Qué sentido tiene la huelga del 8M – unas cuestiones

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Parto de la premisa de que siempre es mejor algo, por pequeño que sea, que nada. Pero más allá de esto cabe preguntarse: en un estado como españa, ¿qué sentido tiene una huelga reivindicativa por parte de las mujeres? Llevo unos días pensado en ello y no termino de verlo. ¿Qué esperan conseguir? Me pregunto. Y la respuesta que me ocurre es que nada.
¡Hala, ya lo he soltado!
Imagino que muchas y algunos esperaréis algún tipo de explicación, el desarrollo lógico que me haya llevado a dicha conclusión, más distópica de lo deseable.
No hay problema. Mi tesis personal se sustenta sobre un taburete con tres patas negativas y un bastoncito que apenas hoy puede considerarase positivo.
Primera pata: A lo largo de la historia de españa hemos sido “gobernados” por algunas dictaduras militares. La última de ellas tan bien organizada que su espíritu: la corrupción, se ha prolongado a lo largo del tiempo sin apenas despeinarse. Dicho esto, qué cosa tiene el estamento militar que lo define como tal: el machismo y el culto a la violencia. Los militares, cualquier militar de cualquier país del planeta Tierra, son criaturas adoctrinadas para la violencia, para la violación de mujeres, para infligir el mayor daño posible al enemigo —sin olvidar que el enemigo puede ser cualquiera que designen sus mandos: familia, amigos y vecinos, llegado el caso—.
Segunda pata: A lo largo de la historia de españa hemos sido “gobernados” por monarquías. Y qué cosa tiene cualquier monarquía de cualquier país tercermundista del mundo que las tolere: su completo machismo. El hecho de que la “reyecidad” la transporta —con el beneplácito de algún dios— un espermatozoide con corona que ha de pervivir de macho a macho. Las manipulaciones sálicas que montan los borbones solo tienen que ver con el hecho de perpetuar tronos del modo que sea.
Tercera pata: Desde que Isabel de castilla y Fernando de aragón echaron a los últimos vestigios de la cultura de la península y hasta dentro de cuatro o cinco mil años, la iglesia católica (ramalazo opus) ha manejado y manejará a militares y monarquía en una simbiosis necesaria para perpetuar la incultura del populacho. Dicho esto, qué cosa tiene la iglesia católica: Misoginia. Una misoginia tenaz, enferma, que nace de su propia negación del sexo y su idolatría por el pecado. Una iglesia que se permite tratar a las mujeres como receptores paridores, merecedoras de violación y vulgares apósitos de su macho. Y con todo ese maltrato, millones de mujeres españolas entregan a sus hijos e hijas a las fauces de los curas para que los adoctrinen. Y millones de mujeres españolas siguen yendo a misa, casándose, haciendo comuniones, formando parte de procesiones…
Esas son las tres patas que han dirigido los designios de este estado fallido llamado españa (catalunya inclosa): ejército, monarquía y clero. Los tres estamento más machistas y misóginos que existen.
Sí pero, nos dijiste que quedaba un bastoncito para menguar la cojera.
Cierto, se llamó “República”, pero fue un espejismo. Un intento de reconvertir este páramo de ignorancia y doctrina en un espacio de libertad, laicidad y cultura.
Pero ¿no cabe la posibilidad de que españa pueda reconvertirse otra vez en aquél ideal social? Lo dudo. De ahí que dude de que la huelga del día 8 de marzo tenga algún sentido en españa. Si eso fuera posible haría mucho tiempo que el pueblo la estaría reclamando en las calles. El proceso catalán invitaba a ello. Pero la imbecilidad de mis paisanos empecinándose en una absurda república catalana en vez de luchar por una República federal y laica y la imbecilidad del resto de españa subiéndose encima del taburete hasta convencerse de que el futuro pasa por subyugar a los catalanes en vez de reclamar una República federal y laica, me ha llevado a este desánimo.
Aquí termino. Buena huelga para todas. Mañana volverán los mismos programas machistas a todas las parrillas televisivas, salvo TVE que se decanta por el ultracatolicismo. Mañana volverán a morir mujeres a manos de sus machos porque a nadie importa una mierda que las estádisticas de violencia de género entre los jóvenes haya involucionado a niveles preocupantes. Mañana volverán las mujeres a sus cocinas y transmitirán a sus hijas que deben ser mujeres hacendosas mientras a los hijos los convertirán en inútiles que no sabrán ni dónde está la cocina. Mañana volverán los micromachismos de todos los días: “seguro que tiene la regla”, “esta está mal follada…” o los macromachismos: ¿seguro que tenía las piernas bien apretadas?, ¿cómo es que llevaba falda?, ¿por qué iba sola por la noche?… o los hijos de la gran puta que siguen campando a sus anchas: “si una tiene se sube a mi coche es porque quiere que me la folle”, “a mí si una tía…” Y nada sucederá, porque aquellos a los que hemos dado el poder no les importamos absolutamente nada.

