Pinturas en “El ladrón de rostros”: La Ola

Lugar en la novela:

Con la pintura sucedía lo mismo, exactamente lo mismo. Las maravillas de Bouguereau, los retratistas flamencos, los seres atormentados de Lucien Freud o el dolor del Guernica… Caía en la cuenta de que la luz que entraba por el ventanal del cuadro de Las Meninas, una luz que ya me aturdió de niño, era aún más real que la que debió entrar por los ventanales de palacio. Lo mismo que la tremenda luminosidad que salía del viejo café de Arlés iluminando toda la noche del cuadro, no era solo un reflejo, era más que eso, era esa substancia escondida solo manejada por el genio creador y reconocida por aquellos capaces de captarla y reproducirla de nuevo. Sí, Velázquez y Van Gogh también estaban tocados de dicha gracia; lo mismo que Picasso, capaz de expresar desde el dolor más terrible hasta las hermosas sutilezas de su época azul. O Caillebotte, Cezanne, Tchaikovsky, Neruda, August Kühnel, Tagore…

bouguereau-la Ola

La obra:

Título: La ola
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 121 cm. x 160.5 cm.
Localización: Colección privada
Año: 1896

El autor:

La Rochelle, 1825-1905) Pintor francés. Encarnó el modelo de artista académico tradicional, ajeno a cualquier aire de renovación e imbuido por el ideal de belleza clásica, que llevó a sus lienzos con exquisita técnica y minucioso acabado, en equilibradas y evocadoras composiciones de temática idealizada. Junto con Alexandre Cabanel lideró el arte oficial, gozó de un notable éxito y popularidad en su época y realizó numerosos encargos para el gobierno.
Fue discípulo entre 1838 y 1841 de Louis Sage, que había tenido como maestro a Jean Auguste Ingres. En 1841 su familia se trasladó a Burdeos, y Bouguereau comenzó el año siguiente a asistir a la Escuela Municipal de Dibujo y Pintura, con Jean-Paul Alaux como profesor. Ganó un premio en 1844 y decidió dedicarse profesionalmente a la pintura; no obstante, no tenía medios de establecerse en París, de modo que de 1845 a 1846 pintó retratos para reunirlos. También trabajó, por la noche, como contable para un mercader de vinos. Por fin, en 1846 entró en la Escuela de Bellas Artes de París, en el estudio de François-Edouard Picot, de estilo claramente académico. Una de sus pinturas de entonces fue Igualdad (1848).
En 1850 ganó el Grand Prix de Roma por el cuadro Zenobia descubierta por pastores a orillas del río Araxes. Ese mismo año se estableció en esta ciudad, en la Villa Medici. Allí permaneció hasta 1854, aprendiendo de Jean Alaux y Victor Schnetz, y estudió en profundidad la pintura de Giotto; también le interesaron las obras de varios pintores renacentistas italianos.
De regreso a Francia, exhibió en el Salón de Pintura de París de 1854 El triunfo de la mártir. Pintado en Roma en 1853, su tema era el traslado del cuerpo de Santa Cecilia a su sepulcro en la catacumba de su nombre, y tenía ya todas las características de su pintura: bocetos iniciales en óleo, colores moderados, figuras en posturas clásicas. En 1856 obtuvo un encargo del gobierno francés para pintar Napoleón III visitando a las víctimas de la inundación de Tarascón de 1856. También pintó La danza (1850), Amor fraterno (1851), El baile (1856), Primavera (1858) y El día de Todos los Santos (1859).
En 1859 decoró en parte la capilla de San Luis de la iglesia parisina de Santa Clotilde: bajo la dirección de Picot, representó varias escenas de la vida del rey Luis IX de Francia. Continuó además enviando cuadros al Salón de París; el de 1865, Familia indigente, significó la adopción de temas populares, aunque siempre idealizados. En 1867 realizó la decoración del techo de las capillas de San Pedro y Pablo y de San Juan Bautista de la iglesia de San Agustín (París). En 1869 hizo lo propio en el techo de la Sala de Conciertos del Gran Teatro de Burdeos. Otros cuadros de esta época son Descanso en Harvest (1865), El retorno de la primavera (1866), Ofrecimiento de gracias (1867), Arte y literatura (1867) y Chica tejiendo (1869).
Dedicado además a la enseñanza en la Academia Julian de París desde 1875, en los años setenta dio a sus pinturas mayor luminosidad (por ejemplo, en Ninfas y sátiro, de 1873); en muchos de ellas incluyó figuras infantiles (Paseo en burro, 1878). De 1881 a 1889 se ocupó especialmente en la decoración, con escenas de la vida de Cristo, de la Capilla de la Virgen en la iglesia de San Vicente de Paúl (París). Al mismo tiempo realizó otros cuadros, como Baco joven (1884). En 1888 fue nombrado profesor de la École des Beaux-Arts de París, pero continuó pintando hasta su muerte. Se dedicó también al retrato (Aristide Boucicart, 1875).
Otras pinturas la década de los setenta fueron El primer beso (1873), Cupido (1875), El secreto (1876), Joven con niño (1877), Regreso de Harvest (1878), Alma llevada al cielo (1878), Caridad (1878), Descanso (1879) y El nacimiento de Venus (1879). De los años ochenta en adelante pintó Corona de flores (1884), Pastora (1889), Pequeña pastora (1891), Invasor del reino de Cupido (1892), Inocencia (1893), El rapto de Psique (1895), Joven pastora (1895), La Virgen con los ángeles (1900), Joven sacerdotisa (1902) y La Virgen de las Rosas (1903).
Su considerable obra (más de setecientos cuadros) era característicamente académica: técnica depurada para los numerosos bocetos previos, buen acabado (que cuidaba con esmero), colorido variado y temática narrativa y sentimental desde una perspectiva clásica. Fue popular en Francia y en la corte de Napoleón III, pero quedó en cierto modo al margen a causa del creciente aprecio por nuevos estilos como el impresionismo, al que curiosamente había vetado para el Salón de París por considerar que a los cuadros de ese estilo les faltaba acabado. Ello no impidió que sus telas fueran adquiridas en gran número por coleccionistas americanos e ingleses. Los estudiosos del arte actuales lo consideran un pintor decimonónico importante. Muy trabajador y métodico, ayudó a muchos pintores jóvenes a continuar con su carrera artística.

