El primer encuentro

La abrazó por detrás y empezó a mordisquearle el cuello. Primero con suavidad y a medida que ella se ofrecía, más y más fuerte, Ante esa aceptación subió uno de los brazos hasta cogerle un pecho. Le maravilló la dureza y su exacto tamaño que le permitía abarcarlo entero en la mano para apretarlo, primero con cautela, después a medida que lo reconocía, incrementando la presión. Apenas sin soltarlo cogió el pezón entre dos dedos y lo pellizcó incrementando la presión poco a poco hasta que ella respondió con un gesto de dolor que pronto se convirtió en placer. La respuesta de Désirée le puso a cien. Sin detenerse, pasaba de una teta a la otra repitiendo el mismo juego, apretando y cediendo. Mordisqueando cuello, cara labios. Las bocas de ambos en una batalla de lenguas y dientes.
Ella necesitaba formar parte activa del juego. Aprovechando que Lucas llevaba pantalones con cintura elástica, introdujo su mano agarrándole el pene y apretándolo como si deseara quedárselo. La fuerza con que lo estrujaba era proporcional a la que Lucas aplicaba en las tetas de ella. Ambos sentían el extraño placer que provoca un leve dolor en ese juego. De seguir tocándose de aquel modo podía correrse en cualquier momento.
La mano libre de Lucas aprovechó para deslizarse por debajo del pantalón y las bragas hasta alcanzar el premio, un coño deseoso que le recibía mojado y expectante. Forzó más la mano hasta meter dos dedos dentro de la vagina. Eso la obligó a entreabrir algo más las piernas y Lucas aprovechó para meterlos todavía más profundamente.
Ya no estaban cómodos. Los pantalones de él andaban medio bajados, igual que los calzoncillos. La ropa de ella no corría mejor suerte. Se soltaron para ponerse uno frente al otro y quitarse la parte superior de la ropa. Ante el regalo, Lucas se abalanzó a morder dulcemente los pezones que se le ofrecían. Ella casi le clavaba las uñas en la espalda mientras la recorría acariciándola con urgencia.
Así, medio desnudos, fueron al sofá, el lugar más cercano en el que acomodarse. Deésirée se sentó primero. Mientras él permanecía de pie frente a ella le quitó los pantalones y después los calzoncillos. En frente tenía a Lucas tal y como deseaba: desnudo.
Cogiéndole las nalgas con fuerza acercó la polla a su boca, primero chupeteándola, después lamiéndola y por fin introduciéndola entera en ella. Era el Cielo. Antes de correrse se salió de aquel paraíso salival para levantarla y así poder quitarle los pantalones y sentarla de nuevo. Después se arrodilló frente a ella situándose entre sus piernas para mordisquearle los pechos y bajar lentamente lamiendo y mordiendo cada espacio de piel hasta llegar al obligo y el vientre y el pubis aún cubierto por las bragas.
Necesitaba ver su coño, necesitaba conocer la intimidad de hembra que le volvía tan loco. Con la mano derecha apartó a un lado las bragas y descubrió la maravilla. Se lanzó a olerlo y a chuparlo entero. No era suficiente. De un tirón le bajó las bragas hasta los pies y se las quitó. Solo una deidad podía crear una hermosura como aquella. Dejó que sus dedos hurgaran por él. Ella no puso objeción a que metiera un dedo de la mano izquierda en su vagina, que después metiera otro de la mano derecha y que probara su elasticidad húmeda. En un intento infructuoso buscó meter la lengua dentro para extraer cada jugo que Désirée le regalaba.
Ella le tenía cogido por la cabeza y la apretaba invitándole a chupar más y más. ¿Quieres que te coma más el coño, cariño? Decía él con toda la cara impregnada de ella. Sí, pero también quiero probarte de nuevo, en mi boca, en la vagina… susurró ella de forma entrecortada.
Ahora fue él quien se sentó y ella quien llenó su boca de la polla de Lucas. Después, saboreado el hombre se sentó sobre él y lo introdujo para cabalgarlo. Para ser la dueña y señora de cada acción de cada cambio en la percepción de su placer.
Lucas enloquecía a cada embestida. Las bocas se mordían con furor y cada uno se anclaba en el pecho del otro. Désirée, en el punto de no retorno soltó un largo gemido y clavó las uñas en Lucas. Él notaba cómo los últimos espasmos de la vagina apretaban y soltaban su pene.