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Para qué sirve una mujer, se preguntan muchos todavía

Marie Skłodowska

Que nadie se piense que una cuestión como esta solo se la plantean criaturas del Partido Popular y su Iglesia fundamentalista que lucha por mantenerlos en la poltrona. Preguntas así ya se las hacía hace años el zar Alejandro III (Quién sino un noble).

Estamos a finales del siglo XIX y Polonia pertenece a Rusia. A Alejandro III, al igual que ha sucedido, sucede y sucederá con cualquier monarca, no le apetece fomentar la Cultura y la Educación entre la plebe, y si el género de dicha plebe es femenino, ni siquiera se le permite asistir a la Universidad. A ellas les está vetada.

En ese ambiente, casi tan misógino como el de la españa actual, nace, el 7 de noviembre de 1867, nuestra protagonista, Marie Sklodowska, .

Pero qué puede hacer una joven que tiene una curiosidad irrefrenable y a la que se cierra toda posibilidad de aprender para satisfacerla. No tiene más remedio que espabilarse, así que cuando termina la escuela secundaria, lo más alto a lo que puede aspirar en una colonia zarista, busca amigos y gente que le preste libros de Química y comienza a estudiar por su cuenta; además trabaja y ahorra lo que puede hasta conseguir suficiente dinero como para marchar a Paris. 

A diferencia de lo que sucede en países ignorantes e incultos, Francia no le cierra ninguna puerta. Puede matricularse en la Sorbona y estudiar todo lo que se le pone por delante. Lo hace hasta la extenuación, hasta conseguir ser la primera la de la clase.

Al margen de eso, su vida es parecida a la de muchas otras jóvenes: conoce a un muchacho, Pierre, investigador de cierta fama que trabajaba con su hermano; se casan (ella ya está haciendo el doctorado), consigue permiso en la universidad para trabajar junto a su marido y a los dos años nace su primera hija: Irene.

Cabría pensar que ya no le queda nada más para sentirse realizada. Pero es una Mujer con mayúsculas que no puede conformarse con el rol de “florero paridor” que tanto gusta a tantos hombres. Además se complementa a la perfección con su marido y colega. Poco a poco va demostrando tener tan grandes ideas que su esposo abandona los trabajos que había realizado hasta ese momento con su hermano y se centra en los trabajos propuestos por su esposa. Trabajan apenas sin medios y en solitario. Y al final todo su esfuerzo tiene su fruto y llega la fama. 

Es evidente que nuestra protagonista, Marie Curie, nunca tuvo, ni tendrá, la fama de los grandes futbolistas, o de las “pícaras” arribistas que pueblan los programas de las televisiones berlusconianas, o de esos políticos corruptos que venden a su misma madre por dinero o poder. Ella solo pasará a la Historia por haber presentado una de las tesis doctorales más grandes jamás expuestas; por haber sido la única persona (¡Y mujer!) en ganar dos premios Nobel (uno de ellos compartido con su esposo) en dos disciplinas distintas: Física y Química,  y por haber educado a una hija que ganó otro premio Nobel. Y eso que solo fue una Mujer, inmigrante, esposa y madre.

