Entre Dios y la locura (Cuento casi bíblico)

Mamá tenía razón cuando me decía papá está raro, lleva un tiempo que parece estar en otro lugar, e incluso a veces parece que hable solo. Yo entonces no le hacía caso. A diferencia de otros muchachos de la aldea, siempre me he sentido muy vinculado a él: trabajamos el campo juntos, juntos cuidamos a los animales y el poco tiempo libre que Dios nos da lo dedicamos a repasar las Escrituras.
Por más que intenté explicárselo no había modo de hacérselo entender. Y era inevitable que, de tanto en tanto, me cogiera del brazo y me arrastrara hasta donde estuviera él. Mírale, solía decir, ahí lo tienes, mirando por el ventanuco a ninguna parte y hablando con la noche.
Pero si mamá vivía empecinada en lo suyo, yo no dejaba de reiterarle una y otra vez que lo que ella creía soliloquios de enfermo no eran otra cosa que rezos; una comunicación con Dios que ella, como mujer, tenía negado entender.
Pero como dije al comienzo, y si nada cambia, mamá habrá tenido razón. Y a mí me habrá costado tanto darme cuenta que tal vez sea ya demasiado tarde. Y mira que debía haberlo imaginado cuando hace unos días me dijo que debía acompañarle a ofrecer un sacrificio al Señor. Es el tiempo de las mieses y no podemos dejar que se pierda la cosecha, moriríamos de hambre. Así se lo hice ver, pero él, al igual que hace siempre, me contestó que así lo quería Dios.
Hoy, que andábamos por el tercer día de deambular montes, todavía no nos habíamos provisto de ningún cordero. Yo, hijo obediente, no abría la boca —Cómo un hijo va a ofender a su padre cuestionándole sus actos—, pero viendo que ya habíamos dejado atrás el asno, quedándose a cargo de los dos hombres que nos acompañaban, y ascendíamos la montaña, me he atrevido a preguntar: Padre, cómo es que hemos recogido leña, llevamos los enseres y el cuchillo ceremonial pero no hemos traído ningún cordero. Él, con el semblante serio, ha seguido en sus letanías sin responderme.
Ahora, ya en la cima, me ha ordenado tumbarme sobre el altar de piedras que he construido y me ha dicho que Yahvé le ordenó ofrecer a su hijo Isaac en sacrificio en vez de un cordero. Yo, hijo obediente y siervo de Dios, he debido aceptar sus designios y me he tumbado a esperar sin entender otra cosa que la llegada de algún ángel que me salve…

Interludio

No es normal que un narrador se inmiscuya en su relato. Pero en este caso es necesario que quien cuenta desee dejar al amigo lector la posibilidad de elegir entre dos finales. No por un banal narcisismo que demuestre mis capacidades narrativas, ellas son las que son y no hay más oficio. Es más bien porque incluso a mí me invade la duda de cuál de las dos posibilidades planteadas pudieran haber sucedido en ese improbable episodio que os transmito.
Dicho esto, que vengan ya esos dos desenlaces.

Desenlace uno

El tiempo pasa y pienso y cuestiono y dudo, cada vez más. Percibo que llega la hora y no aparece ningún ángel. Ni siquiera Dios, ese dios al que tanto hemos rezado, se decide a aparecer y detener esta locura. Ahora, en este sublime instante de la muerte, solo veo a un anciano loco llamado Abraham que levanta un cuchillo feroz hacia el cielo.
Y solo veo el resplandor de la muerte que centellea en su hoja.
Y solo veo que ya nada vaya a suceder salvo lo inevitable.
Y lo estúpido de mi fe.
Y su locura.
Y zas.

Desenlace segundo

El tiempo pasa y pienso y cuestiono y dudo, cada vez más. Percibo que llega la hora y no aparece ningún ángel, ni siquiera Dios ¿Dónde esta ahora ese Dios al que tanto hemos rezado? ¿Forma parte del alma enferma de quien es mi padre? Si ello es así es que no hay tal Dios de bondad y que mamá tenía razón, siempre la tiene. Siempre es ella la que nos lleva adelante, la que trabaja, la que sufre, la que soporta los exabruptos de este monstruo llamado Abraham al que yo, pobre estúpido, llevo escuchando desde que tengo uso de razón.
Y apenas me queda una posibilidad tras el centelleo de la hoja del cuchillo.
Y apenas me queda tiempo de coger una piedra antes de lo inevitable.
Y parar esta locura.
Y zas.

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2 respuestas a Entre Dios y la locura (Cuento casi bíblico)

  1. rexval dijo:

    Muy buena tu escritura. El tema no es nuevo para mí. Saramago lo trata en uno de sus libros y trata de “hijo de puta” al padre capaz de matar a un hijo obedeciendo o no se sabe quién a su fanatismo, esquizofrenia u otro tipo de locura. El portugués trata con mucha gracia antirreligiosa estos temas que le valieron el anatema en la católica Portugal – más que España -. A su muerte, Il Corriere de la Sera, diario oficial vaticano, lanzó sobre quien ya no podía defenderse toda una serie de perlas. Que les den, que no pudieron impedir que le concedieran el Nobel en su tiempo. Hoy, algún fascista beato lo acusaría de “ofensa a la Iglesia católica” ante algún juez de su cuerda.

    Por otra parte, no hace mucho aún estaba en activo. Tenía un grupito de niños paquistaníes de 6 a 8 años. Estaban contentos porque era el día del Cordero, relacionado con la copia que hizo Mahoma del Antiguo Testamento. Alá le ordenó a Abraham ofrecer a su hijo Isaac en sacrificio en vez de un cordero. Hasta que el sadismo del fanático es frenado por un ángel y aparece un cordero en escena. El niño, precioso a sus 7 años y contento por los dulces y regalos, me repetía una y otra vez que si no llega a aparecer el corderito el hijo habría muerto. Lo repitió tantas veces como quizá en la mezquita se había hecho. Ese día sacrificaban un cordero ritualmente y se lo comían. A los niños les daban dulces según la receta de su país y quien tenía padres con dinero recibía un juguete o unas monedas. Eran sus reyes magos y daba gusto verlos tan contentos. Todos los niños son iguales. Les engañan y los queremos porque para eso están, para ser queridos. Un día no volvió a clase y jamás lo volví a ver. Era un niño con preciosos ojos de almendra y un gran corazón, siempre ayudados a los demás. Ojalá haya sido y sea feliz. Su sueño era una bicicleta, pero su cordero tan solo le llevaba unos dulces y unas monedas.

    Regí, maestro jubilado.

  2. Pingback: Dispuesto a matar a su hijo por Dios. | EL CAVALLER DEL CIGNE ciutadà valencià de nació catalana //*//

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