Cáncer colorectal: preparar la colonoscopia

Vas al hospital, llega tu turno y entras a la consulta. Tú te esperabas a un médico que te contara las cosas con todo detalle, pero te atiende una enfermera Una persona cordial, que no se ahorra una sonrisa y que intenta transmitirte toda la calma del mundo. Te cuenta cómo es esa nueva experiencia y te explica cómo debes hacer la preparación con el brebaje que deberás tomarte para hacer una limpieza de intestinos que los deje pulcros para ser explorados.
Tú le preguntas por lo que en realidad te interesa; quieres saber la importancia de ese rastro de sangre que se detectó en la analítica, quieres saber la incidencia que puede tener en esa posible enfermedad. Pero no puede decirte nada porque nada sabe. Lo único que te dice es que estés tranquilo porque ya verás como esto no será nada y que hay un alto porcentaje de pacientes que terminan la colonoscopia sin tener nada serio. Lo que ya sabías, solo que a nadie parece preocuparle que a ti te preocupe estar en lado incorrecto de la estadística.
La cosa es que te marchas a casa, te lees los papeles con las instrucciones y cuando llega el momento preparas la botella de líquido.
Todo perfecto salvo que nadie te dijo lo inmundo que era ni lo difícil que sería tragarlo —y mira que soy bueno para los medicamentos—, pero ese, no sé porqué, es horrible. Ni Mary Poppins sería capaz de convertirlo en algo llevadero. Pero te lo tragas y punto. Dos botellas de litro y medio si no recuerdo mal.
En todo el tiempo que ha pasado y debido a la incertidumbre, ya te has adelgazado algo. Ahora debes estar sin comer y sacando de tu interior hasta el alma, caso de que la tuvieras. Viajes y viajes a ese inodoro que se ha convertido en tu enemigo. Y sí, cada tanto en tanto sigues dándote ánimos diciéndote que ya verás, que llegarás allí, que te sacarán algún pólipo y después para casa.
Ahora, limpio por dentro como no habías estado ni en tus peores gastroenteritis, ya preparas todo para ir al hospital a que te miren ese interior que tanto te preocupa.
¿Nervioso? Pues sí, para qué engañaros.
Llegas al lugar y, como no podía ser de otro modo, un personal encantador, te acompaña al box para que te cambies y te tumbes en la camilla. Ya no hay vuelta atrás. Vienen a buscarte.

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