Vals para el aniversario del asesinato de Federico García Lorca

Tal día como hoy, un 18 de agosto de 1936, fue asesinado el poeta Federico García Lorca. Lo mataron los traidores insurgentes que después instaurarían la tercera dictadura más criminal de la Historia moderna (en número de asesinatos, depuraciones y desapariciones).

Uno de los ministros de aquella dictadura criminal fue el fundador del partido político que hoy gobierna (entiéndase como eufemismo) España. No lo olvidemos jamás pues ellos no olvidan sus orígenes. Aquellos, al igual que estos, son ferreos defensores de la tiranía, las desigualdades sociales y la mala sangre que obliga a la comunión diaria para intentar limpiar sus pútridos corazones. Unos y otros están contra la Justicia, la Cultura y la Libertad. Y al Partido Popular, lo demuestran día a día, lo mismo que a Franco, su antecesor ideológico, le gustan los poetas asesinados en las cunetas. Dando así fe de cual es la base de su ideología.

Pero más allá de gobiernos corruptos, indignos e ilegítimos, vaya desde aquí mi humilde homenaje a uno de los hombres de verdad parido en este triste páramo. Descansa en paz Federico.


PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

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