Susana y los viejos — Artemisa Gentileschi

LA OBRA

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EL ORIGEN

La pintora Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1593. Fue la primogénita y única hija del pintor toscano Orazio Gentileschi. Y podría ser considerada —al menos por muchos lo es— como una de las primeras feministas reconocidas de la Historia.

En aquella época incontables artistas viajaban a Roma a buscar trabajo, pues era un lugar donde había un gran interés por la pintura, las restauraciones y proyectos artísticos de toda índole.Uno de ellos fue un tal Agostino Tassi, paisajista, que pronto simpatizó con Orazio Gentileschi.

Fue en 1611, cuando Artemisia tenía18 años, que Tassi, aprovechándose de la confianza de la familia, la violó.  Años más tarde la propia Artemisa lo contaría de este modo:

«Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no gritara (…). Yo le arañé el rostro y le tiré del pelo”.

Esta angustiosa experiencia cambiaría la vida de la pintora. No solo en lo relativo a la propia agresión sino en el hecho de que la opinión pública casi nunca se ponía de parte de la víctima. Máxime si esta no había terminado martirizada como sacrificio a dios. Pero Artemisia, siempre apoyada por su padre y tras una dura lucha, consiguió que Agostino Tassi fuera declarado culpable.

¿La condena? tan solo el exilio de la ciudad de Roma. Lo cual nos enseña que los jueces de entonces apenas difieren de los de ahora en cuanto al respeto por la dignidad de las mujeres

 

LA PALABRA

He vivido en mis carnes el profundo asco de ser sometida y profanada por un hombre. Viví el dolor del acto y la vergüenza posterior de haber de demostrarlo. Eso me ha cambiado. Siento un profundo asco por los hombres y un odio sin costuras hacia la mayoría de ellos.

Gracias a mi padre que me creyó desde el principio, y gracias a que acordó mi matrimonio con un hombre bueno que me respeta como persona que no he terminado con mi vida porque he comprendido que por mucha maldad que exista en la mayoría, siempre quedan almas buenas. Por ellas merece la pena la vida. Y por la posibilidad de pintar. Pues es a través de la pintura que encontré la posibilidad de expresar todos mis miedos: a ellos y a mí misma, a través de ella.

Eso sí, mi visión del arte ha cambiado. Mis temas no son los propios de una mujer ni lo es el modo de expresarlos. Pero no sé hacerlo de otro modo. En mis cuadros necesito sangre masculina. Porque es a través de esa sangre falsa que evito derramar sangre cierta. La mayoría no merecerían otra cosa. Pero de ello solo nos damos cuenta las mujeres, las dolientes mujeres, las víctimas débiles de una ciudad en la que prevalece lo masculino por encima de todo lo demás.

Míralos. Solo míralos y te darás cuenta. Si una mujer pasea sola y a la luz del día por cualquier mercado o se detiene en cualquier plaza para refrescarse en su fuente, siempre, de manera invariable, aparecerá un hombre, o varios, y babearán sobre ella, si no le hacen algo peor.

¿Por qué ese desprecio por la mujer, qué sentido tiene destruir la belleza de ese modo, qué moral tan laxa habita en ellos, en todos nosotros, que casi siempre perdonamos al culpable y señalamos a la víctima? ¿Dios nos hizo de este modo? Si eso fuera verdad solo significaría que ese dios es hombre y que nunca estará al servicio de las mujeres. Algo terrible.

Pero poco puede hacer una mujer sola, en mi caso pintar obras que expresen su desdén, su absoluto desprecio y su más intenso odio por todos y cada uno de aquellos que nos hacen mal. Que mi obra sirva para un futuro mejor a las que vendrán luego.

 

BONUS

Susana decapitando a Holofernes

Susana decapitando a Holofernes

 

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