Navidades luminosas

No sé cómo será por su barrio. En el mío, a medida que se acerca la Navidad,  empiezan a proliferar lo que yo creía Clubs clandestinos (el frío instiga  los instintos primarios en la búsqueda de calor, ya se sabe). Pero igual que al Quijote, vi clubs de carretera donde había Expresiones Externas de Felicidad Familiar. Por suerte y al no ser putañero, jamás me dio por llamar a las puertas a pedir precios ¿Se imaginan el plan con los vecinos? El honor de sus santas mancillado por un pervertido cincuentón buscando sexo mercenario. A buen seguro me hubieran corrido a vergazos, esos caballeros de religiosidad contrastada que de tarde en tarde dejan ir unos inocuos buenos días al “diferente”.

Sí, al igual que en tantas otras cosas, también en esta andaba errado. Desventajas de ser tonto. Por lo que me han contado, hay familias que no solo son felices en la intimidad del hogar, donde yo entendía que debían acaecer estas cosas. Sucede que también gustan de compartirla con la Humanidad entera, exportándola allende sus anodinas vidas, como si el resto anduviera necesitado de catalizador desencadenante para la suya propia. Pero a fe que debe ser así, pues ocurre que a medida que se acerca el dia “N” florecen más y más casas con alta contaminación lumínico-nocturna, serpenteante, multicolor e intermitente. Es lo más, millones de vatios de felicidad adquiridos en el chino de la esquina.

Para colmo y sin saber por qué ley matemática, si un vecino llena su balcón de retorcida felicidad de intensidad determinada, el de al lado habrá de incrementarla. De no hacerlo, la suya, tristemente, se diluirá entre el maremágnum restante, evidenciando el triste hecho de: “tenerla menos luminosa”, exhibiendo una felicidad pequeña y deslucida que nadie admirará jamás. Cosa inaceptable para la hombría del macho alfa.

¿A dónde llevará esto en el futuro?

A mi modo de ver y dada nuestra poca personalidad y excesivo provincianismo, nos encaminaremos hacia un sustancial incremento luminiscente-parpadeante-colorista. Por suerte, la energía eléctrica siempre ha sido y será barata, eterna y sencilla de conseguir. El átomo se encarga de ello y Chernóbil queda lejos, en un país alejado de Dios.

Ello no obstante, yo seguiré a lo mío. Acepto resignado que esa moda continuará extendiéndose hasta  que todas las casas de mi entorno estén iluminadas salvo la mía. Será maravilloso entonces ser el único al que el resto señalará con el dedo, riéndose de lo pequeñita que la tengo, la felicidad. Esa Noche Buena saldré a dar un paseo con las gafas de sol puestas, pensando en mi familia y en la suerte que tengo de no necesitar dilapidar recursos que necesitarán nuestros niños, quienes habitarán en la casa del Futuro que a mí y a otros ilusos nos vedará la misma Muerte.

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