevado a posponerla hasta ahora.
Hagamos una analepsis. Estábamos en abril, el día 23, día internacional del Libro. Como sucede de manera habitual, tuve que ir a reponer la intendencia. Eso, que para muchos es bastante simple, a mí me está costando cada día más. Para que me entendáis, la compra de todo lo que sea carne o pescado la realizo en el mercado. Por ese lado no hay problema. Pero cuando he de hacer el resto de acopio me encuentro con que me niego a ir a la hacienda del Don, sus productos son cada día peores. Y como ese la gran mayoría.
Por suerte me abrieron un “BonPreu”, en otras partes “Esclat”, una empresa familiar catalana (y me la pela que me llaméis catalanista) que me ha convencido gratamente: tienen gasolinera con combustible a muy bien precio; sus paradas de embutido, carne y pescado están gestionadas por grandísimas profesionales; lo mismo que el resto de su personal. Y, por supuesto, su marca blanca es de lo más respetable.
De normal acabaría aquí la cosa. Pero entonces os preguntaríais qué leches pinta lo de Sant Jordi y la Cultura con mis problemas personales con la compra de comida. Pues resulta que aquel día, cuando me dieron el ticket de la compra me encontré con lo siguiente:

Mester d’amor (Joan Salvat Papasseit)

Si en saps el pler no estalviïs el bes
que el goig d’amar no comporta mesura.
Deixa’t besar, i tu besa després
que és sempre als llavis que l’amor perdura.
[…]

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Maestro de amor (Joan Salvat Papasseit)

Si conoces el placer no ahorres el beso,
Que la alegría de amar no comporta mesura.
Déjate besar, y besa tú después,
Que es siempre en los labios que el amor perdura.
[…]

 

No me digáis que no es un detalle, que en medio de este páramo de Ignorancia en que se ha convertido España, una pequeña empresa catalana tenga el detalle de compartir los versos del gran poeta del amor sencillo.
Tal vez para otros esto sea solo una estupidez. Y no descarto que la gran mayoría de los que recibieron sus tickets ni siquiera leyeran lo que allí se les regalaba. Pero da igual, el mundo se cambia así, a base de cosas pequeñas; con detalles que nos quiten capitas sucias de Ignorancia para que, con suerte, nos muramos menos tontos.
Gracias familia Font i Fabregó.
Gracias Joan Salvat Papasseit

 

Audición recomendada

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Hablar sin saber. La osadía del ignorante

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A raiz de un suceso en un proyecto en el que andaba con otra persona, ha habido una ruptura. Todo se ha ido al traste y el vínculo se ha roto. Son cosas que pasan.

Y no. No voy a hablar de lo sucedido ni voy a escupir culpas ni a señalar con el dedo. Lo ocurrido solo compete al ámbito privado de dos personas que, por la razón que fuere, no supieron (o no quisieron) resolver su conflicto. Para ser sincero lo único que deseo ahora es tomar distancia y redirigir mis esfuerzos hacia otras playas y nuevos proyectos.

Eso no quita que me sorprenda al leer las cosas que ahora leo sobre dicho suceso. Los comentarios de ciertas criaturas que hablan sin saber, con la osadía que otorga la ignorancia. Criaturas que se atreven a juzgarme, a crear un retrato de mí sin tener ni la más mínima idea de quien soy, pues apenas ni conocen al personaje que se mueve por las redes, alguien que,  evidentemente, apenas se parece a mí.

Imagino que parte de ese retrato puede formarse por estar mezclado con la Rabia. Eso lo entiendo. Siempre que se rompe una relación se transmuta el amor en odio y la dulzura en rabia, a veces incontenible. Pero así sucede. De ahí que sea tan bueno hacer una introspección antes de hacer el ridículo hablando más de la cuenta.

Porque esa rabia es la que lleva a mentir, o a disfrazar los recuerdos, para ser más suave. Y esa rabia transmitida a los que no conocen ni saben, acaba convirtiéndoles en absurdos voceras de estupideces aprendidas de una sola de las partes. Sería bueno que alguien les dijera, pues parecen no conocerlo, que en toda relación, cuando la cuerda se rompe, es porque se la tensó desde ambos lados.

Y casi termino. Me queda decir que puedo entender que el dolor y la rabia lleven a la manipulación y la tergiversación de hechos dentro del ámbito privado, pero lo que considero una bajeza (y me duele usar la palabra) es la mentira pública: atribuirse el nombre de un proyecto, por poner un pequeño ejemplo.

Si hasta ahora pensaba en la posibilidad de una reconciliación, transcurrido un necesario duelo que mitigara los enfados, ahora tengo claro que no, que no va a suceder. Porque  yo sí equivoqué mi elección, habiendo tantas opciones. Y fin del tema.