Fuente: Biografías y vidas

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Músicas en “El ladrón de rostros”: Aviones plateados

Lugar en la novela:

[…]

Excusas y más excusas para seguir sintiéndose un macho alfa con harén en propiedad. Era tan ridícula la inseguridad masculina ¿Cómo decía la canción?, sí, todavía la recordaba: «Credenciales de posesión, qué tontería. Estos celos me han abrasao, no sé qué me creía». Preclara la visión de El Último de la fila. Cogió el portátil y se fue a buscarla en YouTube. Aviones plateados, si no recordaba mal. Acertó. Dio al botón y empezó a sonar:

Veo tu casa desde mi balcón
chimeneas y tu ropa al sol
aviones plateados rozando los tejados
vestido y en la cama vigilo tu ventana…

Volvió a su introspección, a esas preguntas que acostumbramos a hacernos cuando es demasiado tarde, ¿por qué no le llamó después, cuando ya estuvo sola? Se respondió que no le había llamado por miedo. Él estaba en una relación y ella en una especie de afán vengativo contra el género masculino, y ese era un mal condimento para consolidar cualquier amistad. Después se fue instaurando el olvido, solo salpicado de breves recuerdos cada vez más y más espaciados. La ausencia de contacto aleja a las personas, era una evidencia.
Se centró de nuevo en la canción, en el instante del retrato brutal de desamor. Se unió a Manolo en un dúo imposible:

Siempre suelo querer lo que no tengo
y ahora que ya no estás aquí
me voy consumiendo.
Ropa sucia, cuadros que he pintao
discos viejos, to por ahí tirao.
Barba de 15 días
no me levantaría…

Salvo la barba, todo lo había vivido de sobras. Ya no deseaba más desorden en campaña.

