Por el mar corren las liebres y el ébola por españa. Talará…

Me están contando un cuento que dice así (1):

Había un país lejano y triste llamado aspaña en el que vivía una auxiliar de enfermería que era muy mala, muy mala. Tanto, que a su lado la madrastra de Blancanieves parecía prima segunda de Teresa de Calcuta.

Pues debéis saber que esa mujer, que tenía malísimas intenciones, pidió cuidar a un señor que habían traído al país lejano y triste para que muriera. Pero no vayáis a pensar que ella lo hizo por bondad o por pena o por caridad católica; que va, lo hizo porque quería ponerse enferma. Deseaba hacerle mucho daño a una señora muy importante y muy lista llamada Ano Meto y a un grupo de señores con corbata que mandaban como dioses en ese país.

¿Qué pensáis que hizo? Os lo cuento.

Ella estaba obligada a llevar un traje muy especial que protege mucho a las personas de esas enfermedades que sirven para traer a la gente a morirse. Un traje tan especial que no puede sacárselo uno estando solo. Pues bien, en un momento que no miraba nadie, ella se sacó parte del traje a escondidas y empezó a tocarse por todos lados con los guantes llenos de virus. Tal era la maldad que anidaba en ella.

Cuando se hubo rascado lo suficiente, ¿pensáis que se quedó allí a cumplimentar la cuarentena (cualquier protocolo gestado con el cerebro lo haría)? Habéis acertado, no se quedó allí, se fue para su casa con la firme intención de no curarse sino de infectarse bien.

Al cabo de unos días comenzó a encontrarse mal y se fue al doctor a que la visitara. Pero como deseaba hacer tanto y tanto daño a Ano Meto y al grupo de mandamases no dijo la verdad, ella deseaba morirse para que el daño fuera lo más grande posible. Así que fue y le dijo al doctor que tenía menos fiebre de la que tenía en realidad, no le contó que había estado con el señor que habían traído a morirse ni le dijo que se había estado rascando. Ya veis cuanta maldad cabe en el alma de los pobres y miserables.

La cuestión es que al final paso lo que tenía que suceder, que se puso muy, muy enferma. Pero por suerte unos señores muy buenos y muy listos descubrieron todas sus mentiras y se dedicaron a curarla para que fuera una culpable bien sana a la que señalar con todos los dedos de la Ley. De ese modo ninguno de los señores de corbata sería culpable, ni la señora Ano Meto, que se pudo marchar a la playa a bañarse con sus manguitos. Y el país lejano y triste llamado aspaña pudo seguir su viaje a ninguna parte pero con la gente muy contenta por haber podido descubrir que la maldad de una auxiliar de clínica puede hacer tanto daño como una legión de ogros con sinusitis.

Y colorín colorado, con este cuento ya os he engañado.

(1) Todos los personajes son casi ficticios, el país del que se habla apenas existe y la única verdad es la que cada cual cree.

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