Lección final necesaria: “In YOUR opinion”

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Cartas desde Barbastro – Lazo negro última

 

Carta a los lectores

 

Apreciado lector,

Esta idea comenzó en el ya lejano 2014 y nació a partir de otra que se produjo en el todavía más lejano 2009. La primera fue el intento de escribir un relato erótico a cuatro manos con una compañera (amiga) de trabajo. Sin desmerecer el esfuerzo, debo reconocer que le faltaba calidad literaria. Entonces ninguno de los dos teníamos suficientes tablas como para producir algo reseñable.

Años después, dándole vueltas a una idea parecida, se me ocurrió. Una falsa realidad en la que yo mismo me encontraba unas cartas escondidas en un viejo escritorio que andaba restaurando.

La idea epistolar era muy atractiva. Si a esa idea le añadía dos personajes potentes: un sacerdote y una feligresa; tenía en mis manos algo con una elevada energía potencial. Y si lo llevaba todo más lejos, usando la misma estratagema que la vez anterior, el resultado podía ser de lo más apetecible.

Estaba claro, buscaría una escritora para repetir el relato a cuatro manos. Fue fácil. Conocía Nieves, una poetisa asturiana que también había escrito relatos eróticos y con la que me unía un vínculo literario muy potente.

Sin pensarlo más le planteé la idea: yo escribiría las cartas del personaje masculino: un sacerdote llamado Ángel de unos cuarenta años de edad y ella los de la feligresa: una joven de apenas veinte años. La otra gracia del juego consistiría en que ninguno de los dos sabríamos, a priori, lo que había escrito el otro. Le ilusionó la idea y nos lanzamos a ello.

A medida que nacían las epístolas me di cuenta de que el padre Ángel crecía ante mí como personaje y con él crecía la historia de los amantes. Lo que debía ser un relato de simple “folleteo pecaminoso” se me convertía en una crisis de fe y en el descubrimiento del amor por parte de quien no lo ha conocido. Y todo ello me llevaba a construir un envoltorio que vestía más y más al personaje…

La historia ha avanzado hasta las trece cartas y sus correspondientes respuestas. Pero ya no da más de sí como tal. Me está exigiendo un paso más como historia y esa es la razón de que el padre Ángel publique la última carta de la serie. Una carta que no es más que el desencadenante de la historia que intentaré llevar a término.

Por esa razón, y por otros problemas que no vienen al caso, doy por cerrada la cooperación que ha habido hasta ahora con la compañera asturiana y retomo el control personal de las “Cartas de Barbastro” Ella podrá usar sus cartas como mejor le convenga y yo las mías. A partir de este momento todo lo relacionado con las “cartas desde Barbastro” pasa a depender de mí como padre de la idea.

EL AUTOR: Manel Artero 

 

Hola Ama, mi estrella,

(Media página de Borrones)

Ésta es la última carta que te escribo. He de decírtelo así, sin pensarlo, de otro modo no podría. No he podido hasta ahora.

Las razones que me llevan a ello son complejas y no puedo contártelas. Solo debes saber que si lo hiciera te comprometería y pondría en riesgo tu seguridad. Así es el giro que han dado nuestras vidas, por las que ahora temo.

 Adjunto con esta carta te llegará un paquete. En él está la mitad de lo que nos contamos en papel. Son todas tus cartas. Si me decido a devolvértelas es porque no quiero que nadie pueda vejarte, conocerte íntimamente y saber de ti a través de ellas. Son tu corazón extendido hacia mí, lo mismo que lo fueron las mías. Son tu desnudez más absoluta. Y esa, solo nos perteneció al Cielo y a mí.

No me escribas, no me preguntes qué pasa ni intentes buscarme porque me van a trasladar no sé a donde. Solo atiende y haz lo que te digo. Esta vez sí.

 En mi empecinamiento por encontrar algo que pudiera permitir que nos amáramos sin renuncias, encontré cosas que mejor hubieran estado escondidas, pues las amenazas que he recibido llegan hasta ti y tu familia. De ahí que tal y como leas estas palabras te marches de donde estés y te escondas hasta que todo haya cambiado.

 No sé si habrá un mañana nuestro. Tampoco puedo garantizar que hay una mañana para mí. Pero esta decisión que tomo es la única que nos garantiza un mañana para ti y los tuyos.

Te ruego que me olvides, que borres todo recuerdo o ilusión que hubieras construido para los dos y que inicies una nueva vida en la que yo no esté.

Te quiere,

Ángel sin futuro.