[…]

La obra:

Canción “aviones plateados” que forma parte del trabajo “Enemigos de lo ajeno”. Es el segundo álbum de estudio del grupo español El Último de la Fila, fue lanzado al mercado en 1986 por la discográfica PDI, en formato LP.
En 1991 fue reeditado por la discográfica EMI en formato CD, habiendo remezclado Manolo García, Quimi Portet y Josep Llobell todos los temas excepto Lejos de las leyes de los hombres y No me acostumbro.
El álbum fue presentado en directo mediante una gira de conciertos por todo el territorio español.

Fuente: Wikipedia

El autor:

El Ultimo de la Fila, el grupo compuesto por Manolo García y Quimi Portet, tuvo sus orígenes allá por los 80, cuando se conocieron los dos protagonistas de esta historia. Manolo García participaba en un grupo llamado ‘Los Rápidos’, tocando por locales de Barcelona y grabando algún que otro disco. Mientras tanto, Quimi POrtet colaboraba con los ‘Kilimanjaro’s’ y creaba un grupo llamado ‘Kul de Mandril’.
Fue entonces, por 1982, cuando se conocen Manolo García y Quimi Portet, coincidiendo juntos en un concierto en Barcelona. Comenzaron tocando canciones de ‘Los Rápidos’, pero pronto pasaron a llamarse ‘Los Burros’. Con este nombre grabaron un único disco, ‘Rebuznos de amor’, y consiguieron un discreto éxito entre el público.
En 1985 deciden dar un giro a su carrera y fundan ‘El último de la fila’, el grupo que les llevaría a la fama. Graban una maqueta con la que consiguen ganar el concurso de maquetas de la revista Rock Special y fichan para la discográfica independiente PDI.
Su primer álbum se tituló ‘Cuando el amor entra por la puerta, el amor salta por la ventana’, con el que consiguieron el premio al grupo revelación. Algunos de los exitosos temas son el archiconocido ‘Querida milagros’ o ‘El loco de la calle’.
Un año después publican ‘Enemigos de lo ajeno’, consiguiendo un notable éxito entre el público y también entre los críticos musicales, lo que les valió para recibir varios premios y menciones.
En 1987 El último de la fila publica ‘Nuevas mezclas’, un álbum grabado en Londres y que recoge sus mejores canciones grabadas con medios técnicos de considerable calidad. Consiguieron su mejor registro de ventas hasta ese momento y les sirvió para realizar una gira por toda España.
Paralelamente a su éxito como ‘El último de la fila’, se reeditó el disco grabado como ‘Los Burros’, y las discográficas publicaban canciones inéditas hasta ese momento.
En 1988 publican un nuevo trabajo, titulado ‘Como la cabeza al sombrero’, grabado en Francia y considerado por muchos como el mejor álbum del grupo. Su buen trabajo tiene una merecida recompensa, y son invitados a participar en la gira mundial de Amnistía Internacional, junto a Sting y Bruce Springsteen.
1990 viene con un nuevo disco: ‘Nuevo pequeño catálogo de seres y estares’. En 1993 publican ‘Astronomía razonable’ y en 1995 sacan su último disco como ‘El último de la fila’: ‘La rebelión de los hombres rana’. Tras la gira que ofrecieron para promocionar este disco, decidieron separarse artísticamente y proseguir sus respectivas carreras en solitario

Fuente: Todomúsica

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Pinturas en “El ladrón de rostros”: La Esclava

Lugar en la novela:

[…]
Óscar permanecía ausente. Plantado ante el tablero y admirando el gran parecido de cada cara con su foto original. La más antigua, La esclava, de Julio Romero de Torres, databa de 1972
[…]

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La Obra:

Título: La esclava.
Año: 1928.
Técnica: Óleo y temple sobre lienzo.
Medidas: 84 x 63 cm.

