Imposibilidad de explicarte lo que ocurre

Imposible explicarte lo que ocurre. Por más que intente contarte sobre el papel, la información allí escrita siempre te llegará tarde al ser leída y esa tardanza romperá, de manera irremediable, la realidad que pudiera estar plasmada en la hoja blanca (Din A4 de 80 gr).

Es por eso que no puedo escribir cosas del estilo de: por aquí estamos todos bien o tía Lola marcha ahora para lo de Juana. No las escribo porque sé que cuando te lleguen, esa realidad puede haberse despedazado y tía Lola esté de fornique con Leandro el de la droguería, y los que estábamos bien andemos luchando con una gastroenteritis de colapsar inodoros.

Entonces claro, ¿cómo te cuento? Si deseo ser fiel a la realidad debo planificar muchísimo cada acción en cada tiempo presente o de futuro inmediato. Para que triunfe la veracidad de lo escrito he de comprometerme en cosas realizables en el momento de tu lectura. Ya te dije, es casi imposible.

A mí, ahora, me encantaría poder decirte que cuando termine de escribir me sentaré en la mesa con Jacobo y Luciano –los hijos de tío Ezequiel y tía Magdalena– y contarte que nos comeremos la paella que están terminando de preparar y que huele como las que hacía papá; pero no te lo puedo contar porque faltaría a la verdad. Mi único compromiso sería llevarlo todo a pretérito perfecto o imperfecto o a formas compuestas del pasado y decir las cosas más o menos así:

Mientras lees estas líneas hace un tiempo indeterminado que me comí una paella con Jacobo y Luciano, recién había terminado de escribirte la carta que tienes entre manos.

En ese momento estábamos todos bien, pero eso no es    indicativo de que ahora lo estemos, aunque tampoco significa que andemos mal, no te vayas a pensar.

Tía Lola se fue a lo de Juana pero después volvió. Desde entonces ha hecho muchas cosas pero no puedo detallártelas porque no sé cuál pueda sea la última que corresponda a tu tiempo de lectura…

Ya ves que complejidad.

Para no haber de escribir párrafos de una indeterminación tan grande debería calcular que tú recibirás la carta en tres días, por poner un intervalo.  Prever que si sales de trabajar a las seis, llegarás a casa sobre las siete y recogerás el correo. Calcular que te llevará unos siete minutos subir en ascensor, abrir la puerta, dejar tu abrigo, el bolso y las llaves y proceder a la apertura del sobre que contenga lo escrito.

Eso significaría que para no llevar a nadie a engaño, debería quedar con los primos dentro de tres días, preparar una  paella para las siete de la tarde y esperar unos dos o tres minutos, al momento en el que tú empezarías a leer que “he terminado de escribir y me siento con los primos a comernos una paella que huele como las que hacía papá…”

Y eso sin contar con que a ti se te averíe el ascensor o necesites pasar primero por el escusado antes de abrir el sobre. O que se pare alguno de los relojes o que el agua tarde más en ser absorbida por el arroz o que cualquiera de todos nosotros tenga alguna cosa diferente que hacer en tres días y las horas que faltan para las siete y siete minutos.

Lo mejor será que a partir de ahora, cuando te escriba, no comprometa el presente de nadie, y con ello la palabra, mi palabra. Será mejor que desde este mismo momento te relate solamente acciones, situaciones y sentimientos ya terminados; la cual cosa limitará y bastante  el abanico de posibilidades a contarte, pero nadie podrá llevarse a engaño.

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