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Así es el miedo cuando te han hecho daño suficientes veces

Hace unos cinco años tuve una visión: Coger las hermosas fotografías que alguien hacía de los canales de Amsterdam, agregarles la hermosa música —así la sentía entonces— de luís paniagua y en esa comunión incluir frases relativas a la buena administración del Agua, a entender el Agua como un bien escaso y un tesoro que no debíamos dilapidar. La idea estaba hecha y me lancé a construir esa especie de película.
Mientras lo organizaba todo, contacté con el Ayuntamiento para hablar del proyecto y pedir las paredes donde sería reproducido todo ello y que mis conciudadanos pudieran tomar conciencia.
Claro que para poder hacerlo público debía pedir permiso a aquellos de los que tomaba prestados el sonido y la imagen. Por parte de quien tomaba las fotografías no hubo problema, le ilusionaba la idea, entendía el proyecto como un Nosotros. Cuando se lo enseñé a mi admirado luís paniagua sucedió lo mismo. Ilusión, un trabajo común en el que participamos todos, otro Nosotros lleno de buenas intenciones…
Poco tiempo después ese luís paniagua me hacía llegar un proyecto en el que había desaparecido el Nosotros para aparecer solo el Ellos. Proyecto que era identico a mi trabajo (quizás mejor porque él disponía de medios que no estaban a mi alcance): las fotografías del mismo alguien de Amsterdam, su maravillosa música… estaba todo excepto mi nombre, aunque fuera para recordar que fui yo quien tuvo la idea y quien unió a dos criaturas que no se conocían.
Lo que habían sido fotografías maravillosas hechas por alguien respetable pasaron a ser fotos hechas por alguien que me había girado la cara. Quien había sido un músico admirable y persona de gran bondad se convirtió en una criatura egoísta y artera. Lo que había sido una música maravillosa pasó a ser un ruído que era incapaz de escuchar. Ya no hubo proyecto, me sentí incapaz de tener en mis manos cualquier cosa que pudiera relacionarme con esos dos. Me vi obligado a destruir todos los CD’s, a borrar todas las fotografías, chats, correos… mi ciudad tampoco pudo disfrutar de lo hecho. También borré mi creación robada.
Qué queréis que os diga, siempre fui un tipo confiado. Las muchas hostias apenas habían hecho mella hasta llegar a esta que he contado. Esta me dejó con las uñas afiladas y las fauces a punto. Porque no quiero que nadie me robe de nuevo ninguna idea. Sobre todo cuando esa idea tenga un alcance tal que pueda convertirse en algo que compartir. Así es el miedo cuando te han hecho daño suficientes veces.

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Cartas desde Barbastro – Lazo negro 13

San Leonardo de Yagüe (un preinfierno)

Alma,
Yo también te llevo retenida. Aferrada a mí e impregnando todo lo que me rodea. Cómo sino iba a soportar lo que sucede a mi alrededor.

Has de saber que pedí audiencia con el obispo. No podía más y me lancé a ello. Pero no llegué a él, tan solo a uno de sus secuaces (no sé definirlo de otro modo). Me dijo que el obispo no deseaba verme y que le transmitiera a él mis peticiones. Yo le dije que necesitaba que me devolvieran a Barbastro, que si alguna pena hube de purgar, con aquello ya había sido suficiente. No sabes dónde te has metido, ¿verdad?, me dijo, nuestras acciones tienen consecuencias, y las tuyas no han hecho más que empezar. Le dije entonces que colgaba los hábitos, de manera definitiva e irrenunciable, que no estaba dispuesto a soportarlo más. Deberías haber escuchado su voz, el tono de sus palabras: tú te irás cuando dejes de remover la mierda y el obispo lo permita.

Se me heló la sangre, Alma. La misma persona que después se pone ante el altar para hablar de la bondad de Cristo, me habló como lo hubiera hecho el mismo Diablo. Me quedé sin palabras

Por primera vez tengo miedo, no tanto por mí como por todos los que estáis a mi lado. No deseaba contártelo, para qué hacerte pasar un mal trago que tampoco podrías paliar. Veras, llevo dos días en cama, Alma. Por suerte el bueno dell padre Agustín me cuida, el resto me tratan como si fuera un apestado. Y no, no es porque esté enfermo, es porque me dieron una paliza, en plena calle y a los ojos de todos. Nadie sabe quienes fueron, pero yo sí, aunque deba callármelo. Son secuaces del obispo, gente criminal que en estos tiempos convulsos, ahora que ha muerto el general, tienen patente de corso para actuar a su antojo. Gente que, mientras me golpeaba sin piedad, me decían que olvidara todo y que volviera al redil de los siervos devotos del obispo..

