Así es el miedo cuando te han hecho daño suficientes veces

Hace unos cinco años tuve una visión: Coger las hermosas fotografías que alguien hacía de los canales de Amsterdam, agregarles la hermosa música —así la sentía entonces— de luís paniagua y en esa comunión incluir frases relativas a la buena administración del Agua, a entender el Agua como un bien escaso y un tesoro que no debíamos dilapidar. La idea estaba hecha y me lancé a construir esa especie de película.
Mientras lo organizaba todo, contacté con el Ayuntamiento para hablar del proyecto y pedir las paredes donde sería reproducido todo ello y que mis conciudadanos pudieran tomar conciencia.
Claro que para poder hacerlo público debía pedir permiso a aquellos de los que tomaba prestados el sonido y la imagen. Por parte de quien tomaba las fotografías no hubo problema, le ilusionaba la idea, entendía el proyecto como un Nosotros. Cuando se lo enseñé a mi admirado luís paniagua sucedió lo mismo. Ilusión, un trabajo común en el que participamos todos, otro Nosotros lleno de buenas intenciones…
Poco tiempo después ese luís paniagua me hacía llegar un proyecto en el que había desaparecido el Nosotros para aparecer solo el Ellos. Proyecto que era identico a mi trabajo (quizás mejor porque él disponía de medios que no estaban a mi alcance): las fotografías del mismo alguien de Amsterdam, su maravillosa música… estaba todo excepto mi nombre, aunque fuera para recordar que fui yo quien tuvo la idea y quien unió a dos criaturas que no se conocían.
Lo que habían sido fotografías maravillosas hechas por alguien respetable pasaron a ser fotos hechas por alguien que me había girado la cara. Quien había sido un músico admirable y persona de gran bondad se convirtió en una criatura egoísta y artera. Lo que había sido una música maravillosa pasó a ser un ruído que era incapaz de escuchar. Ya no hubo proyecto, me sentí incapaz de tener en mis manos cualquier cosa que pudiera relacionarme con esos dos. Me vi obligado a destruir todos los CD’s, a borrar todas las fotografías, chats, correos… mi ciudad tampoco pudo disfrutar de lo hecho. También borré mi creación robada.
Qué queréis que os diga, siempre fui un tipo confiado. Las muchas hostias apenas habían hecho mella hasta llegar a esta que he contado. Esta me dejó con las uñas afiladas y las fauces a punto. Porque no quiero que nadie me robe de nuevo ninguna idea. Sobre todo cuando esa idea tenga un alcance tal que pueda convertirse en algo que compartir. Así es el miedo cuando te han hecho daño suficientes veces.

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