Murió en 1934 víctima de una leucemia provocada por la continuada exposición a la radiación. Ese mismo año Joaquín Rodrigo recibía en el Círculo de Bellas Artes de Valencia el primer premio por su poema sinfónico “Per la flor del lliri blau”.

 

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Concierto para violín – Samuel Barber

El sonido

La palabra

Cuando escucho el adagio del concierto para violín de Samuel Barber es como si toda la ternura se me agolpara alrededor de los ojos hasta convertirse en lágrima. No sabría decir si la imagen que aparece entonces en ese frágil espejo es la tuya, sabes cuan sutil es el agua para devolvernos una imagen. Pero me gusta creer que es así, que eres tú. Tú tomandome la mano. Tú mirándome a los ojos. Tú desnuda en la penumbra, en aquella fotografía que grabé de ti una noche ya olvidada.
Qué será de ti ahora. Esa también es la pregunta que me hago tras revivirte desde el sonido. Y me gusta pensar que serás feliz, que habrá alguien a tu lado que te mire como yo te miré y que sepa amarte como yo no supe, o no pude. Y cuando termina el adagio libero este recuerdo en el aire, una vez más, para ti. Consciente de que no hay una brisa lo suficiente fuerte como para hacértelo llegar y aún y así intentándolo.

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La vaquita (cuento infantil, o no)

La vaquita

(adaptación libre de un cuento explicado en la serie Merlí)

Sucedió hace muchos años, en la lejana China rural, que un viejo monje, discípulo de Lao Tse, andaba por un camino polvoriento acompañado de otro joven discípulo. Las horas transcurrian en silencio. Ambos entregados a la meditación y contemplación de todo lo hermoso que les rodeaba.
Al culminar una pequeña loma, ya en la cima de la montaña, apareció una humilde cabaña hecha de barro y coronada con un techo de paja que apenas servía para proteger a sus habitantes de las inclemencias del invierno.
Los dos caminantes se acercaron. Necesitaban descansar y reponerse. Los gritos de varios chiquillos que saltaban curiosos a su alrededor alertó a quienes permanecían dentro de ella que salieron a ver qué sucedía. Eran un hombre joven, otro de mediana edad y una mujer que parecía ser la esposa de este último.
El monje pidió si les podrían dar agua y algo de comida. El hombre miró a la mujer y con una seña la autorizó a que entrara a buscar algunos víveres. Salió al instante con una jarra de agua, dos cuencos, unos trozos de queso y un poco de pan. Los monjes comieron aquellos humildes manjares y, mientras decansaban, hablaron con los habitantes de la casa:
¿Cómo es la vida aquí en la montaña?, preguntó el discípulo del monje. El hombre les contó de la dureza de la tierra, de lo difícil que era arrancarle un poco de arroz. El monje, a su vez, alabó la pureza del agua y lo bueno del queso que les habían ofrecido. Y dijo que solo por aquello ya podían considerarse afortunados. El hombre se deshizo en agradecimientos y le confirmó que sí, que eran una familia humilde pero feliz. Que el agua nacía de una fuente cercana y que tenían una vaca que les suministraba leche, y con ella podían hacer queso, y parte del queso lo cambiaban por pescado seco y harina para hacer pan.
Así, hablando, se hizo hora de partir.
Mientras se alejaban el joven discípulo le habló a su maestro de la poca fortuna de aquella humilde gente y de cómo podrían ayudarles como premio por haber compartido la comida con ellos.
El monje se quedó pensativo durante unos instantes y después, mirando a su discípulo le dijo:
—Vuelve atrás y mátales la vaca sin que nadie te vea.
El discípulo no entendió aquella orden. Incluso intentó replicarle a su maestro, pero aquel le mandó callar y obedecer. Y así lo hizo. Después siguieron su camino, en silencio, todavía afectado por por aquella orden que consideraba cruel.
Pasaron los años y aquel discípulo, convertido en maestro, repetía el mismo camino. Pero hoy, liberado de la carga de la obediencia, creyó llegado el momento de acercarse a la cabaña y disculparse con aquellos que allí vivieran.
Cuál fue su sorpresa cuando, superada la loma, no apareció frente a él la humilde cabaña sino una hermosa casita construida con ladrillo y techada con madera. El monje se quedó allí, frente a ella, pensando en qué podía haber sucedido.
Salió el hombre de la primera vez, ahora un anciano. Después, hechas las presentaciones, y mientras tomaban un té al abrigo de la casa, el monje alabó los cambios producidos en la familia y después, llevado por la curiosidad, preguntó cómo se había podido producir aquel cambio tan grande.
El hombre, con la mirada fija en el monje, respondió: nosotros teníamos una vaquita, un animal que nos suministraba el mínimo de leche para beber y para hacer queso. Con lo que nos daba, subsistíamos. Pero un día murió, se cayó por el barranco que hay detrás. Lloramos. En un primer momento nos sentimos perdidos. Pero después, llevados por la necesidad, empezamos a hacer otras cosas: trabajar con nuestras manos, cosechar otros alimentos… descubrimos cualidades en nosotros que no sabíamos que existían.
El monje, ahora liberado de la carga de la culpa, se despidió del anciano y siguió su camino. Mientras se alejaba miró al cielo y pidió perdón al desaparecido maestro. Ahora, por fin, entendía. Todos arrastramos nuestra propia vaquita personal. Para unos puede ser su pareja, para otros su trabajo, o sus bienes. Cualquier cosa que les sirva para permanecer enraizados a la tierra sin posibilidad de moverse. Solo cuando somos capaces de apartarla de nuestras vidas tenemos la capacidad de ver más allá, de probar cosas nuevas y de descubrir que nuestro límite está más lejos. Cierto que aquello que probemos podrá ir bien o podrá ir mal, pero cualquiera que sea el resultado, será porque tuvimos el valor de echarnos a caminar.