Pero no pienso arredrarme, amor. Volveré contigo, así reviente el mundo y bajen los ángeles. Hasta a ellos me enfrentaré si es necesario, para defender el sentimiento que nos prodigamos. Si existe Dios, entenderá que necesite atar mi piel a la tuya hasta el fin de los días.

¿Sabes que pensaba el otro día? Te recordaba en nuestro último encuentro, cuando saliste del baño, envuelta en la toalla. Te pusiste frente a mí mientras yo, echado en la cama, te miraba. Mira, esto es lo que llenó mi mente por unos instantes: tú buscando tu ropa… tú avergonzada (como si ya la vergüenza todavía sirviera de algo)… tú poniéndote las bragas con el mayor recato, sin apenas subir la toalla más allá de lo necesario… tú despojándote de ella, después, y lanzándola al aire… y tus pechos, ellos sí, mostrándome sin recato las rosas que los colman. Y vistiéndote mientras me sonreías y preguntabas porqué te miraba de aquél modo. Cómo iba a mirarte si eres tan hermosa.

Fue tan hermoso revivir esa escena. Incluso trascendió al placer que me produjo su recuerdo.

No podrán con nosotros. Te lo juro Alma. He averiguado que vienen tiempos nuevos. Sé, por fuentes fiables, que la España de la Cruz ha de cambiar a otra sin espinas. No puedo contarte mucho, pero debo ponerme en contacto con personas importantes de partidos políticos, todavía en el exilio, que están dispuestas a escuchar lo que sé para tomar medidas en un futuro próximo.

No te imaginas la fuerza que eso me da. Saber que existen puertas a las que llamar y personas dispuestas a escucharme. Eso, nuestro amor y la inminente posibilidad de un futuro sin más atadura que la de crecer juntos como seres libres.

Cuento los días y te rememoro, como decía el poeta: “entre solitarias lunas de deseo”

Tuyo,

Ángel Capaz.

Audición recomendada

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Patapoema cronopiopiano (gracias Julio)

Ayer estaba con mis nietos y a mi nieta le dio por improvisar un poema —mi nieta tiene cinco años, por si alguien no lo sabía—. La cuestión es que me enzarcé con ella y empezamos a crear una estrofa cada uno. Aquello era realmente bueno. No podía dejar que quedara en el olvido de una improvisación puntual. Así que le pedí que parara para anotar lo que decíamos. Ese fue mi error.
Cuando ya estaba hoja en mano y bolígrafo en la otra, pareció que se rompía la magia, aun y así, y con la participación de mi nieto —su hermano mayor—, creamos un embrión de poema que continuará en otro momento.

PATAPOEMA – PROTOESBOZO

Yaca chiqui chaca.
Chucu lucu lanca.
Amia sidé prejó.

*-*-*

BONUS

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Cartas desde Barbastro — Lazo negro 12

Infernal San Leonardo de Yagüe

 Añorada Alma,

Con que poca cosa nos conformamos a veces. El hecho de poner tu nueva dirección en un sobre ya me parece una bocanada de aire limpio que antes me faltaba. Y saberte alejada de Ainsa y de Magdalena (a la que Dios perdone) y de todos los fariseos que la pueblan. El único que me preocupa es Manuel, las cosas que he averiguado le atañen de manera directa y no sé si debería contárselas. Pero claro, eso a ti, a tu juventud y a tu futuro apenas os atañen. Por eso será mejor que no embrutezca la carta con pensamientos oscuros cuando debería mandarle luz y alegría. Las cosas que he sabido de la guerra, de nuestro pueblo, de algunos de nuestros vecinos. Qué baño de sangre derramada por nada (así en el original). Ya ves que me cuesta mucho, Alma. Hoy me es casi imposible. Será mejor que termine de escribirla mañana.

Cuando leía tu última carta pensaba que mientras en ese tren tuyo la vida pasaba deprisa, en mi cárcel  sin barrotes todo se convierte en sólido inmóvil. Nada ocurre, nada sucede, pero unos muros cada vez más altos y peligrosos se ciernen a nuestro alrededor. Y toda la culpa es mía.

Lo único que necesitamos es Tiempo. La iglesia es experta en él, en dejar que el Tiempo lo pudra todo hasta hacerlo desaparecer. Esa es un arma que podemos utilizar en nuestro beneficio: la Paciencia.

Nombras a Dios como “mi” dios. Pues ese dios ha muerto, Alma. Y con él la Meretriz, la puta del Poder y todos sus acólitos entre los que ya no me cuento, a pesar del hábito que estoy obligado a vestir. Jamás se limpiará la sangre que mancha las manos de ese dios. Jamás (así en el original).