El Autor:

Julio Romero de Torres
(Córdoba, 1880 – 1930) Pintor español. Era hijo del pintor y maestro andaluz Rafael Romero Barros, director del Museo de Bellas Artes de Córdoba, quien le inició en el sendero de la pintura desde muy temprana edad. Así, ya en 1907 pudo concurrir el joven Julio Romero de Torres a la exposición de pintores independientes celebrada en el Círculo de Bellas Artes (Madrid).
El realismo melodramático de sus primeras composiciones (como Conciencia tranquila o Vividoras del amor) no parecía preludiar el estilo personal, tan marcado y característico, que luego sacó a relucir en su obra de madurez. En efecto, a raíz del lienzo titulado Musa gitana -que obtuvo el Primer Premio en una Exposición Nacional celebrada en Madrid-, el pintor cordobés adoptó una línea nacionalista y folclórica, atenta a los tópicos meridionales y centrada, principalmente, en el retrato de la mujer andaluza. Se trata de un estilo en el que predomina la mezcla del retrato realista con un cierto aire idealista que sitúa a sus figuras en un vago halo intemporal, como si pretendiera hacer de las características físicas de la mujer andaluza un arquetipo universal de la belleza femenina.
Aupado por los cánones modernistas vigentes en su tiempo, logró éxitos -no exentos de una virulenta controversia crítica que siempre acompañó al enjuiciamiento artístico de su pintura- en varias exposiciones nacionales e internacionales, como las realizadas en Barcelona (1911), en Madrid (1912) y en Munich (1913). Pero lo cierto es que en su tiempo fue aclamado por pintores, escritores y contempladores de su obra, quienes celebraban la exaltación de los tópicos nacionalistas difundidos por la obra de Romero de Torres; para probarlo, baste con recordar que las monografías de su pintura y los catálogos de sus exposiciones venían autorizados por comentarios elogiosos de autores como Jacinto Benavente, Ramón María del Valle Inclán, Gregorio Martínez Sierra o Santiago Rusiñol.
Abanderado de un romanticismo ciertamente trasnochado en la actualidad, pero muy del gusto de la gente de su tiempo, Julio Romero de Torres resolvió en cada uno de sus cuadros un problema planteado en forma de copla andaluza, lance de toreo o episodio de romancero gitano. Hizo, además, especial hincapié en los sentimientos trágicos y legendarios propios de la religiosidad y la cultura de sus paisanos, lo que explica la inmensa popularidad de que gozó tanto en vida como muchos años después de haber desaparecido.
Los hogares más populares de la España rural exhibieron durante mucho tiempo reproducciones de las principales obras de Romero de Torres, casi siempre decorando las extensas páginas de unos enormes almanaques. Su recuerdo quedó vivo, además, en coplas y tonadillas folclóricas, y se hizo presente durante algún tiempo en las ilustraciones de sellos y papel moneda. En la actualidad, una buen parte de su obra -bastante desprestigiada por la crítica moderna- puede contemplarse en la Casa Museo que la ciudad de Córdoba ha dedicado a uno de sus artistas más universales.

Fuente: biografías y vidas

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Músicas en “el ladrón de rostros”: sonatas piano, Beethoven

Lugar en la novela:

[…]
Me sobra el dinero y nunca he necesitado demasiado para satisfacer mi sencilla vida. Tengo esta hermosa casa y mi mundo solo debía circunscribirse a ella y a su contenido. Tengo toda la música que necesito, puedo releer todos y cada uno de los libros que me marcaron, tengo mi pintura. Y si necesito algo del mundo exterior dispongo de la maravillosa tecnología actual, con lo que apenas debo alejarme de estas paredes para conseguirlo.
Soy un misántropo que solo aspiraba a acabar su vida en compañía de María. Leerle poemas, ponerle las insuperables partitas de Bach o las sonatas para piano de Beethoven y fundirnos en ese universo irrepetible. Pasear por los prados para captar su luz, reinventar de nuevo y solo para mí el maravilloso impresionismo: preparando los lienzos, construyendo la paleta de colores y plasmar la luz de una mañana de otoño, un mortecino mediodía de invierno, un atardecer de verano o la media tarde de una primavera preñada de colorido.
[…]

El autor:

Ludwig van Beethoven (Bonn, Alemania, 16 de diciembre de 17702​-Viena, 26 de marzo de 1827) fue un compositor, director de orquesta y pianista alemán. Su legado musical abarca, cronológicamente, desde el Clasicismo hasta los inicios del Romanticismo musical. Es considerado generalmente como uno de los compositores más preclaros e importantes de la historia de la música y su legado ha influido de forma decisiva en la evolución posterior de este arte.
Siendo el último gran representante del clasicismo vienés (después de Christoph Willibald Gluck, Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart), Beethoven consiguió hacer trascender la música del Romanticismo, influyendo en diversidad de obras musicales del siglo XIX. Su arte se expresó en numerosos géneros y aunque las sinfonías fueron la fuente principal de su popularidad internacional, su impacto resultó ser principalmente significativo en sus obras para piano y música de cámara.

