No existo en el face… así que “Bon vent i barca nova”

Soy selectivo y solo tengo 270 amigos en Facebook. En el mundo real no lo sé porque albergo muchas dudas. Si sé, no obstante, que todos los del mundo real están en ese cómputo. Pues bien, el día 16 de mayo a las 12:09 horas colgaba de mi muro del Facebook lo siguiente: 

Ayer ya me acosté con una cierta tristeza. No me hago entender, no entiendo a los demás y no sé muy bien qué sigo haciendo aquí.
Solo me faltaba levantarme y encontrarme con esto.

Puta mierda. (1)

(1) Nótese en el subrayado la manifiesta negatividad del texto

Sí, no estaba demasiado animado, lo reconozco. Estaba dolido. Hacía poco había pedido un favor a la gente y no me había sentido respaldado por apenas nadie. Los que menos, aquellos que deberían haber sido los que más. Una vez publicado y viendo los comentarios de la gente caí en la cuenta de que le había añadido la noticia de la muerte del gran Julio Anguita. Fue un error garrafal, por supuesto, la noticia ensombrecía mi estado de ánimo y eso llevaba a mis amigos a no caer en la cuenta de lo primero. Entonces, eran las 13:28 horas, decidí hacer otra entrada en la Red Social con un contenido parecido pero con una acción radical —al menos eso entendí yo para mis adentros—. Su contenido rezaba del siguiente modo:

 

Ayer ya me acosté con una cierta tristeza.

No consigo hacerme entender. Eso debe significar que no entiendo a los demás y, por tanto, no sé muy bien qué sigo haciendo aquí.

Así que desaparezco durante unos días antes de tirar la toalla definitivamente.
Quien desee ponerse en contacto conmigo puede hacerlo mandándome un correo a
: bocacaracol@gmail.com

 Bon dia a tothom (2)

 (2) Nótese en el subrayado la manifiesta negatividad del texto

Hecho lo cual cerré mi página a la espera de la llegada de algún correo preguntando qué sucedía, cómo estaba, si iba a suicidarme o si estaba enfermo de nuevo.

Pues cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto pasar los días y no he recibido nada. Y no solo eso, es que he abierto mi página para ver que no hubiera sucedido nada extraño y he podido confirmar que de 270 amigos, incluyendo a todos esos amigos considerados “de verdad”, solo había acumulado dos “Me gusta”.

Eso, claro está, me ha llevado a reflexionar. A preguntarme dónde reside el problema. Veo gente que comparte estupideces, vídeos de gatos, de niños cagando, de ridículos ajenos; fotos de gatitos, a su prima en bragas, fotos de comunión, el típico “tal tal tal gilipollez superlativa” asociado a su respectivo  “pásalo” ¡Y les funciona! Y ves que alguien pone “me ha salido caspa en los cojones del aburrimiento” y tiene cientos de comentarios y “me gusta” y risitas y corazones y cagallones de colores y gif’s animados…

Por supuesto que estoy acostumbrado a que mi mundo es la palabra, me enrollo como una persiana y trato temas de poco tirón. Eso no es atractivo para la mayoría de mortales. Es como si me dedicara a hablar de la metafísica de las cucurbitáceas, la vida religiosa de los bonobos o la ética de san pablo. Pocos likes produce eso. Es lo que es y punto.

También sé que si pones un texto más largo del que la media es capaz de absorber: no más de tres líneas, estás perdido. Nadie va a leerte. Nadie se va a parar a analizar los distintos sujetos, verbos y predicados. Estamos entregados a la inmediatez de lo banal y no nos compliques la vida.

Pero evidenciar que realmente nadie le importa a nadie. Hacer un experimento y que te dé un resultado tan brutal, le pone a uno las cosas claras en cuanto a cuál es el presente y peor, le sirve para apostar sobre el futuro.

No quiero imaginar que alguien necesite ayuda de verdad. Como no lo haga a través de un selfie de apollargao, con un vídeo en el que le esté cortando el cuello al gato o con un texto de no más de tres palabras rodeado de corazones atravesados por puñales, acabará tirándose por la ventana.

La parte más positiva: que si hace tiempo me liberé de la caja de odio que representa twitter y la tontería de linkedin, ahora puedo dar por terminada mi etapa en Facebook. Al menos por el momento.

Adios y a cascarla.

Para quienes deseen contactar conmigo arriba tienen mi correo.

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