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La cambrera i el vell. Relat eròtic.

Os comparto el relato de un amigo gloguero. Al igual que me sucede a mi, tiene la enfermedad de la música y, para colmo, el parásito de la escritura.
A dónde iremos a parar.

Espero que os guste.

EL CAVALLER DEL CIGNE ciutadà valencià de nació catalana //*//

Cambrera sexy.

He arribat amb temps de sobres al teatre per veure una obra de Lorca. Tenia l’estómac buit. No vaig poder menjar després d’una nit en blanc. Així que vaig demanar un cafè amb llet. Els ulls se’m van anar darrere de la jove cambrera que me’l va servir. Vaig fer una ullada pel local i tot el personal era molt jove i femení a excepció d’un xic en qui no vaig reparar. Desobeint la meua doctora em vaig decidir a prendre gintònics, primer amb alguna oliva i després sense. Em vaig posar no només a mirar sinó a pensar. Les dones de la meua edat em semblen velles. No m’atrauen sexualment i no ho farien encara que es despullaren davant meu i tractaren de fer algun moviment sexy que segur em semblaria grotesc.

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Músicas en el “Ladrón de rostros”: Pie Jesu

Lugar en la novela:

Había anochecido cuando llegó a Oviedo. Buscó un hostal asequible por el centro, pidió una habitación y se encerró en ella. Por más que lo había intentado no se sacaba de la cabeza a todas aquellas mujeres, incluidas Alba y Judit. Tenía el estómago tan atenazado que se veía incapaz de cenar. Sin siquiera desnudarse se echó en la cama, se puso los auriculares y comenzó a buscar música en su preciado juguete: un aparato diminuto que permitía llevar cientos de canciones en formato digital ¡Pura magia!
Buscó hasta que encontró otro álbum con Soundscapes de Robert Fripp. Para Alba, Mahler podía ser un dios del sonido, pero donde estuviera el Pie Jesu de Robert, la mal llamada música culta podía descansar en paz. Dio al botón del play y se sumergió en las larguísimas notas que le regalaba el flemático inglés. Consiguió apartar los miedos y no tardó en dormirse.

