La lluvia y tú

Vistos desde la cama, los goterones parecen cobrar vida al suicidarse contra el pavimento. Míralos, recuerdan a bailarinas dibujando una coreografía a juego con el golpeteo de la lluvia. Saben que van a morir y a pesar de ello sientes su alegría.

La nieve es otra cosa, claro. Es lluvia que se lanza desde el cielo con paracaídas blanco y al llegar a tierra se amontona sin saber a dónde ir.

El ruido me recuerda que afuera sigue lloviendo, ahora con más violencia. Me pregunto si las gotas ríen mientras se despeñan. Es imposible saberlo, claro, pero lo que sí hacen es cantar. La lluvia nos regala esa salmodia rítmica que la acompaña al estrellarse sobre todo tipo de superficies.

Ella no lo sabe, pero una vez me regaló otro instante irrepetible: la intensa hermosura de un crepúsculo rojizo del mes de mayo envuelto en llovizna suave.

Claro que igual me engaño.

Igual no fue eso sino el hecho de que entonces tú estabas a mi lado.

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