La ducha (un preludio)


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Es un día de calor, esos regalos primaverales con que nos sorprende el final del invierno. Por esa razón al entrar en la habitación del hotel, en vez de lanzarse a comerse el uno al otro, plantean la necesidad de una ducha.
Primero, desnudarse.
Lucas, rápido de reflejos, le saca el jersey a su amante, le desabrocha el sostén y libera los insolentes pechos de Lucía. Mientras los mordisquea, ella se desabrocha el pantalón y, antes de que pueda proceder a bajárselo lo hace él con una maniobra estudiada, en la que ha dejado su cara frente al sexo de ella, protegido todavía por las bragas. Prenda que Lucas se apresura a quitar con habilidad de relojero. Así, desnuda frente a él, acerca el rostro al pubis de la amada y lo huele con deseo. Para él es tan excitante ese olor íntimo de Lucía. De nada ha servido jamás que ella ponga excusas de suciedad, sudor u olores, porque el olor a “Ella” siempre está por encima del olor a los fluidos que todos desprendemos.
Así, desnuda, intercambian los papeles y es Lucía la que le saca la camiseta para dejar a la luz el vello suave que puebla su pecho. Mientras le besa las tetillas desabrocha el pantalón que cae al suelo por la propia gravedad. Desplazando su lengua hacia abajo, como si la acción necesitara alguna guía, le baja lo calzoncillos dejando frente a sí su pene casi flácido. Le encanta verlo en ese estado, casi inocente. También ella, la que tanto se quejaba, acerca el rostro a la ingle del amante para absorber su olor de hombre —es difícil olvidar que somos mamíferos y estamos sujetos a nuestro cerebro animal—.
Tras besarle la punta de la piel del prepucio se levanta, coge el pene con la mano derecha y se dirige al baño. Casi sin miramientos, entra en la cabina de ducha seguida por el propietario del pene que aferra en su mano y da el agua.
Mientras se adapta la temperatura se regalan el primer beso.
No es salvaje. Tampoco tierno. Solo es la certeza es que está envuelto de pasión y deseo.
Bocados suaves en los labios, batalla de lenguas para conquistar la boca del otro, bocados de labios con labios e incluso algún lametón salival sin mesura. Y mientras eso sucede las manos no saben estar quietas y juegan con la piel del contrario como si el mundo terminara hoy y ahí.
Metidos en ese juego mojan sus cuerpos y comienza la higiene.
Mientras Lucas se enjabona el cabello Lucía se llena las manos de gel de baño y procede a enjabonarle: los brazos, la espalda, los glúteos. En ese punto se detiene para introducir dos dedos entre las nalgas y enjabonar el ano a conciencia. Y todavía sin darle la vuelta llega a su escroto y lo agarra entre las manos apretándolo mientras se le escurre por efecto del agua y el jabón.
Lucas se da la vuelta para aclararse el cabello. Ella aprovecha para enjabonarle el pecho y bajar casi con prisa a aferrar su juguete, más alegre ya que minutos antes. Lo toma con una mano, baja el prepucio hasta dejar el glande engalanado para ella y lo enjabona con tanto mimo como si esa polla pudiera estropearse ante el menor maltrato.
—Ya estás limpio, mi amor —le dice.
Ahora es ella la que se deja enjabonar por él. Primero girándose y, apoyando las manos en la pared, ofreciéndose de espaldas para que Lucas le enjabone los sobacos, la espalda, el culo… Incluso aprovecha la postura para abrazarla desde atrás presionándole los pechos e introduciendo su pene erecto por entre las nalgas y los muslos. Lo que la lleva a entreabrir algo más las piernas y que él aprovecha para enjabonar y masajear el ano y la vulva.
Un “date la vuelta” dicho con voz entre deseosa e imperativa la hace girarse para entregarse frontalmente a él. Lucas, que siente predilección por la geometría triangular del sexo de Lucía, lleva su mano derecha a acariciar el pubis carnoso y los labios del coño, ahora hinchado por la excitación. Ella separa las piernas hasta descansar cada uno de los pies en el lateral del plato de ducha y cierra lo ojos. Su amante le introduce dos dedos dentro y comienza a moverlos con suavidad.
—Estás tan mojada por dentro como por fuera, mi amor —le dice mientras bebe el agua tibia que resbala de los pezones que chupetea con deleite.
—Pues esa humedad no es algo que aparezca así sin más —responde ella de forma entrecortada.
Callan. No necesitan decirse nada más. Él sigue acariciándole el coño y chupándole los pechos como el adolescente que se enfrenta por primera vez a una mujer.
Ella, como si el mundo se centrara en la entrepierna de Lucas, aferra los testículos con la mano izquierda mientras con la derecha le masturba al ritmo que le mandan los dedos de su coño.
Sabemos que no terminarán ahí. Las duchas entrañan mucho peligro. Sabemos, porque les hemos visto otras veces, que saldrán, se secarán el uno al otro y seguirán regalándose caricias hasta la cama, o hasta la terraza o incluso en esos silloncitos horribles que complementan los mobiliarios de las habitaciones.
Los dejamos solos. Sus gemidos finales de placer solo a ellos les pertenecen.

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2 respuestas a La ducha (un preludio)

  1. baaldemont dijo:

    El erotismo bien escrito siempre se agradece. Si en algún momento necesitas de una imagen para ilustrar alguno de tus relatos puedes escoger de mi blog la que gustes. Y si me das indicaciones, me complacería buscar en mi portafolio una que se ajuste a las necesidades (solo desnudos femeninos… lamentablemente). Todos los derechos serán cedidos, tú solo sigue escribiendo.

    • Manel Artero dijo:

      Gracias por esa primera frase, Baaldemont. Si algo ando intentanto, incluso con reescrituras, es salir del porno zafio y al uso. Persigo, además, no caer en excesivas florirutas poéticas de imágenes rebuscadas.

      Te tomo la palabra en lo relativo a las forografías.. Igual recojo alguna para describirla.

      Si quisieras contactar conmigo a un título más privado para comentar ideas creativas, posibilidades de cooperación… puedes hacerlo en este correo:
      bocacaracol@gmail.com

      Saludos.

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