Dolor por dolor

Todavía llovía cuando salimos del bar. Ha sido el primer encuentro en diez años. Un tiempo tan largo que nos ha convertido en extraños. Ya en la calle nos hemos mirado por última vez, nos hemos dado la mano con un hasta mañana y cada cual ha marchado por su lado.
Hace tres días que recibí su llamada. Hola Juan, tenemos que vernos, fueron sus nerviosas palabras nada más descolgar. Tras oírlas me quedé unos instantes en shock. Qué hacía Bea llamándome después de tanto tiempo, cuando ya la memoria la había archivado en un rincón del olvido. Respondí titubeante, Hola Bea, por qué. Necesito hablarte de lo que nos sucedió, de la puta desgracia que arruinó mi vida, o quizá las nuestras. Porque no sé si tú habrás podido rehacer la tuya. Lo soltó todo sin darme tiempo a razonar sus palabras. Ella, ajena a mi silencio, continuó desgranando la última época de nuestra relación. De cómo huía de mi contacto, de cómo yo hacía lo posible por que aceptara mis caricias…repasamos de nuevo las causas que nos llevaron a aquella situación. Nos remitimos a dos años antes de la ruptura, a la brutal agresión que sufrió por parte de un violador sádico que la mantuvo encerrada durante dos días hasta casi matarla. Lloramos. Después de tanto tiempo volvimos a llorar.
Hoy llovía cuando hemos salido del bar. Han pasado doce años desde los sucesos, diez desde que mi falta de paciencia destruyó la relación más hermosa de toda mi vida y tres días desde que he vuelto a escuchar su voz. Mañana a las doce iremos a buscar a un violador salvaje que vive tranquilamente en la zona alta de la ciudad gracias a unas leyes injustas, a un padre con buenos contactos políticos y a unos jueces que se corrompen con algo de dinero. El plan es simple y diáfano: lo raptaremos, lo llevaremos a la cámara del almacén que todavía mantiene el padre de Bea y repetiremos en él lo que él hizo a otras hasta que todo termine. ¿Servirá de algo? Si he de ser sincero, no me importa en absoluto. Ella lo desea así, lo necesita para continuar en la vida y yo deseo pensar que se lo debo. Sea como fuere, quiero imaginar que nada puede ser peor que el daño que le hizo a mi amada Bea.

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