Cunnilingus acompañado de Debussy


Fotografía del Blog “Bonsai con bayoneta”

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Se lo debía desde su último encuentro, el de la maravillosa masturbación a dos que se prodigaron. Hoy se lo ha recordado mientras subían al piso: «Me apetece muchísimo escuchar el “preludio a la siesta de una Fauno, Lucas». Lo ha dicho con esa sonrisa que solo ella sabe poner y que le sube la libido a cien. De ahí que tal y como han sobrepasado la puerta ninguno de los dos ha necesitado palabras. Ella ha ido al baño a prepararse y él a buscar el vinilo con la obra de Debussy. Después de mirar su duración, unos once minutos, lo ha colocado con cuidado en el viejo giradiscos Thorens, lo ha puesto en marcha y ha dejado el brazo posicionado en su lugar.
Lucía ha aparecido en el salón totalmente desnuda y Lucas, como le sucede siempre, se ha quedado prendado de la perfecta normalidad de todas sus formas y del equilibrio maduro de un cuerpo que ha parido y ha superado la infinidad de sinsabores que prodiga la vida por el hecho de vivirla. Le pide que se dé la vuelta para admirarla de espaldas. Claro que está lejos de un cuerpo de veinte años. Y mucho. Pero la ve tan hermosa solo por ser Lucía, por ser su amor otoñal y ofrecerse del modo que lo hace…
Le pide que se tumbe en el sofá que ahora irá él. Ella, que no había dicho una palabra, le dice ahora que puede hacer lo que le plazca con su cuerpo. Soy totalmente tuya, cariño, concluye con voz sensual y desde un acto de absoluta confianza.
Él, después de admirarla allí tendida y preparada para ser alimento de su pasión, deja caer el brazo que tras el primer golpe de la aguja con los surcos, da paso a la música. El sinuoso solo de la flauta coincide con un primer beso en los labios. Suave, apenas húmedo, la tarjeta de presentación. De ahí su boca emprende un viaje hacia el Sur. Primero van los dedos guía abriendo el camino, detrás ella tanteando con los labios ciegos. El trayecto errático parece imitar la melodía de la flauta: persiguiendo colmar los pezones, rodear sus aureolas o calibrar la textura de los pechos. No existe prisa, claro, pero no es lícito detenerse cuando el botín y la apuesta confluyen en la vulva aún lejana. Los dedos, hábiles exploradores, han sobrepasado el bosque que la delimita pero no se detienen, por más que ella les entreabra la puerta a su interior. Prefieren seguir por entre los muslos, alcanzar las rodillas, llegar a los tobillos y emprender un viaje de subida que recuerda al de una sierra cuando separa su objeto en dos.


