Cuento a partir de unas palabras (3)

Palabras obligadas(Ver nota 1) Verbos: caminar, correr, amar, comunicar, estudiar.
Adjetivos: Rápido, lento, bonito, claro, tranquilo.
Sustantivos: Abuelo, árbol, justicia, envidia, caminante.

Aquello fue muy sonado y salió en todos los periódicos. Lo que apenas nadie sabe es que quien lo descubrió fue el abuelo un día que salió a caminar. Al volver nos contó que había visto al vecino corriendo escaleras abajo con unas maletas, y tan rápido que parecía perseguido por los demonios.

Al principio no le dimos importancia. El abuelo chochea un poco y le cuesta comunicarse. Así que asentimos y después cada cual siguió a lo suyo y nos olvidamos. Yo seguí estudiando, mi madre tan tranquila con sus cosas, mi padre cuidando de sus limoneros, unos árboles que eran la envidia de medio barrio ya que los había hecho crecer en el balcón de casa…

Solo el abuelo seguía en sus trece y nos decía que aquello no estaba claro, que si no nos habíamos dado cuenta del tiempo que hacía que nadie veía a Maite, la pareja del vecino. Estoy seguro de que ellos no se amaban, nos decía. Porque cómo se explica que no tuvieran hijos, sentenciaba, con lo bonito que es tener familia. Pues será porque no pueden tenerlos, papá, le respondía mi madre. Pero él, erre que erre, de forma lenta e inexorable nos iba metiendo dentro el gusanillo de la duda; como el caminante que te cuenta su viaje hasta que tienes la necesidad de repetirlo.

Y así fue, al final lo consiguió. Terminamos todos observando, indagando curioseando y, literalmente, presionándole para saber. Si mi madre coincidía en las escaleras les soltaba: “¿Dónde está su esposa?” o “Hace días que no veo a Maite”. Si era mi padre, le comentaba cosas del estilo: “Siempre le vemos solo, vecino…” y él, impertérrito, respondía con evasivas.

No me extenderé en cómo conseguimos suficientes pruebas. Baste decir que no actuamos con toda la legalidad necesaria. Pero qué queréis, la curiosidad llevó a mi hermana a colarse en su piso y a mí a meterme en su trastero y abrir un arcón frigorífico que allí había.

Ahora ya apenas es noticia. Ya casi nadie recuerda  a Alberto «el caníbal» ni las fotografías del congelador lleno de miembros ni las de las maletas ensangrentadas. La justicia hizo su trabajo y nosotros, ahora que tenemos tiempo, andamos indagando en Manuela, la vecina del ático. Hace meses que nadie ve a su hermana.

***

(1) Para un taller que voy a hacer en la escuela de adultos de mi ciudad propuse que los alumnos plantearan una serie de palabras. Con ellas construiría una breve historia.
Este es el resultado con las palabras del segundo grupo.

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