Ética para un asesinato

Iba a presentar este relato a un concurso que exigía ese comienzo que podéis leer subrayado, pero me ha gustado mucho el estilo conseguido y prefiero publicarlo en el blog y someterlo a la crítica de los lectores. Gracias.

Por segunda vez en lo que va de noche, llora, pero ya no es extraño, lleva así desde la mañana. Desde el instante mismo en el que se ha dado cuenta de lo que iba a sucederle. Antes, solo un par de horas antes y con la altivez típica del que mira desde su atalaya de poder, ha preguntado un simple Qué piensas hacerme. Onofre, así se llama el guardián, le ha respondido con la frialdad de un sintetizador de voz otro escueto Vas a morir. Primero se ha sonreído, vociferando un Quién va a tener el valor de matarme, a mí, siendo quien soy yo. Después ha gritado frases sueltas: ¡Estáis locos! No tenéis idea de lo que os espera, ¿Qué queréis, dinero?, No tenéis cojones o Solo servís para vivir como la mierda que sois. Por toda respuesta un silencio de mármol. Algo más tarde, cuando podía sentir ese silencio en forma de pulsión en las sienes,  ha comenzado a suplicar; pero solo le hablaba su propia sangre fluyendo por las arterias de su cabeza, antes de perderse en el viaje de vuelta de lo que en él solo es un músculo llamado corazón. Sus primeras lágrimas han sido de rabia, las siguientes de incredulidad, las penúltimas de lástima y ahora, cuando es consciente de que su vida es papel de arroz, son de puro pánico; lágrimas gruesas que se llora encima mezcladas con mocos y babas y una orina pestilente que ha echado a perder un traje tan caro como alguna de las vidas que arruinó con una simple firma. Onofre piensa que es un cómico contraste ver a una criatura tan cara por fuera y tan paupérrima por dentro; y lo imagina como un huevo de Fabergé o una Matrioska solitaria; y por un breve instante siente algo parecido a la piedad, pero se la cura recordado ese dolor de huesos que sus ochenta años y la calle amplifican cada día más. Aún y así desearía que el otro fuera consciente de las causas, que hiciera hueco en su maldad interior para entender lo necesario y útil de su muerte. Te regalaré una casa, le interrumpe la voz tras los barrotes, No tienes derecho a hacerme esto, Tengo derecho a ser juzgado, Nunca he hecho nada ilegal…¡Nada ilegal dices!, le grita Onofre a la jaula, A quién le importa la Ley si no la acompaña la Justicia, continua gritando, Una Ley que compra jueces, políticos, policías; una ley que se hace a medida para amparar a seres como tú, para destrozar a la pobre gente que solo deseamos unas migajas de felicidad bajo un techo digno en el que no falte un plato de comida. El otro lo mira implorante mientras Onofre le sigue escupiendo preguntas a la cara: Cómo te sientes ahora…Dónde está esa grandeza que tenías…¿Te sirve ahora ese dinero con el que compras la dignidad de los que piensan, como tú, que todo tiene un precio?; no eres nada, solo papel moneda con la Ética de un psicópata, una torre moral construida sobre pilas y pilas de dinero robado a cientos de miles de personas; Ya ni siquiera te queda la Palabra, Y me das pena, a pesar de que pensé que solo sentiría odio por ti. Tristeza de carne. El otro todavía implora, aún intenta hablarle de raptos, del miedo a la cárcel. Onofre lo mira por última vez y le dice Tú pudiste tener un futuro basado en la honradez pero preferiste tomar otro camino; Yo, y el grupo de ancianos que secunda esta tarea que empieza contigo, vamos a hacer limpieza y a devolver la Dignidad a la buena gente; Queremos que sepas que a nosotros apenas nos queda vida, y que tú no te mereces la tuya. Adiós. Un doble cañón de escopeta mira a la cara del banquero, el sonido de los dos disparos apenas llega a ser percibido por los oídos de una cabeza destrozada, un olor a pólvora caliente va cayendo al suelo acompañado de un humo denso. Onofre se sienta y piensa, ahora a por el siguiente.

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4 respuestas a Ética para un asesinato

  1. Me ha gustado, no comulgo con el talionismo pero has puesto el acento en la justicia de los desposeídos…

    Un saludo para ti desde Argentina.

    • Manel Artero dijo:

      Gracias por comentar, bellaespíritu.
      No me gusta entenderlo como una ley del talión. Prefiero leerlo como que en un país de leyes, hechas a la medida de los que destruyen la Justicia Social (y la otra), el único reducto que queda es el de eliminarlos “manualmente”.
      Si nadie te hace el trabajo, ni te lo hará jamás, ponte el traje de faena y hazlo tú.

      Un abrazo desde Catalunya

  2. rosasaro dijo:

    Cuando no tienes ya nada que perder… hay que defender lo único que relmente vale la pena y no te pueden quitar…pero valdria la pena buscar otos caminos antes de llegar a este, no?? De todas formas si hay que ser eficaz y expeditivo… y vigilar que no crezcan más buitres

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