Cuento a partir de unas palabras (1)

 

 Palabras obligadas Verbos: Dormir, hacer, correr, nadar, beber.
Adjetivos: guapo, malo, azul, fiel, alto.
Sustantivos: árbol, casa, lujuria, envidia, amabilidad.

Cerca de la casa, en el jardín trasero, tenemos un gran árbol. Allí es donde nos hemos columpiado de pequeños y bajo su sombra hizo papá las barbacoas más aclamadas de la urbanización.

Me consta, ahora me doy cuenta, de cuánta amabilidad regaló a todos y cada uno de nuestros vecinos, la mayoría de los cuales estaban corroídos por la envidia. Y es que para las malas personas no hay nada más envidiable que la felicidad ajena. Por eso los imagino, a ellos mirando a mamá, lo guapa que era; y a ellas mirando a papá, alto y delgado. Y todos ellos preguntándose cómo después de tantos años eran capaces de echarse aquellas miradas pícaras y cómplices.

Yo entonces no me daba cuenta de estas cosas, claro. Un joven tiene el centro del mundo en otros lugares y el mío era Maite, la vecina, la hija de los García. Ella era la que elevaba mis niveles de lujuria hasta límites insoportables. Ella era la que iba a la piscina a nadar vistiendo un bikini azul que apenas le cubría poco más que el pubis. Ella era la que, si salíamos a correr, se ponía un top que ofrecía toda la insolencia de sus pechos. Ella era la que después, cuando mi deseo conseguía apartar a mi timidez y me acercaba a tocarla, se hacía la esquiva argumentando que le era fiel a Ramón, su novio de la ciudad y el que sería su futuro esposo.

Han pasado los años y la vida me va sobre ruedas. Algo tan fantástico como llegar a casa y mientras me bebo una cerveza bien fría, mirar al jardín por la ventana de atrás y ver a Maite como columpia a nuestra hija.

Pero no todo es tan perfecto, porque a pesar de toda esa felicidad a mí me cuesta mucho dormir. Y ¿por qué?, os preguntaréis, pues porque noche tras noche se me aparece el fantasma de Ramón y me señala hacia el jardín trasero y el gran árbol para recordarme que en su base descansa su cadáver.

 

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