Para mis hermanos Carl y……. (Johann) van Beethoven:
¡Oh, hombres que me juzgáis malevolente, testarudo o misántropo! ¡Cuán equivocados estáis! Desde mi infancia, mi corazón y mi mente estuvieron inclinados hacia el tierno sentimiento de bondad, inclusive me encontré voluntarioso para realizar acciones generosas, pero, reflexionad que hace ya seis años en los que me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación, y finalmente obligado a enfrentar el futuro una enfermedad crónica (cuya cura llevará años, o tal vez sea imposible); nacido con un temperamento ardiente y vivo, hasta inclusive susceptible a las distracciones de la sociedad, fui obligado temprano a aislarme, a vivir en soledad, cuando en algún momento traté de olvidar es, oh, cuan duramente fui forzado a reconocer la entonces doblemente  realidad de mi sordera, y aun entonces, era imposible para mí, decirle a los hombre, habla más fuerte!, grita!, porque estoy sordo. Ah! Cómo era posible que yo admitiera tal flaqueza en un sentido que en mi debiera ser más perfecto que en otros, un sentido que una vez poseí en la mas alta perfección, una perfección tal como pocos en mi profesión disfrutan o han disfrutado…

32 años tenía Beethoven cuando escribió esta carta a sus hermanos. Había estado al borde del suicidio pues su sordera empeoraba día a día y le atormentaba la idea de estar perdiendo el sentido más importante que necesita todo músico. No concebía el hecho de haber de reconocer ante el mundo que él, uno de los grandes de la Música no era capaz de percibir lo que escribía, interpretaba o dirigía. Eso le fue volviendo un misántropo. Pero incluso con esa carga personal, todavía nos dejaría obras inmortales.

Fuentes: Wikipedia y La música que siento

La Obra:

Las sonatas de Beethoven plantean dos cuestiones: por un lado, está el desafío de reconstruir un estilo, pues se trata de interpretar obras que se han escrito hace mucho tiempo, y esto sucede con Beethoven lo mismo que con cualquier obra de Bach; pero las sonatas de Beethoven suponen un desafío adicional, que tiene que ver con una manera novedosa de utilizar el instrumento. Aquí, el tratamiento es similar a lo que sería la transcripción al piano de un material para orquesta; en efecto, el principal desafío que le plantean estas obras al intérprete es el de adecuar su mecánica corporal a una exigencia que no es puramente tecladística, sino que responde a una concepción orquestal.
Las primeras sonatas de Beethoven se asemejan a las de Haydn. Luego, viene su período compositivo central con sonatas como: Waldstein o Appassionata, y finalmente, en el último periodo de su vida, sus sonatas tardías ya transitan por un terreno y una órbita prácticamente extrahumanas, marcadas por su sordera, pero también por una perspectiva distinta, con efectos sonoros casi impresionistas, con notas repetidas, efectos de pedal y sonoridades mezcladas y etéreas, casi abstractas, en cierto modo inalcanzables para la época, anticipando con todo esto a Claude Debussy.
Beethoven influyó decisivamente en todos los compositores del pianismo romántico -es el caso de Liszt, aunque también la continuidad más directa se establece a través de Johannes Brahms-. En Liszt, esta influencia podría señalarse en cuanto a la envergadura del pianismo, pero Beethoven se diferencia mucho de él: allí donde Liszt fue amante de la exageración y el uso de un gran número de notas, Beethoven era, por el contrario, una persona que ponía estrictamente aquello que consideraba necesario e indispensable para comunicar lo que deseaba.
Cada vez que uno vuelve a escuchar las sonatas de Beethoven le parece que ellas han crecido… en realidad, el que ha crecido es uno, que puede ver más cosas todavía y poner más en equilibrio todo el material sonoro.