Ella, con la cabeza apoyada en el hombro de su amante, respiraba de forma cada vez más pausada, manteniendo la polla de Lucas aprisionada dentro, era su trofeo de carne y sangre. Concentrada en sentirle fue una sorpresa que él le preguntara si era multiorgásmica. Si lo eres me encantaría comértelo hasta que digas basta. Y tú, preguntó ella, ¿no quieres que te la coma?. Hoy no soy el importante, respondió él, hoy deseo que tu placer sea el mío. Es mi regalo, sentenció. Ella, algo aturdida aún, aceptó. Liberó a su juguete de sus entrañas y se sentó.
Aquí no, dijo Lucas, vamos a la cama.
Ahora, más calmados, pudieron acercarse a la habitación abrazándose el uno al otro. Ya en ella Lucas le pidió que se echara boca abajo y se relajara lo más posible. Puesta de ese modo tomó una botella de aceite, le echó un poco por la espalda y el culo y empezó a masajearla: primero toda la espalda, después las nalgas y bajó hasta sus pies para subir de nuevo. En ese regreso se detuvo para introducir una de sus manos por entre las piernas hasta hurgar de nuevo entre las dos nalga hasta llegar al delicioso coño que pronto volvería a degustar.
Date la vuelta, pidió ahora. Désirée, entregada a un placer tan dulce se dejó hacer. Lucas repitió la liturgia: fue echando un fino hilo de aceite por los pechos y la barriga hasta llegar al pubis. Tomó cada una de las tetas y las amasó mientras se le escapaban de las manos. Después fue bajando en círculos hasta llegar a la entrepierna. Ella se le abrió deseosa. Él se entretuvo en masajear cada labio de la vulva, movió en círculos un dedo índice sobre el clítoris deseoso y aprovechó para introducir los dedos en ella degustando su creciente humedad. Dedicaba todo el tiempo del mundo a la caricia, mirando la cara de su amante que gemía con los ojos entrecerrados.
Ella, por su parte, había comenzado a jugar con el pene y los testículos, apretando uno, estirando los otros. Cuando iba a metérsela de nuevo en la boca Lucas le pidió ponerse él debajo y ella encima en posición de 69. Quería sentir como la mujer le restregaba el coño por toda su cara, cómo jugaría a absorber su nariz dentro de ella mientras le permitía chuparle todo el clítoris descubierto de su funda de piel. También en esa posición le facilitaba el acceso al pene para que pudiera jugar cómodamente con él.
A medida que uno y otro se degustaban aumentaba el descontrol propio de la circunstancia: de un lado sentir el propio placer y del otro no abandonar las caricias al otro. Cuanto más le chupaba el clítoris, más profundamente se la chupaba ella. Cuanto más adentro le metía la lengua en la vagina, más le apretaba ella los huevos. En este juego Désirée consiguió tener dos orgasmos más, hasta que dijo basta y abandonó la postura situándose al lado de Lucas.
Pásame ese aceite tan bueno que usas, dijo ella. Tomó la botella y echó un buen chorro sobre la polla. Ahora es mi juguete, empezó a hablar mientras lo agarraba con una mano, ahora tu polla y tus huevos son míos y puedo hacerles lo que me apetezca, continuó mientras con la otra acogía todo el escroto y lo masajeaba.
Así, rítmicamente, apenas sin pausas, fue masturbándole, sintiendo como el falo latía bajo la influencia de la mano. De tanto en tanto se lo metía en la boca y lo trataba como a un helado en verano. Lucas, en esa postura, le metía un dedo en la vagina para recordar lo hermosa que era.
Ya no podía más, le dijo que iba a correrse y que si seguía chupando de aquel modo lo haría en la boca. Ella, con toda la calidez del mundo preguntó: «Tú ¿dónde quieres correrte?». Donde te sea más cómodo, fue la respuesta. Nada cambiará el resultado… Désirée siguió jugando con su juguete hasta que Lucas tuvo un orgasmo que le obligó a arquear el cuerpo. Hasta casi salirse de sí mismo. Necesitó unos segundos para retornar a la habitación, al lado de la amante.
Después se quedaron tumbados en la cama, charlando, viendo una luna llena que se asomaba a curiosear. Él jugueteando con los pezones o con el pubis de su amante. Ella con el pene encogido y relajado de él.
Había sido la primera vez.
Tal vez vendrían otras.

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