La Obra:

Pie Jesu es una muestra de lo que Robert Fripp da en llamar Soundscapes “Paisajes Sonoros”. Dicha música, creada completamente a partir de guitarra y efectos, incluidos bucles, demoras y repeticiones, construye una estructura sonora cómoda, tranquila y fluida.
Si bien algunos críticos han denominado dichos Soundscapes como música new age, está lejos de serlo. Fripp ha estado experimentando con estos sonidos a través de una variedad de estructuras y presentaciones durante más de 25 años. Al calificarla de ese modo, los críticos no solo describen injustamente su música, sino que también perjudican a las audiencias potenciales, llevando a los no iniciados a ver mundos alejados de las intenciones texturales de Fripp.
La música New Age nunca ha empleado o incorporado los dispositivos, colores y tonos que Fripp ha creado para su sonido único. Su término Soundscapes es musicalmente apropiado; a través de ellos, Fripp crea sonidos muy texturizados, en capas, multicolores, mucho más parecidos a los proyectos medioambientales y medioambientales de Brian Eno que cualquier otra cosa que podamos escuchar en New Age.

Fuente: AllMusic

El autor:

Robert Fripp es uno de los pioneros del rock progresivo o sinfónico y líder del grupo King Crimson. Nació en Wimborne Minster, un pueblo del condado de Dorset, al sur de Inglaterra. El 16 de mayo de 1946.
Comenzó a tocar la guitarra los 11 años de edad. Después de participar en varias bandas desde los 14 años, se convierte a fines de la década de los años 1960 en uno de los fundadores del movimiento progresivo junto a King Crimson. También famoso por su singular técnica conocida como frippertronics.
Actualmente es considerado uno de los guitarristas más influyentes del rock de vanguardia, desarrollando un virtuosismo propio, técnico, superior e innovador que es notable respecto a sus contemporáneos colegas guitarristas de cualquier otra banda. Fripp está casado desde 1986 con Tovah Willcox, cantante punk y actriz. In the Court of The Crimson King, su memorable primer disco causó un gran impacto y los situó en primera línea de este género musical. Fripp fuel el líder indiscutible del grupo y su único miembro fijo (el cantante Greg Lake se marcho para formar Emerson, Lake & Palmer, a lo que siguió un movimiento constante de los miembros de la banda) hasta que el grupo concluyó su andadura en 1974.
A partir de ahí fue combinando colaboraciones con otros reputados artistas como David Bowie (Heroes (1977), Scary Monsters (1980)), Brian Eno (No Pussyfooting (1973), Evening Star (1976)) o Peter Gabriel con proyectos propios como Exposure (1976).
Su estilo guitarristico nace de la aproximación intelectual hacia la música, mas cerebral que emotivo en su concepción pero evidentemente, también destinada a generar respuesta emotiva al oyente. Para ello, a diferencia de sus comportamientos, se apoyó más en el estudio de escalas y estructuras musicales complejas que en la influencia de los anteriores guitarristas de blues clásico. Todo ello unido a una constante experimentación con la tecnología lo llevó a desarrollar lo que el denomina Frippertronics, un sistema basado en los magnetófonos Revox A77 en los que grababa distintas capas superpuestas de guitarra que le proporcionaban acompañamiento para sus solos y le permitían actuar completamente en solitario.
A principios de los ochenta revivió a King Crimson, secundado esta vez por Adrián Belew, Tony Levin y Bill Bruford, reinventando totalmente su sonido aunque manteniendo intacta la filosofía. De este nuevo período cabe destacar el excelente álbum Discipline, un auténtico pulso de guitarra experimental e innovadora entre Fripp y Belew.

Fuente: EcuRed

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Valoraciones de “El ladrón de rostros”

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Para alguien que hasta hace poco no se reconocía como escritor, es de agradecer que le dediquen tan hermosos comentarios.
Vaya pues mi agradecimiento más sincero a todas las que habéis dedicado esos minutos para ello y, como no, a todas y todos aquellos que de un modo u otro me habéis hecho llegar las sensaciones recibidas.
Gracias.

