Los espejos

El espejo, esa monstruosidad que te devuelve una realidad deformada. Una verdad nueva pero invertida, falsa… incluso hermosa si el otro lado se la regala. Pero nunca cierta. Si le levantas una mano él te levanta la otra. Si intentas escapar a un lado, él huye por el otro. Enemigo terrible.
El espejo, ese demonio que juega con las palabras, a pesar de ser jugado a su vez por la simetría de algunas de ellas: la “A”, la “M”… equilibrio de formas que no gusta al espejo aunque le es obligado aceptar. Del mismo modo que le sucede con el cero, dios matemático y con el ocho, infinito apuntando al cielo.
Cuánto más podría contarnos la niña Alicia por la pluma de Charles Dodgson (Lewis Carrol). Qué cosas podríamos saber desde sus magias: espejito, espejito, Quién es la más hermosa? La reina, la madrastra, Blancanieves… cualquiera de ellas pero al revés, el otro lado, la parte del No, la otra.
Y por fin están los espejos blandos, líquidos; espejos como los de las fotografías de Marcello Scotti y Núria, amada amiga. Aquellos que nos definiera de manera magistral Julio Cortázar desde su Rayuela y cuando termina su famosísimo capítulo 7: “… y yo te siento temblar junto a mí, como una luna en el agua”.

Lago de Cristal
Fotografía de Núria Mayor Valverde

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