Los hilos de la vida

Recibí lo que mandaste sobre las escaleras. Que la vida era una larga escalera por la que íbamos subiendo todos. Hablaba de andar a distintos ritmos y el problema que ello acarrea cuando hay más escalones de separación que la longitud de dos brazos enlazados por las manos de dos amigos, amantes, quienes sean. Contaba cómo a veces andamos más deprisa que el otro dejándole atrás y estableciendo nuevas relaciones: amigos, amores, compañías. Ciertamente me gustó la metáfora, era linda y creo que así son tal vez la mayoría de las cosas y de las veces. Se anda a distinto ritmo y eso hace que uno olvide a quien dejó atrás o incluso el rezagado acabe olvidando al que se lanzó hacia la cumbre. Lo mismo que es una evidencia que no podemos quedarnos en un lugar esperando a que el que se detuvo retome la marcha.
De todos modos ambos sabemos que todo es más complejo de lo que pueda parecer a simple vista. En el caso de lo que me mandas hay una única escalera por la que todos suben y en la que algunos se detienen o aminoran su marcha mientras otros la aceleran. Pienso que esa metáfora es una reducción a la simplicidad de muchas otras cosas. ¿No puedes suceder, y sucede, que en vez de una sola escalera ancha lo que se encuentre uno en la vida sean escaleras individuales?
Imagínate el mismo caso pero con la metáfora escaleril que planteo yo y que llamaré hilo. Puede darse el caso de que algunos anden por cada uno de sus hilos individuales. Así  mismo puede suceder que esos hilos se prolonguen paralelos el uno al otro de manera tal que en algún incierto momento de la subida dos individuos puedan marchar de la mano porque la vida ha entrelazado ambos hilos. La pena es que hay momentos en los que aunque ambos sigan adelante los hilos se separan, incluso a veces no demasiado pero lo suficiente como para que aquel trenzado común que tejieron se rompa de algún modo. Creo firmemente que en realidad no es que los hilos se rompan, es más bien que cuando de desenlazan continúan nuevos hilos diferentes a los que ya existían. Hay ciertos casos, no muchos es verdad, en los que el contacto con alguien importante nos modifica la vida y el modo de afrontarla. Eso sucede pocas veces, es verdad, pero yo conozco la historia de dos personas que vivieron ese andar entrelazado. Imagino que no es necesario que haga referencia a ellos dado que creo que ambos los conocemos.
La experiencia que vivieron fue terriblemente hermosa, al menos vista desde el lado del que más conozco de los dos. El hecho de que fuera hermosa no pienso que haga falta desmenuzarlo. Baste decir que a él le cambió totalmente porque desde la madurez y el desencanto de tantas cosas descubrió cuanto de hermoso puede esconder aquella otra que brotó ante él por casualidad. El hecho de que fuera terrible es, por supuesto, su cúmulo de estupidez por pretender que lo imposible perdurara. Pero al margen de ello, de que se desenlazaran los hilos que tejieron, parece ser que ambos siguen hilos paralelos, imagino que ya no son los mismos pues tengo la certeza de que el uno y la otra cambiaron y persiguen otra estrella, pero lo importante es que siguen paralelos ya que se esfuerzan por no perder lo más bello que aquel entrelazado les dejó: la amistad, la complicidad y el cariño.
Al final de todo, en el hilo de realidad que le lleva a él, ha aprendido la diferencia entre deseo y posibilidad, entre tener algo y no tener nada, entre mantener y olvidar. Ahora es sabedor de que si no somos egoístas nunca andamos solos, porque en algunos casos no es que se marche más de prisa o más lentamente, es que se desee mantener los hilos lo más cerca posible para compartir aquello de bueno que nos quede dentro.
Así piensa Lucas. Sabe ciertamente que jamás estará en posesión de ninguna verdad, pero aún y así piensa en ser coherente consigo mismo y perseguir aquello que le mantiene vivo, la búsqueda en las cosas y las personas que le ofrecen “sus” certezas.
A ratos, solo a ratos, Lucas desearía ser otro.



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