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Cuento a partir de unas palabras (3)

Palabras obligadas(Ver nota 1) Verbos: caminar, correr, amar, comunicar, estudiar.
Adjetivos: Rápido, lento, bonito, claro, tranquilo.
Sustantivos: Abuelo, árbol, justicia, envidia, caminante.

Aquello fue muy sonado y salió en todos los periódicos. Lo que apenas nadie sabe es que quien lo descubrió fue el abuelo un día que salió a caminar. Al volver nos contó que había visto al vecino corriendo escaleras abajo con unas maletas, y tan rápido que parecía perseguido por los demonios.

Al principio no le dimos importancia. El abuelo chochea un poco y le cuesta comunicarse. Así que asentimos y después cada cual siguió a lo suyo y nos olvidamos. Yo seguí estudiando, mi madre tan tranquila con sus cosas, mi padre cuidando de sus limoneros, unos árboles que eran la envidia de medio barrio ya que los había hecho crecer en el balcón de casa…

Solo el abuelo seguía en sus trece y nos decía que aquello no estaba claro, que si no nos habíamos dado cuenta del tiempo que hacía que nadie veía a Maite, la pareja del vecino. Estoy seguro de que ellos no se amaban, nos decía. Porque cómo se explica que no tuvieran hijos, sentenciaba, con lo bonito que es tener familia. Pues será porque no pueden tenerlos, papá, le respondía mi madre. Pero él, erre que erre, de forma lenta e inexorable nos iba metiendo dentro el gusanillo de la duda; como el caminante que te cuenta su viaje hasta que tienes la necesidad de repetirlo.

Y así fue, al final lo consiguió. Terminamos todos observando, indagando curioseando y, literalmente, presionándole para saber. Si mi madre coincidía en las escaleras les soltaba: “¿Dónde está su esposa?” o “Hace días que no veo a Maite”. Si era mi padre, le comentaba cosas del estilo: “Siempre le vemos solo, vecino…” y él, impertérrito, respondía con evasivas.

No me extenderé en cómo conseguimos suficientes pruebas. Baste decir que no actuamos con toda la legalidad necesaria. Pero qué queréis, la curiosidad llevó a mi hermana a colarse en su piso y a mí a meterme en su trastero y abrir un arcón frigorífico que allí había.

Ahora ya apenas es noticia. Ya casi nadie recuerda  a Alberto «el caníbal» ni las fotografías del congelador lleno de miembros ni las de las maletas ensangrentadas. La justicia hizo su trabajo y nosotros, ahora que tenemos tiempo, andamos indagando en Manuela, la vecina del ático. Hace meses que nadie ve a su hermana.

***

(1) Para un taller que voy a hacer en la escuela de adultos de mi ciudad propuse que los alumnos plantearan una serie de palabras. Con ellas construiría una breve historia.
Este es el resultado con las palabras del segundo grupo.

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Cuento a partir de unas palabras (2)

 

 Palabras obligadas

(Ver nota 1)

Verbos: Amar, llorar, comer, sentir, matar, pelear.
Adjetivos: guapa, alto, simpática, rancia, moderna, anticuada.
Sustantivos: perro, casa, bombón, montaña, zoo, viaje, avión, Cancún, sexo, pasión

Llegas a la escuela. Estás cansado. Llevas todo el día arriba y abajo peleando por conseguir algún trabajo. Pero es así como están las cosas. Es esta mierda de sociedad que desea que te mates con tus iguales por conseguir un sueldo que apenas te permitirá regalarle unos bombones a tu madre o salir un fin de semana con los colegas a la montaña.

¡Joder!, piensas, dan gana de llorar, si hasta los animales del zoo viven con menos preocupaciones que yo. Y mientras andas en esas cavilaciones aparece frente a ti, la escuela de adultos la Alzina. Un edificio anticuado y con aspecto rancio que lo único que tiene de moderno son las pizarras electrónicas que quisieron sustituir a las de toda la vida sin conseguirlo.

