Lacrimosa dies illa

EL SONIDO

 

LA PALABRA

[…]

Dios, para qué me diste el genio si ibas a arrebatármelo tan pronto. Tan solo soy un ser débil que desconoce tu plan y a quien toca cumplir tus designios.

 Los dos sabemos que no he tenido una vida virtuosa, pero pagué con creces mis malas acciones aceptando todas y cada una de las enfermedades que me mandaste. A pesar de ello y de todas mis debilidades humanas jamás me he considerado malo. Ni te he pedido cuenta alguna. Y si he hecho buena música es porque siempre pensé que tú eras quien guiaba mi mano.

Me come la fiebre, Dios mío, y mi cuerpo está cubierto de pequeñas protuberancias por las que se niega a salir mi mal. El antimonio que tomo no mitiga el dolor ni baja la fiebre que me consume y el trabajo se me hace insoportable. Dame fuerzas para que este encargo, que sé que será el último, pueda llegarte a ti como una ofrenda de este pobre pecador.

[…]

Podemos imaginar a Wolfgang luchando día a día contra la muerte, sabedor de que ese último encargo no va a ser terminado por más que luche. Mientras trabaja comprende que esa misa de réquiem que le encargaron será su propio oficio de difuntos. La fiebre le mantiene en cama, tiene alucinaciones, el antimonio que toma con la intención de que le baje la fiebre, le envenena más y más. Llama a Constanza y le cuenta. Le dice que está siendo envenenado, que esa obra que escribe está hecha para sí mismo. Lucha. Pero pierde cada combate. Junto a él está Süssmayr que le ayuda en las trascripciones al papel ya que el genio no tiene fuerzas.

Transcurren los días. El Introito está terminado, lo mismo que el Kyrie. La salud merma por momentos. La construcción de la Sequentia está en marcha: Dies Irae, Turba mirum, Rex tremendae, Recordare, Confutatis…llega por fin el Lacrimosa y nos imaginamos de nuevo al moribundo.

Transcribe los dos primeros compases introductorios de la orquesta. Le describe a Süssmayr los dos siguientes ya con el coro cantando “Lacrimosa dies illa”. Es en ese momento que comprende que ha llegado el final. Es el instante sublime en el que susurra a su discípulo los cuatro últimos compases previos a su fin. Cuatro compases en los que construye una escalera de quince notas que le acerque más al cielo si ello es posible. El texto, como una premonición dice: Día de lágrimas aquél en que resurja del polvo para ser juzgado el hombre reo. La voz soprano asciende cantando: Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do, Re, Mib ,Mi ,Fa, Fa♯, Sol, Sol♯, La. Dos horas después abandona este mundo para emprender viaje hacia el Cielo.

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2 respuestas a Lacrimosa dies illa

  1. rexval dijo:

    Per favor, Manel, esborra la meua intervenció que m’he enganyat i ja escriuré la correcta.
    Gràcies.

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