Me dices que “sucumbiremos sin el tacto y la mirada”, mientras las cartas permanecerán. No es cierto. No al menos para mí. Porque la tinta sobre el papel puede borrarse, mientras que cada caricia tuya sigue transitándome por la piel, rememorándote. El papel puede destruirse de mil modos, mientras que los recuerdos pueden pervivir en la memoria de quien los atesora. Claro que puede llegar el olvido. Bien como terapia, porque el recuerdo causa dolor, o bien como acto voluntario, porque deseemos llenar su espacio con un recuerdo mejor. Pero yo me niego, no deseo sustituir tu recuerdo, el de tus caricias, el de tus palabras, porque ninguno de ellos me causa dolor alguno, bien al contrario, son el bálsamo que me permite sobrevivir sin tenerte. No me olvides tú tampoco. No seas papel. Te lo ruego.

Nos falta tan poco que pronto parecerá que el tiempo se detiene para martirizarnos. Pero habrá un día a día, unas horas de descanso en esa tensa espera. Tengo tanta urgencia, Alma…  (Los puntos sustituyen a un par de frases totalmente ilegibles)

Ahora es tiempo de razonar y planificar. Preparar ese nuevo paraíso llamado Barcelona que será el origen de nuestro futuro común. El espacio donde podrás cumplir tu deseo de cuidarnos. Cuidarnos el uno al otro, envejecer juntos. A veces tengo tanto miedo. Mi edad, que pronto seré un anciano para ti; mis muchos estudios y mi nula experiencia en la Vida, de qué me servirá todo eso cuando deba ganarme el pan… ya ves que pensamientos me invaden cuando Tú te me apartas del recuerdo. Pero sé que los buenos cristianos a los que acudiremos nos ayudarán en todo lo posible. Al final de la carta te pondré la dirección a la que puedes acudir por si los necesitaras.

También me dices en la tuya que lloras a menudo. Y se me parte el corazón. Pensar que esas lágrimas son por mi causa me llenan de desdicha. Y no puedo evitarlo, me maldigo. Porque lo que yo deseo es tu risa. Tu Ángel, ese hombre que lo es por tu amor, solo aspira a devolverte un poco del elixir que le regalaste, que todo lo cura y todo lo mitiga.

Ya termino, Alma. A partir de ahora nos mandaremos notas escuetas, no quiero dar pie a que nadie pueda ver más de lo que ya adivinan. Mandaré otra carta a Manuel para que haga unas indagaciones que nos atañen, y a él de forma personal, y mandaré una tercera a mi tía para ir preparándola. Queda trabajo, mucho trabajo por hacer.

Te dejo, Alma. No querría, lo sabes. Porque mientras escribo mantengo abierto un vínculo contigo que parece romperse al cerrar el sobre. Pero debo decirte hasta pronto.

 

Tuyo y prisionero,

Ángel desnudo.

 

PD: Me gusta pensar que somos una nave surcando el mar del tiempo, sin más límite que las orillas de la imaginación. (No sé si la frase es mía, pero nos define)

AUDICIÓN RECOMENDADA

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La princesa morta / La princesa muerta

Català (Conte a partir d’una fotografia de Francesca J. Cladellas)
Eren sis animals ferotges: el pare, la mare i els seus quatre fills. Tots famèlics, finíssims i ferms.
Ella, la princesa, era blanca, absurda, gairebé beneita, com correspon a les nobles de sang malalta.
Ells van veure en aquella pell de neu la possibilitat de xuclar i alimentar-se.
Què en saben els animals finísssims de qualitat sanguínia?
Passada una hora tots eren morts.
La princessa, dessagnada i els animals finíssims enverinats.
Ja sabeu nenes i nens. La noblesa ha d’anar directa a la guillotina, que dels reis no se n’aprofita res més que els bens que hagin robat al poble.

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Fotografía de Francesca J. Cladellas

Castellano (Cuento a partir de una fotografía de Francesca J. Cladellas)
Había seis animales feroces: el padre, la madre y sus cuatro hijos. Todos famélicos, finísimos y fuertes.
Ella, la princesa, era blanca, absurda, casi tonta, como corresponde a las nobles de sangre enferma.
Ellos vieron en aquella piel de nieve la posibilidad de chupar y alimentarse.
¿Qué saben los animales finísimos de calidad sanguínea?
Pasada una hora todos estaban muertos. La princesa, desangrada y los animales finísimos envenenados.
Ya sabeis niñas y niños. La nobleza debe ir directa a la guillotina, que de ellos no se aprovecha nada que no sean los bienes que hayan robado al pueblo.

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