No tienes ganas de entrar. Para qué, te preguntas, y alargas hasta el último momento el acto de cruzar la puerta: te fumas un piti, te comes los restos de la bolsa pipas que te pasa tu colega y sientes el frío de enero que se te cuela por las perneras del pantalón. Y entonces llega ella, la única razón de que día tras día estés aquí. La miras y le dices un hola neutro mientras piensas en lo guapa que es. Después entablas una conversación trivial con la que pretendes hacerte el simpático sin conseguirlo. Qué le importa que tu perro sea un Beagle, que seas más alto que tu hermano o que en tu casa pongas el thrash metal de Death Angel mientras estudias mates. Pero sueltas esas banalidades porque no te atreves a decirle que la amas, que te come la pasión y que la calmas a base de un sexo solitario que quisieras compartir con ella. Cómo confesar lo inconfesable.

En vez de eso sacáis vuestros smartphone y huís de la realidad tecleando a esa nada luminosa. En un instante cada cual estará en otro lugar inexistente pintado de certeza: un Cancún idílico pero imposible, viajes irrealizables… un mundo visto desde un metafórico avión que os aleja más y más del suelo donde sucede todo.

Esa estupidez es la que te impedirá saber que, a poco que la miraras a los ojos y le tendieras la mano, ella te diría que de entre todos tú eres el escogido. Pero no, el hoy vacío se resolverá en otro mañana idéntico en el que una ventana de once por seis te escamoteará el mundo para que no lo mires, para que no sientas, para que no luches, para que no ames, para que no… para que no…

***

(1) Para un taller que voy a hacer en la escuela de adultos de mi ciudad propuse que los alumnos plantearan una serie de palabras. Con ellas construiría una breve historia.
Este es el resultado con las palabras del segundo grupo.

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Cuento a partir de unas palabras (1)

 

 Palabras obligadas Verbos: Dormir, hacer, correr, nadar, beber.
Adjetivos: guapo, malo, azul, fiel, alto.
Sustantivos: árbol, casa, lujuria, envidia, amabilidad.

Cerca de la casa, en el jardín trasero, tenemos un gran árbol. Allí es donde nos hemos columpiado de pequeños y bajo su sombra hizo papá las barbacoas más aclamadas de la urbanización.

Me consta, ahora me doy cuenta, de cuánta amabilidad regaló a todos y cada uno de nuestros vecinos, la mayoría de los cuales estaban corroídos por la envidia. Y es que para las malas personas no hay nada más envidiable que la felicidad ajena. Por eso los imagino, a ellos mirando a mamá, lo guapa que era; y a ellas mirando a papá, alto y delgado. Y todos ellos preguntándose cómo después de tantos años eran capaces de echarse aquellas miradas pícaras y cómplices.

Yo entonces no me daba cuenta de estas cosas, claro. Un joven tiene el centro del mundo en otros lugares y el mío era Maite, la vecina, la hija de los García. Ella era la que elevaba mis niveles de lujuria hasta límites insoportables. Ella era la que iba a la piscina a nadar vistiendo un bikini azul que apenas le cubría poco más que el pubis. Ella era la que, si salíamos a correr, se ponía un top que ofrecía toda la insolencia de sus pechos. Ella era la que después, cuando mi deseo conseguía apartar a mi timidez y me acercaba a tocarla, se hacía la esquiva argumentando que le era fiel a Ramón, su novio de la ciudad y el que sería su futuro esposo.

Han pasado los años y la vida me va sobre ruedas. Algo tan fantástico como llegar a casa y mientras me bebo una cerveza bien fría, mirar al jardín por la ventana de atrás y ver a Maite como columpia a nuestra hija.

Pero no todo es tan perfecto, porque a pesar de toda esa felicidad a mí me cuesta mucho dormir. Y ¿por qué?, os preguntaréis, pues porque noche tras noche se me aparece el fantasma de Ramón y me señala hacia el jardín trasero y el gran árbol para recordarme que en su base descansa su cadáver.

 

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