Fuente: Refinando nuestros sentidos

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Booktrailer de “El ladrón de rostros”

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Pinturas en “el ladrón de rostros”: Etta Durham

Lugar en la novela:

[…]
Le puso delante una fotografía. En ella se veía medio cuerpo de una mujer vestida con ropa que podría pertenecer a la segunda mitad del siglo XIX. No la conocía
—¿Quién es? —preguntó Óscar.
—Ahí está lo bueno, que la obra original pertenece a John Singer Sargent. Es el retrato de Etta Durham, solo que la cara es la de una joven desconocida. Igual que el otro retrato que me comentaste. Y antes de que me preguntes, me di cuenta porque Singer Sargent es uno de mis pintores preferidos y cuando vi la obra colgada me impactó muchísimo. De ahí que la fotografiara. Cuando mires los discos verás que le hice unas cuantas fotos más. En una de ella se ve claramente la firma
[…]

f1 John Singer Sargent (1856 - 1925). Etta Durham

Obra:

Retrato de Etta Durham
Oleo sobre tela

Autor:

John Singer Sargent (Florencia, 12 de enero de 1856 – 14 de abril de 1925) fue un pintor estadounidense, considerado el “retratista de más éxito de su generación”.​ Durante su carrera, realizó cerca de 900 pinturas al óleo y más de 2.000 acuarelas, así como innumerables bocetos y dibujos al carboncillo. Su obra documenta sus viajes a lo largo del mundo, desde Venecia al Tirol, Corfú, Oriente Próximo, Montana, Maine y Florida.
Sus padres eran estadounidenses, pero él se formó en París antes de trasladarse a Londres. Sargent disfrutó del aplauso internacional como retratista, aunque no sin cierta controversia y alguna reserva crítica. Desde el principio, su trabajo se caracterizó por una destacable habilidad técnica, particularmente su facilidad para el dibujo con el pincel, que en años posteriores generó tanto admiración como críticas por una supuesta superficialidad. Sus retratos de encargo se enmarcaban dentro de un estilo clasicista, mientras que sus estudios informales y bocetos mostraban una cierta cercanía con el impresionismo. En los últimos años de su vida, Sargent se expresó ambivalente en relación con las restricciones formales del retrato, dedicando gran parte de su esfuerzo a la pintura mural y al aire libre. Vivió la mayor parte de su vida en Europa.

Fuente: Artículo de Wikipedia

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Músicas en “el Ladrón de rostros”: Ctos. de Brandenburgo

Lugar en la novela: El ladrón de rostros

 

[…]
Preparó los altavoces portátiles, conectó en ellos su móvil y dio «iniciar». Sonó el Concierto de Brandenburgo Nº 3. Descorrió las cortinas y la estancia se impregnó de la luminosidad de junio y la de las notas de Bach.
La pieza que tenía ante sí la impactó de nuevo. Prefirió no plantearse cuál podía ser el origen de aquella maravilla. Era consciente de que el patrimonio de arte románico en España, sobre todo en las zonas de Aragón y Castilla, andaba mal de salud y era bocado apetecible para infinidad de buitres: coleccionistas sin escrúpulos, nuevos ricos, anticuarios ladrones o gente anodina, como debían ser los propietarios de aquella obra.
[…]

Autor:

Johann Sebastian Bach (Eisenach, 21 de marzo de 1685 – Leipzig, 17 de julio de 1750 [calendario juliano]) fue un compositor, organista, clavecinista, violinista, violista, maestro de capilla y Kantor alemán del periodo barroco.
Fue el miembro más importante de una de las familias de músicos más destacadas de la historia, con más de 35 compositores famosos. Tuvo una gran fama como organista y clavecinista en toda Europa por su gran técnica y capacidad de improvisar música al teclado. Además del órgano y del clavecín, tocaba el violín y la viola da gamba.
Su fecunda obra es considerada la cumbre de la música barroca; destaca en ella su profundidad intelectual, su perfección técnica y su belleza artística, además de la síntesis de los diversos estilos nacionales de su época y del pasado. Bach es considerado el último gran maestro del arte del contrapunto,1​ y fuente de inspiración e influencia para posteriores compositores y músicos, desde Wolfgang Amadeus Mozart pasando por Félix Mendelssohn, Robert Schumann, Franz Liszt, Johannes Brahms y Gustav Mahler hasta músicos más recientes como Arnold Schoenberg, Anton Webern, Paul Hindemith, Igor Stravinsky, Heitor Villa-Lobos o Astor Piazzolla, entre muchos otros.
Entre sus obras más conocidas se encuentran los Conciertos de Brandeburgo, El clave bien temperado, la Misa en si menor, la Pasión según San Mateo, El arte de la fuga, Ofrenda musical, las Variaciones Goldberg, la Tocata y fuga en re menor, varios ciclos de cantatas (entre ellas las célebres BWV 140 y BWV 147), el Concierto italiano, la Obertura francesa, las Suites para violonchelo solo, las Sonatas y partitas para violín solo, los Conciertos para teclado y las Suites para orquesta.​

