El mejor regalo: análisis del ladrón de rostros hecho por un lector

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Hola otra vez, Manel. Ya terminé de leer la novela. He tomado algunas notas mientras lo hacía, pero voy a sintetizar lo máximo posible para no revelar mucho de la trama a otros posibles lectores. Después de releer los primeros tres capítulos, y con la llama del misterio de nuevo encendida, no he podido evitar sentir cómo mi interés por este decaía poco a poco, aunque esto probablemente sea más culpa de mis vicios a la hora de leer que de la propia narración.

Me explico: La primera parte la dedicas principalmente a desarrollar a los personajes, especialmente a Alba (la protagonista), desde su reciente ruptura sentimental con Juan, pasando por su decisión de inseminarse, tanteando después su relación con su madre y dejando retazos de un pasado traumático.

También presentas a Óscar y exploras su relación con Alba, sus pasados juntos y las emociones que sienten el uno por el otro. Todo, tengo que añadir, de forma muy fluida y logrando con creces el objetivo de enriquecer a los personajes y ayudar al lector a empatizar con ellos. Pero en cierto punto (allá por el cap.7), no he podido evitar tener la sensación de que el misterio quedaba relegado a un segundo plano.

Es cierto que alternas partes de la narración de Diego y colocas un par de piezas aquí y allá para mantener la investigación presente (el contacto inicial con Óscar y el de este con Anabel), pero en ese momento el polo ya se había invertido en mi cabeza y había pasado de entender la historia como un thriller con toques de drama, a un drama con toques de thriller. No lo digo como algo negativo, porque tu naturalidad a la hora de narrar tira de la historia hacia adelante sin que se pierda un ápice de interés, sino como una advertencia del doble filo que supone crearse determinadas expectativas.

Dicho esto, tengo que darle un sobresaliente al relato de Diego. Las piezas que incluyes a lo largo del texto son prácticamente una novela dentro de una novela, y me han parecido lo mejor de esta primera parte. Y eso a pesar de que en la escena de la bañera (Sí, esa) habría preferido quedarme con lo implícito (que se ve venir), más que con lo explícito. Pero bueno, entiendo que la crudeza de la descripción ayuda a dibujar aún con más claridad la perturbada psique de Diego.

En la segunda parte es cuando la trama se dispara y el thriller comienza a brillar. Lamentablemente, haberme leído en mi adolescencia toda la colección de Agatha Christie me ayudó a imaginar cuál podría ser la identidad de Diego al acabar el cap.18. A continuación, el relato de éste se vuelve espeluznante y revelador en el cap.19. De lo mejor de la novela.

Después de esto conocemos a Makoki y al equipo de investigación que le endiñan a Óscar, y es cuando todo comienza a acelerar. Me ha gustado mucho el personaje de Santos. Quizás porque solo lo presentas con un par de pinceladas (El caso de corrupción que narra Marquina y la conversación con Elías sobre su familia en el bar en el cap. 28), y eso me ha dado más libertad para moldear el resto de su persona a voluntad. Por cierto, ese capítulo lo anuncias como “Óscar- 3 de septiembre”, pero es una escena del equipo en comisaría y después en el bar. Óscar solo aparece en una breve conversación telefónica con Santos, al que sigue el narrador. ¿No debería de ser “Santos- 3 de septiembre? De ese capítulo, me quedo con la escena en la que, tras descubrir la ubicación del gabinete de abogados de Ponferrada, Santos pide un mapa esperando un papelote desplegado sobre la mesa y Conchi le abre el Google maps. No sé porqué pero no he podido dejar de reír.
Ya resuelta la trama, entramos en la tercera parte, y aquí solo me quedan por añadir dos detalles que me han encantado. Primero, el ímpetu de Óscar para no volver a perder a Alba una vez más. Su empecinamiento en quedarse dando vueltas sin rumbo por Ponferrada, su insistencia en que Santos y el equipo siguieran investigando, y su último arrebato, yendo al pazo —yo me lo he imaginado más como una de esas mansiones de estilo neogriego de las plantaciones de Nueva Orleans— sin refuerzos, algo que acaba por resultar crucial para el desenlace. Lo segundo es cómo, tras éste, dejas deslizarse la conclusión final como en una suave pendiente, añadiendo las escenas del hospital, las exhumaciones y finalmente la carta de Judit para que el ocaso de la historia decelere de forma natural. Un acierto.
Una novela redonda, muy entretenida y que engancha de forma progresiva. De lo más publicable que he leído en mucho tiempo, sin duda. Se aprecia el trabajo y el buen hacer que hay detrás. Imagino que ya estarás metido de lleno en la segunda parte, así que espero poder disfrutar de ella pronto. (Por cierto, te he dejado una reseña, pero no creo que la publiquen por la política de Amazon de “paga primero 50 euros, comenta después”) Un saludo, Manel y enhorabuena. Tienes una joya entre manos.

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