Carta a los responsables del suicidio de una mujer

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Obrero responsable de la muerte de una mujer,
Llevo días pensando en ti y dándole vueltas a cómo debe ser tu vida personal: ¿Tendrás un hogar, tendrás amigos, novia, estarás casado, tendrás hijas, te reunirás con otras parejas amigas…? ¿Le regalarás un abrazo de amor a tu madre, besarás a tus hijas antes de que se duerman, abrazarás a tu pareja con ternura, darás un par de besos a las esposas de tus amigos al recibirlas y al despedirlas…?
Pienso en todo eso y no me cuadra con quien has demostrado ser. Porque, no nos engañemos, ni siquiera eres de los que saldrán a reconocer su responsabilidad en la muerte de una mujer. No tienes los cojones necesarios para eso —y fíjate que hablo de cojones y no de hombría, porque para eso uno debe ser hombre y un hombre jamás compartiría la privacidad de nadie—. Y es entonces que me doy cuenta de que tú y tus compañeros sois de otra calaña. Tú eres una criatura que, amparada en el anonimato y la fuerza que da la manada ni siquiera sientes la menor culpabilidad. “Total, qué era esa que se ha suicidado”, pensarás con tu cabecita. Pues te aseguro que para muchas y muchos, la víctima de cuya muerte eres responsable, era una “Mujer”, y por encima de eso era un Ser Humano”; y era también una madre, una esposa, una hija, una hermana, una amiga… pero claro, para ti y los que son como tú eso se escapa al entendimiento Para ti, así lo has demostrado, seguro que “solo era una guarra, una hembra, una serie de agujeros por donde follártela y trozos de carne donde apretar”; simplemente eso. A esa inmundicia se reduce tu visión del mundo.
Eso me lleva a concluir que si pensabas eso de esa mujer que ha muerto por tu causa, piensas lo mismo del resto de mujeres. Y entonces te imagino imaginándote a tu mujer como el pedazo de carne al todos desean follarse mientras graban el evento para compartirlo con los colegas —siempre de manera inocente—. Te imagino imaginando a tus hijas como muñequitas sexualmente apetecibles y merecedoras de que su casta desnudez sea conocida por todos… Te imagino imaginando a tu madre y a tus hermanas, todas y cada una de ellas como pedazos de carne apetecibles que merecerían formar parte de determinadas videotecas… Porque, no te engañes, si compartiste el vídeo de una mujer, es porque piensas que todas las mujeres, incluidas las de tu entorno familiar merecen ser tratadas del mismo modo.
Por suerte no todos somos como tú, triste machorro cobarde, que necesita convertir a otros seres humanos en “cosa” para aceptarse. Somos muchos los que no deseamos que a ninguna mujer se le haga lo que has hecho tú, ni siquiera a las de tu entorno, que no tienen culpa de tenerte cerca. Pero tranquilo, no estás solo, siempre te acompañarán tus compañeros de la empresa, los toreros y esa caspa hispana que tanto daño ha hecho y hará a la libertad de las personas.
Perdóname que no me despida.

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