Obra:

Los Conciertos de Brandenburgo (BWV 1046 – 1051) son seis conciertos dedicados a Margrave Christoph Ludwig de Brandenburgo que J. S. Bach le entregó en 1721 y que permanecieron archivados en la biblioteca de Margrave y allí permanecieron sin que nadie los tocara hasta 1734 cuando, a la muerte del marqués de Brandenburgo salieron a la luz.

Concierto nº 1 en fa mayor (BWV 1046) – En este primer concierto predomina la trompa y el último de los movimientos comprende una serie de bailes. Para él, Bach tomó prestada su cantata “La caza”, de ahí la relevancia de la trompa en el mismo.
Movimientos: Allegro / Adagio (en re menor) / Allegro / Menuetto

Concierto nº 2 en fa mayor (BWV 1047) – Su comienzo es una rápida sucesión del mismo pasaje para violín, oboe, flauta dulce y trompeta.
Movimientos: Allegro / Andante (en re menor) / Allegro assai

Concierto nº 3 en sol mayor (BWV 1048) – El tercer Concierto de Brandeburgo es quizá el más popular de toda la serie. Fue escrito originalmente para 4 violines, 3 violas y 3 cellos fue arreglada a solo 3 violines, 3 violas, 3 cellos (más bajo continuo).
Movimientos: Allegro / Adagio / Allegro

Concierto nº 4 en sol mayor (BWV 1049) – Aquí Bach combinó un concierto para violín solista con un concerto grosso con el violín en competencia con dos flautas dulces.
Movimientos: Allegro / Andante (en mi menor) / Presto

Concierto nº 5 en re mayor (BWV 1050) – Encontramos en este concierto el primer uso de Bach de la flauta travesera, siendo el clave el instrumento principal a lo largo de todo el concierto.
Movimientos: Allegro / Affettuoso (en si menor) / Allegro

Concierto nº 6 en si bemol mayor (BWV 1051) – Esta obra final de la serie tiene a un conjunto de cuerda como instrumentos protagonistas de principio a fin.
Movimientos: Moderato / Adagio ma non tanto (en mi bemol mayor) / Allegro

Fuente: http://caminodemusica.com/bach/j-s-bach-conciertos-de-brandenburgo

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Pinturas en “el ladrón de rostros”: Jeanne Samary

Lugar en la novela: El ladrón de rostros

[…]
Se concentró en la talla durante gran parte de la mañana, hasta adelantar más trabajo del previsto, después se dedicó a investigar el retrato. Hasta el momento había averiguado que el rostro estaba incrustado, por llamarlo de algún modo, en una copia del retrato de Jeanne Samary de 1877, una obra de Auguste Renoir. Era de un tamaño algo mayor que el original pero los colores, la pincelada; la técnica, en suma, era casi idéntica a la del genio francés. Quien hubiera pintado aquello debía ser un gran conocedor del movimiento Impresionista.
[…]

originaljeanneSamary1877

Obra:

Retrato de la actriz Jeanne Samary, 1877.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Comédie Français. París. Francia.

