Músicas en el “Ladrón de rostros”: The Power to believe

Lugar en la novela:

De nada sirve desesperarse cuando solo se tienen conjeturas. Solo al llegar a Oviedo estaría en disposición de actuar. Buscó entre la música enlatada que llevaba y encontró The Power to belive de King Crimson. Puso el CD en el reproductor y consiguió reducir el mundo al ancho de la carretera en la que se encontraba y a la voz sintetizada de Adrian Belew:

She carries me
through days of apathy.
She washes over me.
She saved my life,
in a manner of speaking.
When she gave me back
the power to believe.

Aquella obra cobraba ahora un significado distinto: «Ella me consuela en los días de apatía, me refresca. Ella salvó mi vida de alguna manera cuando me hizo recuperar el poder de la fe». No era literal, pero debía reconocer que había recuperado algo de sí mismo que pensaba perdido: la fe en que su trabajo tenía algún sentido más elevado del que había imaginado. Este caso le había vinculado con gente que daba otra dimensión a su profesión, y por encima de todo estaba el reencuentro con Alba.
El CD llegaba al momento en el que la batería sintetizada de Pat Mastelotto y la stick guitar de Trey Gunn acompañaban de manera perfecta la cadencia que Fripp desglosaba con su guitarra. Un par de lágrimas asomaron a sus ojos. No era la primera vez que le sucedía al enfrentarse a la belleza de aquellas notas. Hoy con más razón.

La obra:

Las cuatro piezas de Power To Believe representan el aspecto ambient del disco. La primera parte, A Cappella abre el álbum con una pequeña canción de amor cantada sin instrumentos, aunque para ser una canción de amor suena positivamente TENEBROSA… gracias a esa distorsión en la voz de Adrian que lo hace sonar como un ser alienígena cantando desde el más allá y diciendo las palabras más reveladoras y angustiosas que podamos escuchar. Escalofriante. La segunda parte es un highlight del álbum. Es un número muy ambiental que remite bastante a The Sheltering Sky con sus melodías caóticas pero tranquilas, y a Nuages con su percusión “acuosa”. La cosa se pone mucho mejor en la última parte (tras un breve intermezzo con marimbas y xilofones) donde entra una batería sorprendentemente potente y una masa de cuerdas completamente aterradora surge de la nada. Es un paraíso para los fanáticos del ambient. La tercera parte es más o menos parecida y la Coda es eso, la coda, nada especial para agregar.

Fuente: King Crimson

El autor:

King Crimson no es exactamente una banda de rock. Es una institución. Diríase también una escuela de pensamiento musical. A lo largo de sus treinta años de existencia, el Rey Carmesí no ha sido tan solo una banda más del rock progresivo, sino que ha logrado crear y sostener un paradigma musical extraordinario y único, una filosofía íntegra y distintiva en el modo de utilizar los instrumentos y componer piezas que ningún otro grupo soñaría jamás con imitar. Podría decirse que King Crimson ha inventado un género propio, que si bien ha servido de influencia para incontables bandas modernas, jamás ha trascendido las fronteras de la banda, perdón, de la institución.
El ideólogo principal de esta institución se llama Robert Fripp, sin lugar a dudas uno de los guitarristas más virtuosos y orginales que me ha tocado escuchar. Olviden los devaneos pseudofilosóficos que hay que tragarse cuando da entrevistas (quizá no sean devaneos pseudofilosóficos, pero hasta ahora no entendí ni jota de lo que trata de explicar); cuando este tipo tiene una guitarra en la mano sí que puede ser un verdadero filósofo. Un filósofo de la música, capaz de alcanzar con sus exploraciones aquellas regiones oscuras, aquellas zonas extremas, y hasta peligrosas, que el rock revela solo a ciertos iluminados. La música de King Crimson nunca fue particularmente “emocionante” (aunque escuchar Walking On Air o Fallen Angel de alguna manera me hacen dudar); es más bien una música científica y cesuda, con la ambición de explorar los vericuetos musicales más intrincados hasta las últimas consecuencias. El oyente se sentirá excitado cerebralmente, anonadado frente a la desafiante música del Rey.

Fuente: King Crimson

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