impromptu desde el reflejo del espejo

El sonido

La palabra

Hay momentos que son para la paz. Huir de este futuro incierto y distópico que se nos viene encima y entregarse al presente de cada nota regalada por Arvo Pärt. Es inevitable entonces rememorarte en aquel pasado que compartimos a manos llenas y sin ninguna mesura, ¿recuerdas? Sí, a mi también se me escapa una sonrisa. Y veo de nuevo tu cara mirándome y siento aquel aire cálido de verano que nos envolvía hasta hacernos invisibles a los demás. Así de extraña es la memoria.
Lo que me parece extraño es que te me presentes solo a través de unas pocas obras que, para colmo, no elijo yo, pues son ellas las que te traen a mi lado cuando suenan.
Ésta es una de ellas, aunque tú no la escucharás nunca.
Imagino que tendrá que ver su paz, pues fue paz lo que nos aportamos entonces. Imagino que tendrá que ver el timbre del chelo, que me recuerda a las palabras que nos decíamos iluminados por las velas. O esos arpegios del piano cuyas notas parecen las patitas de mi mano insecto cuando te acariciaban la piel. O esas notas largas que son tu lengua deslizándose como un caracol por mi cuerpo.
Fíjate, cariño, todo podría ser tristeza y sin embargo es luz gracias a la bendita música. La muerte te arrebató de mi lado demasiado pronto, pero tú me regalase la capacidad de sentir eso que llamamos música. Y gracias a ella nunca te irás mi lado.

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