Tonto el último

A quién no le ha pasado alguna vez, estando en la cola del supermercado, escuchar esa terrible frase de “Pasen por esta caja en orden de cola, por favor…” y producirse, de repente y a velocidad de vértigo, una migración humana hacia esa nueva frontera abierta a la libertad. Aunque de orden nada, sépanlo. Eso queda para los simples de espíritu, los llamados tontos. Para el resto, los que se tienen por espabilados y listos, esa frase solo es una llamada a la supervivencia de la especie.

Y es así que en el lapso de tiempo que media entre la frase y la construcción de la nueva fila se produce una batalla campal en la que uno puede jugarse el físico en un encontronazo con un carro, con una anciana, con una madre necesitada de abrazar a su retoño o con una maruja a quien la llamada de las lentejas le han modificado las funciones cerebrales. Son instantes de gruñidos y de miradas amenazantes. De incrustar, literalmente, cualquier cosa que adelante una posición en ese nuevo letargo en forma de hilera. Ese lapso, de apenas unos segundos, es una metáfora brutal del Touchdown ganador de la Súper Bowl, del lanzamiento del último corner de la prórroga de la final de la copa inglesa de futbol o de la salida de una carrera de formula I. La debacle, en suma. Solo superada en el caso teórico de que la llamada al nuevo orden se encuentre entre dos filas. Eso ya sería el infierno y rueguen a Dios porque no les toque vivirlo.

Es bueno saber que si esa llamada le pilla a uno en medio de la hilera original, en ese lugar de la fila que es terreno de nadie, debe claudicar y pensar que una vez más el destino le jugó una mala pasada. Aunque la intuición debe marcarle entonces que la inacción, a veces, es más positiva que el enfrentamiento, y que su inmovilidad puede acarrear que criaturas, situadas en posiciones más favorables que la suya, decidan jugársela y partan hacia la otra guerra, cosa la cual favorecerá, sin haber mediado esfuerzo alguno, en una mejora de posiciones por su parte.

Cuando todo ha vuelto a su cauce y los desplazamientos humanos han llegado a su fin es cuando comienza la guerra interior de todos los participantes. Es así que puede verse al listo (a la lista las más de las veces) que consiguió adelantar un número importante de posiciones; mirarla y ver como mira al resto, a los desheredados de la fila de al lado y a los de atrás, con ojos vencedores y cuerpo altivo. Para él, o ella, debería sonar en ese momento el aria “nessum dorma”. Se ve también a aquellos que perdieron, los que la indecisión, falta de ánimo o de afán guerrero hizo perder posiciones en relación a su situación anterior. Esos miran tristemente lo que tuvieron y han perdido y con odio a cualquiera situado por delante suyo. Para ellos debería sonar el “va pensiero” de Nabucco.

Al final, para qué tanta lucha denodada de todos contra todos. Para ganar unos minutos de una nada que después se consumirán en otras nadas. Pero no. No es cierto. Para el ego de los vencedores será un pequeño momento de éxito en sus lamentables vidas. Eso, ciertamente, ni el cielo podrá arrebatárselo jamás.

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