Autor:

Pierre Auguste Renoir (25 de febrero de 1841 – 3 de diciembre de 1919), es uno de los más célebres pintores franceses. No es fácil clasificarlo: perteneció a la escuela impresionista, pero se separó de ella rápidamente por su interés por la pintura de cuerpos femeninos sobre los paisajes. El pintor Rafael tuvo una gran influencia en él.
El impresionismo es un movimiento pictórico que surge en Francia a finales del siglo XIX, en contra de las fórmulas artísticas impuestas por la Academia Francesa de Bellas Artes, que fijaba los modelos a seguir y patrocinaba las exposiciones oficiales en el Salón parisino.
El objetivo de los impresionistas era conseguir una representación del mundo espontánea y directa, en pinturas creadas directamente “in situ”, no elaboradas en el taller tal y como se estilaba hasta entonces. En parte por la necesidad de abreviar la ejecución, se recurre a una pincelada rápida y suelta, y a formatos manejables frente a los formatos monumentales típicos de la pintura académica.
Autorretrato (1876).
Renoir, ofrece una interpretación más sensual del impresionismo, más inclinada a lo ornamental y a la belleza. No suele incidir en lo más áspero de la vida moderna, como a veces hicieron Manet y Van Gogh. Mantuvo siempre un pie en la tradición; se puso en relación con los pintores del siglo XVIII que mostraban la sociedad galante del rococó, como Watteau.
En sus creaciones muestra la alegría de vivir, incluso cuando los protagonistas son trabajadores. Siempre son personajes que se divierten, en una naturaleza agradable. Se le puede emparentar por ello con Henri Matisse, a pesar de sus estilos distintos. Trató temas de flores, escenas dulces de niños y mujeres y sobre todo el desnudo femenino, que recuerda a Rubens por las formas gruesas. En cuanto a su estilo y técnica se nota en él un fuerte influjo de Corot.

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Presentación de mi primera novela

presentacionweb

El próximo 6 de octubre será el día de mi puesta de largo como escritor. En la librería La Llar del Llibre, de Sabadell (ver mapa adjunto).

 

 

No negaré que me siento feliz. La última cosa en la que pensé cuando hice mi primer curso de narrativa de l’Ateneu Barcelonès fue que terminaría escribiendo una novela. Me apunté porque parecía que no se me daba mal eso de enlazar palabras y porque algunas personas me habían dicho que apuntaba maneras.
De ese primer curso vino el de Novela I y después el de Novela II. En el transcurso de ambos fue naciendo una historia que se llamaba “la restauradora” en la que, como hace todo aprendiz, eché el resto: tres historias enlazadas y unos personajes tan planos como James Bond.
Sometí aquellas páginas a la lectura crítica de alguien que sabe mucho más que yo y me devolvió un documento que detallaba mis muchos errores. Nada que objetar. Lo allí escrito no se alejaba demasiado de mi propio criterio.
En ese momento odié a Alba, mi protagonista, y a Oscar. Les leía una y otra vez, intentaba redirigirlos, les cambiaba las palabras… Nada, ellos seguían sin ser lo que yo deseaba que fueran. Opté por dejarlos en paz y enterrarlos en un cajón. Necesitaba encontrar el camino.
Pasado un tiempo de duelo abrí el Word y preparé un documento con solo una de las voces que merecía la pena ser salvada, la de Diego. Lo demás debía gestarlo de otro modo. Había sido necesario el olvido para reinventarlo de nuevo.
Y de esa reinvención nació la novela actual que podréis leer: El ladrón de rostros. Editado por Editorial Maluma, a la que agradezco la confianza que han demostrado al decidir publicarla.

 

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Enrique Pertegás Ferrer, el pintor del nu femení. Valencianista polític.

EL CAVALLER DEL CIGNE ciutadà valencià de nació catalana //*//

Valenciana nua, oli.

Acabe de descobrir a Pertegás, un pintor que mereix ser recordat, en el blog Un rincón literario, que us recomane. Era el favorit de Blasco i amic seu. El tema de la dona nua és característic de la seua obra. Va ser molt estimat en la seua època, el primer terç del segle XX. Va ser valencianista i republicà. Durant la postguerra va malviure fent treballs malpagats per als tebeos que es publicaven, que signava amb pseudònims on s’amagava de la censura franquista. Va morir en 1962 totalment oblidat.

El digital ValenciaPlaza li va dedicar un article il·lustrat que faré servir de font per a la meua versió en valencià. També hi afegiré alguna il·lustració o informació provinent d’Internet.

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