Cartas desde Barbastro – Lazo negro última

 

Carta a los lectores

 

Apreciado lector,

Esta idea comenzó en el ya lejano 2014 y nació a partir de otra que se produjo en el todavía más lejano 2009. La primera fue el intento de escribir un relato erótico a cuatro manos con una compañera (amiga) de trabajo. Sin desmerecer el esfuerzo, debo reconocer que le faltaba calidad literaria. Entonces ninguno de los dos teníamos suficientes tablas como para producir algo reseñable.

Años después, dándole vueltas a una idea parecida, se me ocurrió. Una falsa realidad en la que yo mismo me encontraba unas cartas escondidas en un viejo escritorio que andaba restaurando.

La idea epistolar era muy atractiva. Si a esa idea le añadía dos personajes potentes: un sacerdote y una feligresa; tenía en mis manos algo con una elevada energía potencial. Y si lo llevaba todo más lejos, usando la misma estratagema que la vez anterior, el resultado podía ser de lo más apetecible.

Estaba claro, buscaría una escritora para repetir el relato a cuatro manos. Fue fácil. Conocía Nieves, una poetisa asturiana que también había escrito relatos eróticos y con la que me unía un vínculo literario muy potente.

Sin pensarlo más le planteé la idea: yo escribiría las cartas del personaje masculino: un sacerdote llamado Ángel de unos cuarenta años de edad y ella los de la feligresa: una joven de apenas veinte años. La otra gracia del juego consistiría en que ninguno de los dos sabríamos, a priori, lo que había escrito el otro. Le ilusionó la idea y nos lanzamos a ello.

A medida que nacían las epístolas me di cuenta de que el padre Ángel crecía ante mí como personaje y con él crecía la historia de los amantes. Lo que debía ser un relato de simple “folleteo pecaminoso” se me convertía en una crisis de fe y en el descubrimiento del amor por parte de quien no lo ha conocido. Y todo ello me llevaba a construir un envoltorio que vestía más y más al personaje…

La historia ha avanzado hasta las trece cartas y sus correspondientes respuestas. Pero ya no da más de sí como tal. Me está exigiendo un paso más como historia y esa es la razón de que el padre Ángel publique la última carta de la serie. Una carta que no es más que el desencadenante de la historia que intentaré llevar a término.

Por esa razón, y por otros problemas que no vienen al caso, doy por cerrada la cooperación que ha habido hasta ahora con la compañera asturiana y retomo el control personal de las “Cartas de Barbastro” Ella podrá usar sus cartas como mejor le convenga y yo las mías. A partir de este momento todo lo relacionado con las “cartas desde Barbastro” pasa a depender de mí como padre de la idea.

EL AUTOR: Manel Artero 

 

Hola Ama, mi estrella,

(Media página de Borrones)

Ésta es la última carta que te escribo. He de decírtelo así, sin pensarlo, de otro modo no podría. No he podido hasta ahora.

Las razones que me llevan a ello son complejas y no puedo contártelas. Solo debes saber que si lo hiciera te comprometería y pondría en riesgo tu seguridad. Así es el giro que han dado nuestras vidas, por las que ahora temo.

 Adjunto con esta carta te llegará un paquete. En él está la mitad de lo que nos contamos en papel. Son todas tus cartas. Si me decido a devolvértelas es porque no quiero que nadie pueda vejarte, conocerte íntimamente y saber de ti a través de ellas. Son tu corazón extendido hacia mí, lo mismo que lo fueron las mías. Son tu desnudez más absoluta. Y esa, solo nos perteneció al Cielo y a mí.

No me escribas, no me preguntes qué pasa ni intentes buscarme porque me van a trasladar no sé a donde. Solo atiende y haz lo que te digo. Esta vez sí.

 En mi empecinamiento por encontrar algo que pudiera permitir que nos amáramos sin renuncias, encontré cosas que mejor hubieran estado escondidas, pues las amenazas que he recibido llegan hasta ti y tu familia. De ahí que tal y como leas estas palabras te marches de donde estés y te escondas hasta que todo haya cambiado.

 No sé si habrá un mañana nuestro. Tampoco puedo garantizar que hay una mañana para mí. Pero esta decisión que tomo es la única que nos garantiza un mañana para ti y los tuyos.

Te ruego que me olvides, que borres todo recuerdo o ilusión que hubieras construido para los dos y que inicies una nueva vida en la que yo no esté.

Te quiere,

Ángel sin futuro.

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