Los dientes del amante comienzan a mordisquear la carne tierna del pubis mientras la mano derecha alcanza su objetivo y la izquierda se entretiene con sus amadas “tetitas”, así las llaman ello. Y mientras unos dedos conquistan pezones, otros investigan la receptividad del sexo que pronto será alimento de una boca hambrienta.
El juego ha llevado a Lucía a girarse hasta reclinar la cabeza al final del respaldo del sofá y ofrecerle al amante su vulva abierta y expectante. Lucas, como le sucede cada vez que la tiene ante sí, necesita un tiempo de éxtasis. Para él, el coño de Lucía es la culminación de lo hermoso. Le encanta la forma de mariposa de sus labios interiores que, casi al cerrarse, se ondulan como esos helados servidos desde un grifo.
Pasa un dedo entre ellos y los separa. Toma cada uno entre el pulgar y el índice y los extiende en todo su esplendor. Así, abiertos, ofrecen al visitante un norte deseado donde habita la perla del clítoris y, frente a él, la entrada de la vagina que se abre invitadora.
Vuelve al mundo real y decide darle un lengüetazo que va desde el ano hasta el clítoris. Ella se estremece. Después, dejando la lengua blanda, la pasa por entre los labios de uno y otro lado juntando los internos en un centro impreciso en el que parecen acurrucarse. Da otro lametón largo que los abre como las hojas de un libro. Toma uno de ellos entre sus labios y lo succiona como si fuera un chupete, luego el otro. Se aparta y mira hacia arriba, ve la cara de Lucía que le observa desde una media sonrisa. Vuelve a situar la cabeza entre los muslos y ahora pasa la lengua por los labios externos, algo hinchados ya. Siente en la lengua el vello incipiente que va saliendo y le rasca de manera agradable. Apenas comenzado el juego se aparta.
Ella lo mira recriminándole el descanso. Él no hace caso. Se yergue sobre las rodillas hasta alcanzar los pechos que tanto quiere. Y mientras habla con ellos los mordisquea con suavidad y chupa los pezones hasta que crecen y endurecen. Después rodea ambos pechos con las manos y los agarra elevándolos, devolviéndoles por un instante la insolencia que solo tienen a los veinte años. Ella le hace los comentarios habituales relativos a caídas, firmeza, blandas… él la hace callar acercándose a su cara, estampándole un apasionado beso en la boca y diciéndole que jamás critique a algo tan hermoso en su presencia. Aquí y ahora son mías, le dice, y son lo más hermoso que existe.
La autoestima de Lucía ha crecido tanto o más que el pene de su amante. Al levantarse para besarla ha podido notar en su entrepierna el bulto que la presionaba. Quieres metérmela, ha preguntado ella mientras él retoma la tarea. Le responde moviendo la cabeza de manera negativa y mientas chupa la piel que protege el clítoris. Eso la hace estremecer de nuevo. Con los ojos cerrados escucha una voz: Te voy a meter la lengua tan adentro como pueda, tesoro. Ella, como si deseara acudir en su ayuda, levanta ambas piernas y con las manos abre su coño y que quede lo más accesible posible para esa lengua deseada.
Lucas prepara una lengua ariete, un músculo apretado y duro que recuerda de forma vaga a un pequeño pene juguetón y nervioso. Observa cómo las manos de la amante, al separarse los labios del coño han permitido que la vagina también se entreabra y ofrezca. Así, con su ariete preparado, comienza un viaje en el ano, rodeándolo y apretándolo como si la lengua fuera capaz de abrirlo. Después se entretiene en la horquilla de la vulva hasta abrirse paso hacia lo más profundo que puede dentro de ella.
En algunos momentos, y este lo es, hay ligeras ventajas de la lengua frente al pene: su elasticidad y su incapacidad para permanecer quieta. Eso, en la entrada vaginal es un regalo que no debe desperdiciarse y que las buenas amantes saben agradecer. Es esa sensación de ser vivo la que está sintiendo Lucía, un placer extenso que la lleva a liberar sus manos para acariciarse los pechos en una necesidad de conectar tantos centros de placer como le sea posible.
Lucas acude en su ayuda cogiéndole los muslos y abriéndoselos para un nuevo cambio. Ahora es la nariz la que entra a curiosear en ella mientras la lengua ariete retoma su trabajo en el ano. Desde esa posición y respirando con cierta dificultad, la mira allá a lo lejos cómo amasa su otro juguete preferido. Se aparta. Necesita recuperar el aliento. Pero eso no le impide seguir acariciando a su amante con los dedos y las manos. Toma la botellita de lubricante que preparó al principio y le echa un buen chorro en la vulva para después, con la palma abierta, repartirlo y restregarlo de manera que no quede ningún punto con sequedad. Poniendo la palma hacia arriba le introduce los dedos: índice y medio, lo suficiente como para curvarlos dentro y comenzar un movimientos oscilante parecido a ese que hacemos cuando llamamos a alguien con un dedo. Estando así, acomoda la barbilla en la palma de la mano y comienza a trabajar con su lengua sobre el clítoris que esperó ansioso a este momento.
Lo hace repartiendo esfuerzos y maltratando, si negar y obsequiar pueden entenderse como maltrato, a su perlita encantadora. La lame, la chupetea, la pinza entre los labios… todo sin perder de vista la mano que juguetea por el interior de ella. Lucía, desde lo lejos, comienza a mirarle implorante. Él no se deja afectar. Prefiere juguetear escribiendo L.U.C.I.A con la lengua a lo largo y ancho de un coño que ahora rezuma deseo, necesidad de conclusión. Lo confirma una voz lejana y apenas audible que le pide que desea correrse. Sí, piensa, tal vez sea el momento de que concluya ese primer orgasmo tan necesario.
Abandona todo juego y se centra en los movimientos de la mano derecha que jamás salió de su encierro y que ahora recibe una nueva dosis de lubricante. Con la mano izquierda acaricia los labios externos, ahora hinchados. La boca, por su parte, se centra en el clítoris. Primero de forma suave y, a medida que la vagina va aprisionando sus dedos, incrementando el ritmo y la presión.
Ella, entre gemidos, utiliza una mano para levantar el pubis y ofrecer lo más posible su centro de placer. La otra la utiliza para apretar la cabeza de Lucas como si intentara quedárselo dentro de sí. Algo que es útil al amante ya que ella no puede evitar los movimientos de cadera y los ligeros espasmos que van apareciendo.
Por fin se deja ir en un grito ahogado al principio y fuerte al final sin dejar de apretar contra sí a su amante. Terminado el orgasmo todavía necesita un tiempo de retorno, como si toda ella se hubiera marchado a un lugar lejano del que no deseara volver.
Lucas sube hasta su cara para besarla y ella, en una muestra de pasión sin límites le lame la cara entera que está llena de fluidos y lubricante. Después, sustituidos los primeros por saliva se entregan a un cálido beso.
—¿Te apetece que te lo chupe de nuevo? —pregunta Lucas desde una sonrisa.
—Hasta que tengas calambres en la lengua, cariño —responde ella.
No cuantificaremos los orgasmos de esa tarde. Baste decir que el preludio a la siesta de un Fauno hace bastante tiempo que terminó y nadie le prestó atención.


Rudolf Nureyev en la versión de Nijinski (una delicia para la vista y el oído)
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2 respuestas a Cunnilingus acompañado de Debussy

  1. baaldemont dijo:

    ¡Electrizante relato! Complacido de ilustrarlo. 💓

  2. Manel Artero dijo:

    Gracias por la foto y por tus palabras.
    Reitero que si deseas aprovechar alguno de mis textos para ilustrar tus fotos, puedes tomarlo.
    Incluso podríamos probar de escribir algo a partir de alguna fotografía que propongas.
    Un saludo

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